21 Oct 2020

Tú eres mi amado (Marcos 1,7-11)

[Evangelio del domingo, Bautismo del Señor – Ciclo B]

Marcos 1,7-11:

En aquel tiempo, proclamaba Juan: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»
Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.»

Flota en el aire una voz muy poderosa y al mismo tiempo sutil, escondida, que penetra por todos nuestros poros a cada momento; una voz que nos pide que demostremos lo que valemos, que nos exige que nos superemos cada vez más, incluso que superemos a otros para destacar; una voz que insiste en que nadie regala nada, en que debemos ganarnos el respeto, la atención e incluso el amor de los demás; una voz que insiste en que en este mundo no hay sitio para los débiles, para los pusilánimes, que afirma que solo valemos lo que somos capaces de demostrar, que convierte la propia vida en un mercado, en una subasta en la que el que no trepa por encima de los otros va a quedar pisoteado por la misma historia.
A veces incluso nos damos cuenta, y pensamos que hay algo que falla; intuimos, más bien, que nos estamos equivocando; es entonces cuando la voz se vuelve más fuerte y más sutil, y así acabamos echándole toda la culpa al sistema, a los gobiernos, a los poderosos…
Esa voz es la de nuestra sociedad competitiva, consumista, que no deja de comparar a personas con personas, de evaluar, de aprobar y suspender, de ensalzar y humillar. En esta sociedad la clave no está en buscar culpables; culpabilizar es la mejor adormidera, porque nos exime a todos de nuestra responsabilidad; siempre podremos encontrar a alguien con más culpa que nosotros.
Es a esta sociedad, que es ahora así, y que ya era igual hace miles de año, a la que llega una palabra nueva, desconocida, realmente alternativa, una Palabra con mayúscula que resuena con la fuerza de la voz de Dios: «Te quiero.»
El texto del Bautismo de Jesús es la primera demostración de que Dios lo hace todo al revés. Jesús todavía no ha hecho nada, no ha predicado, no se ha entregado por nadie, no ha hecho ningún milagro ni ha levantado la voz contra los poderosos, pero Dios, antes de todo ello, le dice: «Te quiero.» Así, sin más, incondicionalmente, gratuitamente, absolutamente. El amor de todo un Dios ha sido derramado sobre la vida de su Hijo simplemente porque sí. Quizá nosotros necesitemos motivos para amar, pero Dios no. Dios es amor y vuelca su amor por el puro goce de amar.
Pero todavía hay más. El texto del Bautismo de Jesús no es un cuadro de los que admiramos en los museos para volver a casa sin que tenga nada que ver con nosotros. El evangelista Marcos nos lo pone delante como un espejo, para que oigamos la misma voz de Dios que nos dice a cada uno y a cada una: «Te quiero.» Tú eres también el hijo amado, la hija amada, tú eres también el predilecto, la predilecta de Dios. La Palabra auténtica del Universo es el amor, y solo el amor.
Las múltiples voces que resuenan a nuestro alrededor y que insisten en que valemos poco, en que nadie quiere a nadie a cambio de nada son solo molestos insectos que podríamos apartar con un simple manotazo; tan solo hemos de escuchar con atención la voz interior de nuestro corazón, en él está Dios repitiéndonos una y otra vez, a cada momento: «Te quiero.» Ante Dios no tenemos que demostrar nada, no necesitamos aparentar lo grandes, ingeniosos, buenos o hermosos que somos, no nos sirve el maquillaje, ni las operaciones de estética. Ante Dios podemos acudir desnudos, con la total confianza de que él nos quiere, nos ama con la inmensidad del Cosmos que él creó para regalárnoslo, con la autenticidad de la Palabra que nunca pasa.
La Palabra de Dios es tan grande, que si fuésemos capaces de hacerle un hueco en nuestra vida, todo lo demás cambiaría de color, adquiriría una profundidad insospechada. La persona que tengo al lado, que me hace la vida imposible, aquella otra que tanto me ayuda, las que quiero y me quieren, todas serán expresión de algo mucho más hondo, de un camino de vida con luces y sombras que desembocará en la Luz eterna del amor de Dios. No hay otra verdad más grande que esta, no hay otra verdad que nos pueda hacer más grandes.

(Domingo, Bautismo del Señor – Navidad – Ciclo B)

2 comentario en “Tú eres mi amado (Marcos 1,7-11)

  1. javi, me encanta lo que pones, cada dia me sorprendes mas con lo que eres capaz de sacar de un texto. Para mi este texto como las bodas de canaan, son el punto de partida de la vida de jesus, el comienzo del perdon de dios, el principio de su labor. Empieza dandole valor a los sacramentos, en este caso al del bautismo.

    p.d.: lo siento nultimamente no ando muy «inspirada». y es que tengo que ponerme en orden yo primero… preciosa explicacion, y que llena de animos, nos hace recordar el amor que dios nos tiene. Gracias javi.

  2. Gracias, andromeda. Todavía hay demasiada gente que cree que el cristianismo tiene una visión negativa del ser humano, que solo ve lo malo, lo peligroso, lo nocivo, lo pecaminoso, y que no deja que la persona viva, se desarrolle, disfrute de su propia construcción. Por eso me parece tan importanta volver siempre al punto primero: «Dios te ama», después ya hablaremos de otras cosas, pero primero, convéncete de que «Dios te ama».

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