25 Feb 2020

Perdonar más allá de la justicia (Mateo 18,21-35)

[Evangelio del domingo, 24.º del Tiempo Ordinario – Ciclo A]

Mateo 18,21-35:

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
—Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?
Jesús le dijo:
—No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y les propuso esta parábola:
—El Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase.
»Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: “Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.” Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: “Paga lo que debes.” Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: “Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré.” Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía.
»Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: “Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?” Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía.
»Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.

No es casualidad que Mateo termine su capítulo 18, dedicado a la vida de la comunidad cristiana, con las palabras ‘perdonar de corazón al hermano’. En el perdón nos jugamos mucho… nos lo jugamos todo.
Pedro, creyendo ser generoso, ofrece un perdón abundante, ‘hasta siete veces’. Jesús le responde con un perdón sobreabundante, con un perdón infinito, como solo Dios puede perdonar. Y propone una parábola con un final sorprendente y trágico.
El rey de la parábola, de alguna forma, representa a Dios, y comienza a ajustar las cuentas siguiendo la imagen de ‘justicia’ que más nos gusta a los seres humanos: ‘el que la hace la paga’. Así, el primer siervo, que le debe una cantidad imposible (nadie podía deber tantísimo dinero) debe pagar con su propia vida y la de su familia. Por ello pide paciencia al rey y obtiene un perdón por encima de todo lo imaginable. Él había prometido ‘pagarlo todo’, aunque nunca hubiese podido cumplir su promesa; el rey, en cambio, le da lo que él no había pedido y le perdona toda la deuda. Este rey tendría muy poco futuro en los reinos humanos.
La historia da un giro cuando el siervo encuentra a un compañero que le debía una suma importante, pero no exagerada, de dinero. Es muy gráfico que lo coja y ‘lo ahogue’, que no escuche sus súplicas y que lo meta en la cárcel. Pero, bien pensado, el siervo no ha hecho nada incorrecto; solo exige que se le pague su deuda.
Todo está preparado para el giro dramático final. El rey se entera y le dice al siervo que ‘debía perdonar a su compañero’. Aquí es donde está el punto clave: El rey se equivoca; no hay ninguna ley que diga que una deuda perdonada implique que se tenga la obligación de perdonar a otros. El rey está exigiendo algo injusto, o mejor dicho, está exigiendo un perdón que supera a la justicia.
Y esta es la enseñanza de una parábola trágica (¿os habéis fijado que al final acaban los dos en la cárcel?). Para Mateo no hay duda; si no hay perdón, no hay comunidad. Sin medias tintas, sin matices retorcidos. Cada vez que nos negamos a perdonar estamos asesinando la comunidad. Así de claro.

(Domingo 24.º del Tiempo Ordinario – Ciclo A)

8 comentario en “Perdonar más allá de la justicia (Mateo 18,21-35)

  1. Me ha gustado mucho esta homilía «perdonar más allá de la justicia». La justicia del mundo no es como la de Dios. Porque Dios nos ha dado su amor y también deberíamos corresponder con el amor, y el perdón es una prática del mismo amor.

  2. Muy buen artículo, aunque la interpretación final me parece algo rebuscada. Lo cierto es que la moraleja de esta parábola es tan importante que aparece hasta en el Padrenuestro («perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden») así como en otras frases bastante «míticas», por lo populares, de jesús («no juzguéis si no queréis ser juzgados») e incluso en el sermón de la montaña («bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia»).
    Realmente, tienes razón; ninguna ley humana establece que aquel a quien perdonan las deudas deba perdonar las suyas. Pero, en fin, si algo sabemos de Jesús a poco que leamos los evangelios, es que él le da mucho más importancia a la ética y la moral (lo que los juristas aún llamamos ley natural o «ius naturalis») que a las leyes hechas por los hombres. Hay una distinción muy clara entre lo que es «legal» y lo que es «justo», como sigue pasando en nuestros días. Y, teniendo en cuenta que en aquellos tiempos a los judíos y a casi todo el mundo les importaba más cumplir con la letra de la ley que ser justos, no es de extrañar que Jesús insistiera tanto en ese concepto.
    Y es que encima, como de costumbre, no sólo es justo sino lo mejor para nosotros; no hay nada que te haga sentir más ligero y aliviado que otorgar un perdón sincero tras una disculpa igual de sincera. El rencor hace mucho daño cuando te lo quedas dentro…

