21 Oct 2020

Juan Bautista, predicador de la conversión (Lucas 3,1-6)

[Evangelio del domingo, 2.º Adviento – Ciclo C]


Lucas 3,1-6:

En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
«Voz que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
enderezad sus sendas;
todo barranco será rellenado,
todo monte y colina será rebajado,
lo tortuoso se hará recto
y las asperezas serán caminos llanos.
Y todos verán la salvación de Dios.»

Después de los relatos de la infancia, Lucas inaugura la vida pública de Jesús con un solemne encabezamiento histórico: emperador, gobernador, tetrarcas y sumos sacerdotes desfilan ante el lector bien ordenaditos, tal como Dios lo ha dispuesto, aunque ellos no lo sepan. Los poderosos de la tierra creen que tienen el control, pero la transformación del mundo comenzará muy lejos de ellos, en el desierto, cuando un loco llamado Juan Bautista comience a gritar en nombre de Dios.

La fuerza de este profeta impresionó tanto el judaísmo de su tiempo que años después todavía había discípulos suyos lejos de Palestina. Su mensaje estaba centrado en la conversión y en el perdón de los pecados que Dios iba a conceder. «Conversión» significa «cambio de mentalidad» y de planteamiento de vida, significa hacer una reflexión muy honda sobre los cimientos de nuestra existencia: ¿por qué vivimos?, ¿por qué nos levantamos cada mañana?, ¿por qué amamos?, ¿cuál es la motivación real de nuestras acciones?, ¿qué cosas nos alegran?, ¿cuáles nos angustian y por qué?, ¿vivimos felices?, ¿dónde deseamos encontrar la felicidad?, ¿hacia dónde queremos caminar?, ¿queremos crecer o nos conformamos como somos?, ¿a quién le pedimos ayuda? Estas y muchas otras preguntas nos puede ayudar a sacar a la luz dimensiones importantes de nuestra persona. Todo se resume en la llamada que Dios nos hace a la vida plena y nuestra respuesta, confiada o no, a su amor. El Adviento en el que estamos es un buen momento para hacer este replanteamiento al que Juan Bautista nos invita. Así es como «preparamos el camino del Señor», y, cuando llegue la Navidad, podremos «ver la salvación de Dios».

(Dibujo: fano)

(Esta entrada també en valencià en laparaula.com)

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