31 Mar 2020

Prudentes y necias (Mateo 25,1-13)

[Evangelio del domingo, 32.º del Tiempo Ordinario – Ciclo A]


Mateo 25,1-13:

«El Reino de los cielos se parecerá a diez muchachas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!” Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: “Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”. Pero las sensatas contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “Os lo aseguro: no os conozco”. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

La parábola de las diez muchachas sorprende a algunos porque les parece que las cinco prudentes deberían compartir lo que tienen. En realidad cada parábola debe entenderse como respuesta a una pregunta; ninguna puede decirlo todo a la vez. Seguramente por eso, Mateo juntó tres parábolas: Justo después vienen la de los talentos y la del juicio final; en esas dos parábolas sí se habla de la generosidad y de la importancia de hacer fructificar los dones que Dios nos ha dado, en favor de los demás.
Las cinco muchachas prudentes, por tanto, no son egoístas, sino que simbolizan el grado de preparación del corazón de cada uno ante la venida de Jesús. Y el corazón es intransferible. El aceite que unas han preparado y las otras no, significa la actitud de acogida ante la venida del esposo. Es muy sugerente que Jesús escoja una imagen de gran alegría, como es una boda, para expresar la importancia que él mismo tiene para nuestras vidas. Las diez muchachas, es decir, toda la humanidad, están invitadas a la boda, y pueden, si quieren, estar preparadas. Jesús parece que se retrasa, y esta es la situación en la que vivimos durante la noche de la historia; parece que no hay luz, que triunfa la desgracia, pero llegará un momento en que se oiga el grito: «¡Que llega el novio, salid a recibirlo!» Dios no se ha olvidado de sus criaturas, aunque a nosotros nos parezca tan lejano; la parábola nos anima, ante todo, a tener esperanza en él.
Las diez muchachas se habían dormido, y es que la diferencia entre unos y otros no es sencilla; la parábola no presenta a unas como perfectas y a las otras como despreciables; el mundo no es una película de buenos y malos. Todas se han dormido, pero hay una clave que las diferencia, sus ganas de estar preparadas para la llegada de Jesús. Algunas habían aceptado la invitación como espectadoras, no piensan que aquella boda les merezca ninguna preparación.
La parábola, sobre todo, nos invita a nosotros a vivir en actitud de esperanza y de atención a la presencia de Jesús. Él estará presente mucho más de lo que creemos (y ese será el tema de otra parábola, dentro de dos semanas), por ahora, estemos vigilantes.

 

2 comentario en “Prudentes y necias (Mateo 25,1-13)

  1. Hola Javi?

    Me has contestado mi duda en esta homilía. No es que las prudentes no son generosas sino que hay cosas no podemos compartir con los demás.¡Muchas gracias!

    ¡Feliz día!

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