21 Oct 2020

Tanto amó Dios al mundo… (Juan 3,16-18)

[Evangelio del domingo después de Pentecostés – Ciclo A – Santísima Trinidad]

Juan 3,16-18:

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo:
—Tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único, para que quien crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
»Pues Dios no envió a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
»El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el hijo único de Dios.

En el capítulo 3 del evangelio de Juan encontramos el encuentro de Jesús con Nicodemo, un maestro de la ley. Más tarde, lo volveremos a ver defendiendo a Jesús frente a las acusaciones sin fundamento de los fariseos, aunque con poco éxito (7,50), y después de la muerte de Jesús, ayudará a José de Arimatea a bajar el cuerpo de la cruz y sepultarlo (19,38-39).
El diálogo con Nicodemo es complejo, porque a Juan le gusta contar las cosas con juegos de palabras e insinuaciones; así deja entrever que el mensaje de Jesús y su persona son más grandes de lo que podría explicarse en una frase. En dos ocasiones Nicodemo pregunta «¿cómo puede ser eso?» porque Jesús le está hablando en símbolos y él no le entiende. «Nacer de nuevo» significa «nacer del agua y del Espíritu», es decir, del bautismo, que renueva de raíz la vida de la persona bautizada. El maestro de la ley se extraña porque está pensando en un nuevo nacimiento físico. Por eso Jesús tiene que explicarle despacio su mensaje.
Juan utiliza muchas veces esta técnica en su evangelio: Jesús menciona algo como símbolo (el nacimiento, el agua, el pan del cielo…) y los que le oyen creen que está hablando de elementos físicos y cotidianos. Así Jesús tiene que hacer de educador, acompañando a la persona que no entiende hacia una sabiduría muy profunda.
El evangelista no solo pensaba en su comunidad, sino también en nosotros, que siglos después todavía leemos su relato y nos maravillamos ante el misterio de Jesús. Nos pide la actitud del discípulo, del alumno, del que está dispuesto a aprender de su maestro. No nos sirve cualquier maestro, porque solo Jesús tiene palabras de vida; y tampoco a Jesús le sirve cualquier discípulo, porque solo se dedica con paciencia a los que están dispuestos a escucharle.

El breve texto de este domingo toca el núcleo de la fe cristiana: ¿Por qué ha venido Jesús al mundo? Cada palabra de la respuesta de Juan tiene un sentido muy hondo.

Tanto amó Dios al mundo.
Todo empieza por el amor de Dios. Este es el origen de cualquier movimiento de Dios hacia las personas, y también la convicción por la que debería empezar nuestra evangelización. Sin la conciencia profunda de que todo proviene del amor de Dios, nuestro mensaje se queda fofo, vacío. Mucha gente que desconoce el cristianismo cree que lo más importante de nuestra religión es una serie de prohibiciones que llamamos pecados. Otros, que conocen un poco más, admiran el mandamiento del amor: «amaos los unos a los otros». Pero nada tiene sentido si nos olvidamos de dónde ha comenzado todo: en el amor inmenso de Dios. Solo cuando ha quedado claro este punto, vale la pena seguir adelante y conocer más a Jesús.

Dio a su hijo único.
¿Qué ha hecho Dios por amor?, el regalo más grande que puede hacer nadie, darse a sí mismo, regalarse a la humanidad en la persona de Jesucristo. La entrega de Jesús incluye también el extremo al que llegó: dar la vida por amor en la cruz. Es un regalo gratuito de verdad, que no espera nada a cambio.

Para que quien crea en él no perezca.
¿Qué hubiese pasado si Dios no hubiese dado a su Hijo? ¿Cuál es la esperanza de la humanidad sin Dios? Juan responde con el verbo «perecer». Sin Jesús —dice—, todo lo demás pierde el sentido; la vida misma no es más que el sucederse de hechos sin destino, sin objetivo. Para el evangelista todo el sentido del mundo está en Jesús, incluso las vidas de aquellos que desconocen al propio Jesús. Dios nos ha querido hablar de muchas maneras para expresarnos su amor, pero lo ha hecho de forma definitiva en Jesús; por eso conocerlo y seguirlo es lo más grande a que un ser humano puede aspirar.

Sino que tenga vida eterna.
La vida es el gran don de Dios. Ya las religiones antiguas intuyeron que «los dioses» daban vida, y por eso hacían sus ritos en manantiales de agua, en bosques…, en lugares donde bulle la vida. Para Juan la vida no es solo la biológica, sino también la plenitud del ser humano que ha encontrado a Jesús y se decide a seguirle.

