10 Abr 2021

El Dios manirroto (Mt 20,1-16)

[Evangelio del domingo, 25.º del Tiempo Ordinario – Ciclo A]

Mateo 20,1-16:

Con el reino de los cielos sucede lo que con el dueño de una finca que salió a contratar obreros para su viña. Después de contratar a los obreros por un denario al día, los envió a su viña.
Salió a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: «Id también vosotros a la viña, y os daré lo que sea justo». Ellos fueron.
Salió de nuevo a mediodía y a primera hora de la tarde e hizo lo mismo.
Salió por fin a media tarde, encontró a otros que estaban sin trabajo y les dijo: «¿Por qué estáis aquí todo el día sin hacer nada?»
Le contestaron: «Porque nadie nos ha contratado». Él les dijo: «Id también vosotros a la viña».
Al atardecer, el dueño de la viña dijo a su administrador: «Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros».
Vinieron los de media tarde y cobraron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que cobrarían más, pero también ellos cobraron un denario cada uno. Al recibirlo, se quejaban del dueño, diciendo: «Estos últimos han trabajdo sólo un rato y les has pagado igual que a nosotros, que hemos soportado el peso del día y del calor».
Pero él respondió a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No quedamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Si yo quiero dar a este último lo mismo que a ti, ¿no puedo hacder lo que quiera con lo mío? ¿O es que tienes envidia porque yo soy bueno».
Así los últimos serán primeros, y los primeros, últimos.
(Texto tomado de la Biblia didáctica de SM)

Se trata de romper todas las normas sociales sobre las que se asienta nuestra civilización (la justicia «distributiva», tanto te mereces, tanto recibes), a través del absurdo de la generosidad. Nada de tomar las armas para derrocar el poder establecido y establecer otro (¿peor?), algo bastante más inesperado, absurdo y mágico: te regalo todo, te regalo lo que tengo, me regalo a mí mismo y así el mundo entero volverá a girar con el ritmo que Dios le quiso marcar desde el principio. ¡Qué maravillosa intuición!

(Domingo 25.º del tiempo ordinario – Ciclo A)


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