26 Sep 2020

Locos de amor (Jn 13,13,31-33a.34-35)

[Evangelio del Domingo, 5.º de Pascua – Ciclo C]

Jn 13,13,31-33a.34-35

Tan pronto como Judas salió del cenáculo, Jesús dijo:
—Ahora ha sido glorificado el hijo del hombre y Dios en él. Si Dios ha sido glorificado en él, Dios lo glorificará a él y lo glorificará en seguida.
»Hijos míos, voy a estar ya muy poco con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros. Que como yo os he amado, así también os améis unos a otros. En esto reconocerán todos que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros.

Jesús, en la última cena, dirige a sus discípulos varios discursos muy personales y profundos. Poco después tendrá lugar la pasión y la muerte; ésta es su última oportunidad de educar a sus seguidores, a aquellos que, a pesar de sus fallos y pecados, van a ser los principales anunciadores del evangelio.
Juan relata estos momentos en forma de discursos, y en ellos encontramos el pasaje hermoso que leemos hoy.

La primera frase, aunque lo parezca, no es un trabalenguas. Supone un descubrimiento radical (de raíz) ante la cruz. La realidad aparece absurda ante los ojos, Jesús fracasó totalmente, o al menos eso pensó todo el mundo cuando lo crucificaron. El evangelista escribe después de la resurrección, y sabe que la cruz no fue el fracaso, sino la victoria, que no fue una deshonra, sino la gloria, que no una muerte más de un inocente, sino la entrega voluntaria de un amor que todo lo puede, todo lo inunda y todo lo desborda.
Por eso habla de “glorificación”, porque está a punto de narrar la pasión, y hay que darle claves al lector para que entienda qué está sucediendo ahí: que Jesús se entrega, que Dios se regala, que el amor lo puede todo.

La segunda parte del mensaje de Jesús es más sencillo de entender: Amaos como yo os he amado. Ése debe ser el distintivo del cristiano, o mejor (porque lo dice en plural) de la comunidad cristiana.
Aunque hay un detalle que suele pasarnos desapercibido. Solemos recordar el “mandamiento del amor” de Jesús, y lo parafraseamos diciendo: “que os améis unos a otros”, pero se nos olvida el “como yo os he amado”. ¿Es un detalle sin importancia? Quizá no. En un mundo como el que vivimos, en el que la palabra “amor” puede servir para expresar tantas cosas y tantas ideas, incluso contrarias entre sí, los cristianos le damos un significado propio: amar es hacer lo que Jesús hizo, dar la vida totalmente por los demás, hasta por sus propios enemigos…
Me he encontrado a veces con personas que aseguraban que es imposible amar a los enemigos, que como mucho se les puede tolerar. Es una idea que nos debe hacer pensar. Jesús fue capaz hasta de perdonar a los que lo crucificaban; entregaba su vida por toda la humanidad, buenos y malos, sin pedir nada a cambio. San Pablo nos recuerda que la prueba de que Dios nos ama es la entrega de Jesús hasta la muerte siendo nosotros pecadores.
Visto desde ésta óptica, el mandamiento de Jesús es una exigencia utópica. Quizá estamos demasiado acostumbrados a entender los mandamientos como prohibiciones u obligaciones concretas: “no mates”, “no robes”, “ve a misa”. Quizá el mandamiento de Jesús sea un camino largo, un horizonte lejano; quizá exprese su visión de la Ley de Moisés, como explicaba en el Sermón de la Montaña; para Jesús los mandamientos no están para cumplirlas como si fuesen un libro de instrucciones, sino para vivir en profundidad las actitudes que indican en el fondo. No basta con no matar, es necesario amar con intensidad la vida, la propia y la de los demás; no basta con no robar, hay que evitar la envidia y alegrarse de corazón del bien que le sucede al otro, aunque no nos caiga bien; no basta con no ser adúltero, hay que hacer de la fidelidad nuestra una forma de vida.
Todo ello se resume en el mandamiento del amor, pero no de cualquier amor, sino del amor “como Jesús”, radical, intenso, apasionado, profundo. Un amor capaz de quemarse, de gastarse totalmente, de entregar todas las energías, tiempo y esfuerzos. Un amor que cualquier persona sensata calificaría de “imposible”, si no fuese porque Jesús mismo ya ha ido por delante para mostrarnos el camino. Quizá para seguir a Jesús no haya que ser tan “sensato”, quizá haya que estar un poco “loco”, loco de amor.