Dios no envió a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
Muchos grupos judíos del siglo I esperaban un Mesías enviado por Dios. Algunos lo veían como el juez del final de los tiempos, que dará a cada uno su merecido; el pueblo de Israel iba a ser rescatado de la opresión, y los pueblos extranjeros serían castigados.
Frente a esta idea que subrayaba la condena, el evangelio de Juan quiere resaltar la libertad. Dios no envía a su Hijo para condenar; Jesús no viene para fastidiar. Lo que Jesús nos trae no es un listado de normas que nos hace infelices, que limita nuestras posibilidades, que nos hace ser menos humanos. Todo lo contrario, su mensaje nos permite entender de forma auténtica qué significa ser humano: dar la vida por los amigos. Solo el amor puede ser la respuesta a las aspiraciones del alma. Cualquier sucedáneo, cualquier respuesta parcial, acabará volviéndose en contra de la propia persona.

El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el hijo único de Dios.
Termina el fragmento insistiendo en la libertad. Dios no condena, Dios no castiga; él deja que el ser humano decida. Junto a la libertad está la responsabilidad, que tantas veces nosotros olvidamos. Las decisiones humanas tienen sus consecuencias, pero no porque Dios se enfade, sino porque cada decisión implica siempre emprender un camino, y todo camino lleva a alguna parte.
Juan le pone un nombre a la decisión fundamental: la fe, el creer. Para él, la vida se juega entre creer o no creer que Jesús es el Hijo de Dios. Quizá dicho así suene demasiado simple; hay que tener en cuenta que para Juan «creer» no es asentir a una idea, un concepto, sino aceptar con toda la vida que Jesús, como enviado de Dios, nos hace personas nuevas. Es un asunto que implica la vida entera.

Como siempre, el evangelio es una invitación. Nos llama a considerar sus palabras despacio, a pensarlas en profundidad. ¿Y si fuese cierto? ¿Y si Jesús fuese el camino para encontrar a Dios y para encontrar al ser humano? ¿Y si creer en él fuese el primer paso de una vida plena y auténtica? ¿Podemos quedarnos de brazos cruzados mientras millones de personas todavía no lo conocen? ¿Podríamos hacer algo para aceptarlo de forma más convencida y anunciarlo con más transparencia?

(Domingo después de Pentecostés – Ciclo A – Santísima Trinidad)

15 comentario en “Tanto amó Dios al mundo… (Juan 3,16-18)

  1. A mí este texto me da un poco de miedo. ¿Significa entonces que todos los que no son creyentes o cristianos, por buenas personas que sean, están condenados? Me niego a creer algo así.

    1. NO! si no pecas por supuesto que puedes ir al cielo. Pero lo que pide Dios es conocerlo y aceptarlo porque si no pecas entonces no te dañas a ti mismo y mas que seguro que conoces a DIos. Por que Dios enseña como amar al projimo y a nosotros mismos. Y al pecar nosotros hacemos daños a otros y a nosotros mismos.
      Tambien Dios es muyyyyyy misericordioso!!!! No te preocupes tan solo conocelo y sin que te des cuenta ya lo vas a quere porque el te amara como que si tu fueras su mejor ovejita 🙂

  2. Dios mando a Jesus, para darnos vida, no para juzgarnos, Jesus nos vino a mostrar el camino seguro por el cual llegaremos a ser felicez en plenitud… siendo coherentes con lo que decimos, si actuas por el bine de los demas y no solo el tuyo estas haciendo vida… toda desicion tiene sus consecuenias y creo que el evangelio muestra esto al decir que seran co ndenados aquellos que sabiendo y creyendo en Cristo hacen todo lo contrario a sus enseñanzas… Dios es un Dios de amor, el nos perdona todo… pero la condena no es el «juicio final» sino no tener ese encuentro con Dios. =)

  3. javi a ver si consigo leer todo el texto que esta semana me quedo a la mitad.Comentarte solo hasta que te lea, que la foto me recuerda a la jmj de madrid y me esta dando un miedo…

  4. No et canses, Javi, de fer tan bons comentaris a l’evangeli: crec que estàs ajudant-nos a tots. Moltes gràcies, amic.

  5. Hola Javi, este texto es muy conocido en mi pueblo porque se lee el día del Cristo, bueno, con lo que dice antes de que tiene que ser elevado en la cruz para salvarnos.
    Así es como en mi pueblo es fácil identificar cruz con amor pues como dices el origen de todo es el amor de Dios. Él nos da al Hijo, no quiere que muera pero quiere dárnoslo y al hacerlo asume que podemos hacerlo pedacitos, y así ocurre. El amor necesita, como dices, de la libertad, para ser acogido, no se puede imponer.
    Me gusta eso que dices de perecer. Creo que ahí está la clave. Quien no vive en el amor pierde la vida, perece, porque su vida no se sostiene. Perece ya aquí. Por eso no hace falta esperar a morir. Y del mismo modo quien encuentra el amor se siente salvado, ya está salvado. Y cuando el Amor que se acepta es el de Dios nos salva y sostiene definitivamente.
    Un abrazo, Inma.

