21 Oct 2020

Dos mujeres se saludan: Dios transforma la Historia (Lucas 1,39-45)

[Evangelio del domingo, 4.º Adviento – Ciclo C]


Lucas 1,39-45:

María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
—¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

Lucas es un maestro de los contrastes; y lo es porque Dios nos sorprende constantemente quitando importancia a quien parece que la tiene y dándosela a quien se nos había pasado desapercibido. ¿Recordamos cómo comenzábamos el Adviento? El primer domingo oíamos a Jesús hablar del miedo de las naciones al ver que el cosmos entero quedaría transformado por Dios. El segundo domingo nos hablaba del Emperador y de los grandes gobernantes. Juan Bautista insistía en el tercer domingo, ante mucha gente, en las actitudes necesarias para evitar «el fuego que no se apaga», como la honradez y la justicia.

Y ahora, que acabamos el Adviento y estamos a punto de encontrarnos con el Rey de reyes, el evangelio nos muestra una escena costumbrista y hogareña: dos mujeres que se saludan en una aldea perdida de las montañas de Judá; dos mujeres sin ningún poder político, sin ninguna importancia geoestratégica, sin ninguna riqueza ni patrimonio. Dos mujeres embarazadas que bendicen a Dios.

Los estudiosos subrayan que el encuentro entre las dos mujeres es, sobre todo, el encuentro entre Juan Bautista y Jesús, que están formándose en su interior; y es verdad que, en aquella sociedad machista que excluía a las mujeres de la vida pública, ellas eran solo valoradas en referencia a un varón: «la hija de», «la esposa de», «la madre de». Pero Lucas pone especial atención en los personajes femeninos y nos pide que nos fijemos en ellas, porque tenemos mucho que aprender de ellas.

María queda retratada como una persona enérgica y dinámica. Después de que el ángel le anuncie que será la madre de Jesús, se pone en camino con prisa y decisión. Todo sucede muy deprisa, con mucha fuerza e intensidad. María entra y saluda; el niño salta en las entrañas de Isabel; la anciana se llena de Espíritu Santo y grita con todas sus fuerzas una bendición.

Dios está actuando desde dentro de las vidas, de las almas y de los cuerpos de estas mujeres, y todo nos invita a observar cómo la fuerza divina las transforma. Estamos acostumbrados a pensar en la religión como un conjunto de ideas que creemos y que nos pueden afectar intelectualmente. Eso es solo una parte de la verdad. Los evangelios nos muestran cómo Dios renueva de raíz toda la persona: espíritu, alma, cuerpo, mente, afectos, sentimientos… La «Buena Noticia», antes de ser «noticia» es «buena», es felicidad, alegría, conversión vital. Cuando viene Jesús, el Espíritu nos llena, nuestro interior se conmueve, nos alteramos por la emoción y nos lanzamos a gritar, y a cantar, y a bendecir, y a desear felicidad. ¡No puede ser de otra manera!

Isabel comprende que Dios está haciendo cosas grandes en María. La joven insignificante de Nazaret es, en realidad, la mujer más importante entre las mujeres de la Historia. Su presencia hace saltar de alegría y de entusiasmo. María es grande porque ha creído, porque se ha fiado, porque se ha entregado totalmente a Dios que la ha llamado. María ha sabido en quién confiar, y todo lo que Dios le ha prometido se cumplirá.

Después de dos mil años, tenemos todavía mucho que aprender de las mujeres de los evangelios, especialmente los hombres. Hemos hecho una religión demasiado centrada en el cerebro, y ellas nos enseñan a implicarnos totalmente, a poner toda nuestra persona ante Dios y dejar que él nos empape desde la punta de los cabellos hasta las profundidades de los sentimientos.

(Dibujo: fano)

(Esta entrada també en valencià en laparaula.com)

3 comentario en “Dos mujeres se saludan: Dios transforma la Historia (Lucas 1,39-45)

  1. Dejémonos empapar por el amor de Dios que se manifiesta en su Encarnación y que se actualiza para nosotros en cada Eucaristía y, así, poder vivir la Navidad con gozo desbordante. ¿Verdad que está bien redactado, Javi?

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