12 Jun 2021

El corazón y las riquezas (Lucas 12,13-21)

[Evangelio del domingo, 18º del Tiempo Ordinario – Ciclo C]

tesoro

Lucas 12,13-21:

En aquel tiempo uno de la gente le dijo:
—Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.
Él le respondió:
—Hombre, ¿quién me ha hecho juez y repartidor entre vosotros?
Y prosiguió:
—Guardaos bien de toda avaricia; que, aunque uno esté en la abundancia, no tiene asegurada la vida con sus riquezas.
Y les dijo una parábola:
—Las fincas de un hombre rico dieron una gran cosecha. Y él pensó: “¿Qué haré, pues no tengo donde almacenar mis cosechas?” Y se dijo: “Destruiré mis graneros, los ampliaré y meteré en ellos todas mis cosechas y mis bienes. Luego me diré: ‘Tienes muchos bienes almacenados para largos años; descansa, come, bebe y pásalo bien.’”
»Pero Dios le dijo: “¡Insensato, esta misma noche morirás!; ¿para quién será lo que has acaparado?”
»Así sucederá al que amontona riquezas para sí y no es rico a los ojos de Dios.

El evangelista Lucas es el más preocupado por las dificultades que plantean las riquezas. Posiblemente, su comunidad no era tan pobre como la de Mateo, Marcos o Juan, y él se da cuenta de la tentación constante que supone tener bienes suficientes para vivir cómodamente. El dinero ofrece siempre una seguridad; no solo a aquellos que son ricos, también a los que disponen de una vida sin graves necesidades; incluso muchos pobres ven en el dinero la solución auténtica a sus problemas. En todos estos casos, el problema está en el corazón humano, en lo que desea por encima de todo y en sus prioridades, que se convierten en opciones de vida.

Lucas no está diciendo que la situación ideal es la miseria, el hambre, la desnudez, la falta de techo donde vivir. Ciertamente, el dinero y los bienes materiales son necesarios para vivir con dignidad. Pero los bienes provocan, siempre, la tentación de la falsa seguridad la de no necesitar nada más, la de poner todo el corazón en la búsqueda de dinero.

El protagonista de la parábola es un rico; a muchos les puede resultar un modelo distante y poco realista. Todos los que no somos ricos observamos esta parábola como espectadores, y no nos implicamos en ella en primera persona, pero la frase final nos ha de tocar el corazón a todos: «Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

La pregunta a la que nos obliga la lectura de hoy és: ¿Cuáles son mis tesoros?, ¿dónde pongo yo la mirada, la confianza, el deseo, el trabajo?, ¿soy yo el que usa los bienes materiales, o bien son ellos los que me esclavizan?

Y después, podemos preguntarnos: ¿Qué significa para mí «ser rico ante Dios»? Es cierto que lo que importa son las actitudes de fondo, pero siempre es necesario preguntarnos por las concreciones; todas las opciones fundamentales se demuestran en acciones y vivencias, en formas de vivir muy concretas. De otro modo, se quedan en deseos teóricos, pero no son verdaderas opciones de fondo. Por eso, es necesario que nos preguntemos también: ¿En qué se nota en mi vida que busco las «riquezas ante Dios»? ¿Qué diferencia concreta hay con «atesorar para mí»?

(Domingo 18º del Tiempo Ordinario – Ciclo C)
(Dibujo: fano)

Un pensamiento en “El corazón y las riquezas (Lucas 12,13-21)

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