    PD: Por cierto, ¿son imaginaciones mías, o últimamente estás escribiendo las entradas en un tono un poco menos progresista y más convencional? Lo digo porque las últimas que he visto hacen más hincapié en el asunto de la comunidad y todo eso, y menos en la visión nueva y refrescante del evangelio que siempre me ha atraído de esta página.
    No te lo tomes como crítica, plis, que sólo es curiosidad. ¡A mí me encanta leerte de todas formas! 😉

  3. Bon dia, Javi. Com estàs? Bueno, ací t’envie unes paraules. En primer lloc felicitar-te per les teues reflexions semanals. A mi m’ajuden molt i també les gaste per a predicar… A vegades trac molt de profit d’elles, i altres vegades menys. Però sempre està bé tenir ahí una reflexió d’una persona en la que confie. Bueno, Javi, cuida’t. Units en la oració davant del Bon Pastor…

  4. javi eso de nada malo…. no me parece muy correcto tratar de ahogar a alguien … lo que si me parece que Jesús quiere darnos el mensaje con esta parabola de primero va la misericordia y despues va la justicia.

  5. Hola, qué tal Javi, después de leer tu comentario quería decirte que me ha gustado eso de la comunidad creándose y descreándose por el perdón o el no perdón. Yo lo veo mucho en las relaciones de familia. Cómo cuesta convencer a alguien que perdone a otro alguien y cómo, aunque parece una simple «separación» la familia comienza a dejar de sentirse miembros de lo mismo. Todos tratándose correctamente pero cada uno en sus cosas que son las que les interesan, demostrando que ya no hay común unión. A veces es tan grave que duele mucho y a veces lo fuerte es que «nos dé igual». ¡Y esto en cosas «pequeñitas»…!
    Por otra parte anteayer escuché en el Quinario al Cristo a un predicador decir que «retirar la palabra a alguien es matarle». Y en cierto sentido si el otro para ti no existe, es así.
    Gracias por tu esfuerzo y por compartirlo. Saludos, Inma.

    1. Me parece interesantísima tu observación, Inma, creo que tienes toda la razón. Cuántas veces, tras acabar mal con alguien, decimos: «No quiero volver a ver a esta persona en mi vida, para mí es como si se hubiera muerto». La verdad es que yo misma lo he hecho en algunas ocasiones. No me parece algo tan grave como desearle el mal a esa persona o buscar venganza, pero, aún así, reconozco que tampoco es la situación ideal desde el punto de vista cristiano…

  6. @cris Gracias, cris. Ahí está el punto central del cristianismo, que se nos invita a responder con amor al amor de Dios. Él siempre tiene la iniciativa. No podemos responder porque ‘sea obligatorio’, sino solo con amor sincero, que es lo más difícil.

    @Estelwen Es interesante lo que añades, sobre los efectos transformadores del perdón y del ser perdonados, que es otro tema fundamental. Sobre lo que comentas del ‘tono menos progresista y más convencional’, es posible que al hacer entradas más breves queden muchas cosas en el tintero. Sobre la comunidad trata todo el capítulo 18 de Mateo, de donde salen los evangelios de los últimos domingos (y es también un evangelista muy preocupado por ese tema). En mi opinión, la comunidad tal como Jesús la entiende es un reto de futuro que estamos muy lejos de alcanzar; creo que forma parte del corazón del evangelio. (Y agradezco como siempre tus comentarios, son muy bienvenidos 🙂 )

    @Paco Gràcies Paco. (Si et pareix, podries posar els comentaris en valencià en la secció en valencià de la pàgina).

    @andromeda Jajajajaja. Estaba esperando este comentario. Tienes razón; el siervo muestra una crueldad excesiva.

    @Inma Gracias por tu aportación. El perdón es una de las capacidades más poderosas del ser humano, lástima que sea una de las más despreciadas (¡por culturas enteras!). Como dices, retirar la palabra a alguien es considerar como si hubiese muerto, es reconocer que la vida o la muerte del otro te dan lo mismo, es un asesinato espiritual.

    1. javi: ya cai en «la trampa» me parece… :-p si es que si me pican… me encuentran jajajaj como se dice por aqui, o lo comentaba o reventaba. Ya decia yo que como era que ponias que el sirvo no hacia nada malo…
      Muy bueno javi. Gracias por hacernos pensar, que viene muy bien.

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