10 Abr 2021

Orar con el Salmo 21 (3)

Sorprende el final del salmo 21. Después de la descripción angustiosa de la tragedia del justo perseguido, acaba con una explosión de alegría y esperanza.
El Señor es el único que no ha sentido desprecio ni repugnancia ante aquel que era un gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, ante quien se vuelve el rostro. El Señor ha escuchado, el Señor ha respondido.

Salmo 21 (III)

Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel.
Porque no ha sentido desprecio ni repugnancia
hacia el pobre desgraciado;
no le ha escondido su rostro:
cuando pidió auxilio, lo escuchó.

Él es mi alabanza en la gran asamblea,
cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre.

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Porque del Señor es el reino,
él gobierna a los pueblos.

Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo.

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer;
todo lo que hizo el Señor.

La alegría no se centra en el salmista, como había hecho el dolor. Antes el orante se fijaba en sí mismo y en su sufrimiento, ahora no le basta la intimidad con Dios en soledad, quiere hacer partícipes a todos de su canto de alabanza a Dios. Primero llama a los fieles del Señor, al linaje de Israel. Después proclama ante la gran asamblea que Dios le ha salvado.
No se queda contento y llama también a los confines del orbe, a las familias de los pueblos.
Aún le sabe a poco, e invoca hasta las cenizas de la tumba, para que se unan en su adoración.
¿Ya están todos convocados? No. Todavía falta llamar a las generaciones futuras. Los que aún no han nacido están ya adorando a Dios a través del salmista que Dios ha rescatado. El orante no se contenta con poco; no se detiene hasta que la última mota de polvo del universo haya oído el anuncio de salvación.
¿Nos conformaremos nosotros con menos?


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