9 comentario en “Locos de amor (Jn 13,13,31-33a.34-35)

  1. Sinceramente, y a mi pesar… lo de amar a los enemigos me parece algo tan sobrehumano que sólo puede venir de Dios. Yo nunca he sido capaz de amar a un enemigo. He sido capaz, con mucho esfuerzo, de tolerarlo, intentar comprenderlo e incluso perdonarlo, pero, ¿amarlo? La verdad es que queda más allá de mis capacidades, y lo siento mucho. No soy capaz de amar a un enemigo. Mea culpa. No llego a santa (y dudo que muchos santos hayan sido capaces de ello).

    De hecho, este mensaje de los Evangelios me parece una de las muestras definitivas de que Jesús expande el verdadero mensaje de Dios. ¿A qué ser humano se le hubiese ocurrido semejante posibilidad?

  2. yo si creo que se puede amar a los enemigos,no guardarles rencor, y desearels lo mejor incluido el que vuelvan al buen camino.incluso se puede rezar por ellos, esas son las almas mas necesitadas de misericordia. Dios nos dio la capacidad de amar como el nos ama y por tanto somos capaces de amar a nuestros enemigos.
    Como cristo dice, hay que amar de verdad, al igual que dios nos ama,yamando de verdad,a dios y a la humanidad, no se hace ningun mal.

  3. Mujer, me figuro que poder se puede, y lo que dices queda muy bonito, pero, honestamente, ¿tú puedes?
    Yo puedo no guardarles rencor, puedo perdonarles, incluso puedo rezar por ellos, pero, ¿amarles? ¿Puede amarles como amas a tu familia, a tus más queridos amigos, a tu pareja, a Dios? No sé tú, pero yo, contestando con sinceridad, debo confesar que hoy por hoy no soy capaz.

  4. si se puede,piensa por ejempplo que tienes un hermano que va por el mal camino, a cuenta eso te hace daño, pero el sigue siendo tu hermano, aunque tengas que alejarte de él para evitar el daño… ¿dejarias de quererlo como hermana?, tambien podria ser un hijo…pues consiste en ver a tus enemigos como a un hermano o un hijo al que sigues queriendo pero que deseas que deje sus fechorias para volver al buen camino. No se si me explico. Como en la parabola del hijo prodigo. una vez vuelto al buen camino, sele acoje con los brazos abiertos olvidando todo lo anterior, como si acabara de nacer.
    no niego que es muy dificil, pero imposible no lo es, y menos teniendo a dios de nuestro lado, con el no hay nada imposible.
    y estelwen te entiendo muy bien.

  5. Hola, buenas, pues como se ha dicho Jesús hace todo nuevo y es nuevo eso de amar como él y también el que el camino sea en una cruz. En la peli de Mel Gibson no sé bien cómo pero muriendo en cruz se dice lo de "mira hago nuevo todo" o algo así. En ese momento. Y te entran ganas de decir:" pues vaya, qué guay,¿no?, si esto es la gran novedad, todos crucificaditos. Pero ahí está la fe, en que cerrando los ojos, dispuestos a cargar con lo que caiga al amar, pase lo que pase, obedeciendo y no haciendo lo que queremos sino lo que él quiere, triunfamos. Una maravilla demasiado nueva y divina. Saludos.

