9 Ago 2020

Pasajes: "Sí, sí, no, no" (Mateo 5,33-37)

Mateo 5,33-37:
En aquel tiempo, dijo Jesús:
-Habéis oído que se dijo a los antepasados: «No dejes de cumplir lo que hayas ofrecido como juramento al Señor» Pero yo os digo que no juréis por nada ni por nadie. No juréis por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni siquiera juréis por vuestra propia cabeza, porque no podéis hacer que os salga blanco o negro ni un solo cabello. Si decís «Sí» que sea sí; y si decís «No», que sea no. Lo que se aparta de esto, es malo.

Estamos ante un pasaje del sermón de la montaña, en el evangelio de Mateo. Jesús nos dice algo tan simple que apabulla… sé sincero, sé sincera.Vaya, para eso no hace falta tanta parafernalia… ¿o sí?

Los antiguos, en muchas culturas, tenía una forma de solemnizar lo que decían: el juramento por Dios o por los dioses. En tiempos en los que apenas casi nadie sabía leer ni escribir, y, por tanto, los documentos escritos eran escasos, la palabra dada debía funcionar como contrato, sentencia y escritura, como ahora los papeles compulsados y certificados o las modernas firmas digitales informáticas.

Pero, claro, como todo lo que toca el ser humano, puede usarse bien, o estropearse. Con la palabra humana había pasado (y pasa) lo mismo: alguien, un buen día, inventó una cosa horrible: la mentira.

De aquí surgen, como reacción, los juramentos, que son como decir: «Que sí, que lo que te digo es verdad, que te puedes fiar, que lo estoy jurando por el dios correspondiente…»
Jesús, gran observador de la vida y de las personas, se da cuenta de que jurar equivale a dedir todo esto… y aún más. Jurar en momentos importantes significa que, cuando no se está jurando, la palabra tiene menos valor, se deja un resquicio a la mentira… Es como aceptar que nuestras palabras tienen dos ritmos: el del juramento es serio; el de la «conversación cotidiana» es otra cosa, no es tan necesario ser sincero, comprometerse con las propias palabras, decir la verdad…

Para Jesús no hay término medio, el ser humano existe para vivir, para vivir del todo, para vivir al máximo, para hacer de todas sus capacidades el máximo uso y aprovechamiento: y la palabra humana, la verdad que expresa, es una de las capacidades más preciadas; no puede ni debe ser tergiversada de ninguna manera, bajo ningún concepto, con ninguna excusa: No valen entre vosotros juramentos, porque no os hace falta dividir vuestra palabra en dos niveles: el de verdad y el no-sé-si-sí-o-si-no.

Si decís «Sí», que sea sí; y si decís «No», que sea no.
Lo que pase de ahí, os vuelve malos.

(Domingo 6.º Tiempo Ordinario – Ciclo A)

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