  6. Gracias a todos por vuestros comentarios. Siento no poder responderos como os merecéis.
    Estelwen planteaba al principio una pregunta importante. Claro que Juan no dice que estén condenados los que desconocen a Jesús (millones de personas a lo largo de la historia, y todavía hoy), solo habla de los que han tomado una decisión en contra de él. Juan no se plantea todas nuestras cuestiones; su comunidad había aceptado a Jesús (la mayoría eran judíos), y estaban en diálogo y discusión con el resto del judaísmo. En este contexto tienen sentido las palabras de Juan, no está pensando en el resto del mundo que todavía no había recibido el anuncio del evangelio.

  7. yo amo a cristo creo en el y confio en el el es mi salvador mi señor y lo unico que espero es que me llegue el momento de que a mi me traiga la buena suerte de mejorarme mejor y mucho mas señor tengo fe en usted pido confianza y apoyo en todo corazon y mi razon es pidirle su tremendo fe y amor para toda mi familis xauuuu

  8. DIOS ES TAN GRANDE Y PODEROSO QUE ENVIO A SU UNICO HIJO A MORIR POR TI Y POR MI , POR TAL MOTIVO COMO HIJA
    DEL ALTISIMO, TENEMOS QUE PERMANECER EN EL CADA DIA Y PREDICARLE AQUELLOS AUN QUE NO LE CONOCEN, DEJAME DECIRTE QUE EL NO COLOCO EN LUGARES CELESTIALES JUNTO CON EL Y SI EL TE LLAMO DE LAS TINIEBLAS A SUS LUZ ADMIRABLE ES PARA QUITARLE LAS ALMAS AL ENEMIGO,Y NOSOTROS TENEMOS QUE PARARNO EN LA BRECHA EN PERMANECER EN SU PALABRA, PRA PODER RECISTIR EL DIA MALO PORQUE DICE SU PALABRA VENDRAN MUCHOS EN MI NOMBRE DICIENDO YO SOY EL CRISTO Y NO LO SON POR ESA RAZON TENEMOS QUE TENER NUESTRAS LAMPARAS ENCENDIDAS CADA DIA TENEMOS QUE SER, COMO AQUELLAS VIRGENES VELANDO Y ORANDO, PARA CUANDO LLEGUE EL ESPOSO NOS ENCUENTRE PREPARADOS. ALEIDA DIAZ 02617624386 VENEZUELA CONGREGACION NUEVO AMANECER EL MANZANILLO PASTOR JORGE GOMEZ

  9. solo Dios pudo hacerlo por su gran misericordia en esto consiste el amor: no en que notros hayamos amado a Dios,sino en que Él nos amo a nosotros y envió a su a su hijo en propiciación por nuestros pecas

  10. es creer en el hijo de Dios , ahí esta la salvación de nuestras almas, y para creer en El, hay que conocerle , amarle, ser fiel a su Palabra. Por eso es una RELACION PERSONAL CON JESUS. No es religión. El no vino a condenar a este mundo, sino que le conociesen y creyesen en El.
    piensa y medita en esto: un empresario que es buen esposo, padre, hijo, que es responsable con su casa, buena persona con sus semejantes, una noche se emborracha y manejando rumbo a su casa atropella a un niño y le causa la muerte. el dia del, juicio, el juez tiene en cuenta lo buen padre, esposo, persona que es y lo absuelve de su culpa?

    1. Sobre la pregunta, del buen empresario que al emborracharse mata un niño, creo que su condena no dependerá tanto de ese hecho sino de lo que haga como consecuencia del mismo. El pecado no condena de por si, sino el mantenerse o no rectificar. La clave es que hacemos una vez que incurrimos en un pecado. Si no hay cambio (arrepentimiento y reparacion) alli esta la condena. Claro que tanto el arrepentimiento como la reparación deben ser positivas; esto implica que se muestre afirmativamenete una nueva actitud, consecuente al mandamiento de Dios.

  11. Yo tengo un grupo en el whatsaap.. sonó todos cristianos.. y de diferentes parte del mundo.. yo soy de Argentina.. el o la q este interesado me mandan un whatsaap al 5491133156485

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