  6. Para Andrómeda: Bueno, en lo que dices de cuando la gente que amas se hace daño, sí se puede, pero porque ya los amabas antes. En ese sentido, es más fácil; yo a lo que me refería era a poder amar a alguien que no conoces de nada, con quien no tienes una relación previa, que te odia o que te hace daño y a quien tú nunca has amado y a lo mejor no le tienes ni simpatía. A eso me refería como imposible.
    Evidentemente, si una persona a la que yo quiero me hace una mala jugada o se porta mal conmigo, yo puedo seguir queriéndola aunque vea que se porta mal, y querer ayudarla para que se aleje del mal camino. Pero si se tratase de alguien que no es amigo ni familia, alguien a quien no me une nada salvo la enemistad… pues entonces sí que es algo difícil, ¿no? 😉

  7. no se estelwen no te quito la razon, pero del todo no estoy conforme contigo, los enemigos salen porque las circunstancias hacen que lo sean, una persona que se cruza por la calle y a la cual no conoces de nada te inspirara desconfianza, no te preocuparas por ella, pero enemiga… tanto como enemiga… no suele ser tu enemiga, aun asi hay que quererlos conocidos, desconocidos, te hayan echo daño o no lo hayan echo, se hayan portado bien o mal contigo. Creo que se puede amar perfectamente a la humanidad, a los buenos y a los malos, como si tubieras relacion con ellos, y preocuparte por ellos, creo que eso es tan humano y tan divino como querer a tu familia,algo al alcance de todos con un pequeño esfuerzo.lavida es hermosa, todos los seres humanos son importantes y si no nos dervituaramos, esto seria el paraiso y todo el cielo seria feliz.

    p.d.: inma, me guta lo que dices, yo tambien vi esa pelicula y me lei el librod e donde la sacaron, me impresionó y me encantó

  8. Gracias por vuestros comentarios.
    Éste tema está calentito, y se entiende, porque quizá es uno de los más difíciles que Jesús nos dejó. Como decís, ¿a qué simple hombre se le hubiese ocurrido esto?
    A mí el mandato del amor a los enemigos me hace pensar mucho. Resulta muy fácil hablar en general del amor a los enemigos, pero vivirlo en la vida real cuando encontramos personas que tienen algo en contra de nosotros es otra cosa.
    Comparto con Estelwen los matices que ella aporta: ¿cómo es posible amar a los enemigos como amas a tu familia, a tu pareja, a tus amigos? El amor no es sólo un sentimiento abstracto, el que ama desea estar siempre con la persona amada, piensa en ella, se preocupa de lo que el otro necesita, y es capaz de alcanzar un nivel de intimidad especial, que no se comparte con todo el mundo.
    Por eso me gusta mucho el ejemplo que andromeda ha puesto: imagina que tu enemigo es de tu propia familia.
    Me parece un ejemplo muy acertado, porque ése es el significado de la fraternidad cristiana: que todos somos hermanos porque tenemos a Dios como padre. De esta forma no hay nadie que quede fuera de nuestra familia, formamos parte de la gran familia humana.
    Pero aún así, creo que el amor del que Jesús habla puede tener muchos matices. Así como no es igual el amor que se siente por la pareja, por los hijos, por los padres o por los amigos, siendo todos ellos auténticos, y tampoco son iguales los niveles de intimidad a los que se llega con cada uno de ellos, también el amor a los enemigos tiene una especificidad, como ya habéis comentado: no sólo tolerarlos y respetarlos, sino tampoco desearles ningún mal, rezar por ellos, desear de corazón que cambien su actitud y estar dispuestos a acogerlos en cuanto ellos quieran.
    Ciertamente, aunque sea fácil escribirlo, vivirlo es muy distinto, para ello se necesita que venga Dios a visitarnos.
    Por eso lo hizo.

  9. javi gracias por tu comentario, te estaba echando de menos en especial en este tema, estoy de acuerdo contigo. Menos mal que has puesto orden. 😀
    y muy de acuerdo contigo con eso de que el amor aunque igual se siente de distintas formas.

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