26 Sep 2020

Superarse (Mateo 25,14-30)

[Evangelio del domingo, 33.º del Tiempo Ordinario – Ciclo A]


Mateo 25,14-30:

Jesús dijo esta parábola a sus discípulos:
—El Reino de los Cielos es como un hombre que, al irse de viaje, llamó a sus criados y les confió su hacienda. A uno dio cinco millones, a otro dos y a otro uno, a cada uno según su capacidad; y se fue. El que había recibido cinco se puso en seguida a trabajar con ellos y ganó otros cinco. Asimismo el de los dos ganó otros dos. Pero el que había recibido uno solo fue, cavó en la tierra y enterró allí el dinero de su señor.
»Después de mucho tiempo, volvió el amo de aquellos criados y les tomó cuenta. Llegó el que había recibido cinco millones y presentó otros cinco, diciendo: “Señor, me diste cinco millones; aquí tienes otros cinco que he ganado”. El amo le dijo: “¡Bien, criado bueno y fiel!; has sido fiel en lo poco, te confiaré lo mucho. Entra en el gozo de tu señor”. Se presentó también el de los dos millones, y dijo: “Señor, me diste dos millones; mira, he ganado otros dos”. Su amo le dijo: “¡Bien, criado bueno y fiel!; has sido fiel en lo poco, te confiaré lo mucho. Entra en el gozo de tu señor”.
»Se acercó también el que había recibido un solo millón, y dijo: “Señor, sé que eres duro, que cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Tuve miedo, fui y escondí tu millón en la tierra. Aquí tienes lo tuyo”. Su amo le respondió: “Siervo malo y holgazán, ¿sabías que quiero cosechar donde no he sembrado y recoger donde no he esparcido? Debías, por tanto, haber entregado mi dinero a los banqueros para que, al volver yo, retirase lo mío con intereses. Quitadle, pues, el millón y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese criado inútil echadlo a las tinieblas exteriores. Allí será el llanto y el crujir de dientes”.

En las sociedades industriales, es normal que una persona quiera hacer rendir su capital, pero en la Palestina del siglo I, en una economía muy básica, se consideraba que las riquezas eran limitadas y el que se enriquecía rápidamente lo hacía a costa de la riqueza de otros. Jesús, como tantas veces, cuenta una historieta en la que los personajes se comportan al revés de como sus oyentes esperarían. El señor que se marcha y deja sus bienes es avaro y exigente, los dos empleados que sacan beneficios son unos espabilados, y el tercer criado, el que guarda el dinero bajo tierra, hace lo que la mayoría hubiese hecho. Era tan normal esa actitud, que hasta en la leyes estaba descrito el caso; si alguien hubiese robado el dinero enterrado, el criado no hubiese sido culpable, porque había hecho lo correcto.
¿Qué pretende Jesús con esta historia? Como siempre, provocarnos para hacernos pensar. Dice que el Reino de Dios es como ese señor exigente, porque representa a Dios que no se conforma con que seamos mediocres. Es cierto que Dios es misericordioso y que nos perdona siempre, claro que sí, pero para decir eso ya hay otras parábolas; ahora lo importante es comprender la exigencia de una vida cada vez más plena. Dios no nos da dinero, sino nuestros propios talentos personales, y esos los podemos enriquecer sin empobrecer a los demás (al contrario que el dinero). Para Dios no basta con «lo que hay», nos pide la actitud de superación, nos pide que vayamos más allá, que no nos conformemos con lo mínimo.
La imagen de Dios como Padre también es apropiada aquí. Todo padre y madre quiere que su hijo se desarrolle, crezca, viva en plenitud. Igualmente, Dios confía tanto en nosotros que nos impulsa siempre hacia arriba, hacia la superación de nuestros límites, hacia la conversión, hacia la santidad.
No podemos conformarnos con menos.

 

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