9 Ago 2020

Para salvar el mundo… (Juan 3,14-21)

[Evangelio del domingo, 4.º Cuaresma – Ciclo B]


Juan 3,14-21:

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
—Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él
tenga vida eterna.
»Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
»Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
»El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Juan le da vueltas a cierta idea de Dios que tenían algunos, como si fuese un juez estricto que está deseando sorprender a los delincuentes para castigarlos. Para él, Dios no desea la condena de nadie, de hecho, la muerte de Jesús, entregado por amor, es la forma de demostrar que está dispuesto a todo por nosotros. Nos pide reflexionar, que comprendamos el ansia de felicidad que nos recorre como anhelo de amor y no de egoísmo.
La lectura de hoy comienza con una referencia a Moisés, a un pasaje en el que las serpientes, que atacan al pueblo peregrino en el desierto, son neutralizadas por un estandarte en forma de serpiente (Nm 21,4-9). Así, insinúa Jesús, la cruz que es signo de muerte, será la forma de llegar a la vida.
Pero claro, no se trata solo de morir porque sí, sino por el amor de Jesús, por su coherencia personal, por su voluntad de no esconderse, de no huir sino de presentarse delante de todos, pueblo y dirigentes, con un mismo mensaje.
Y todavía más, la cruz de Jesús es un dar la vida, un darse totalmente, completamente, absolutamente; un regalarse tan inmenso que nosotros apenas lo podemos entrever. Así es Dios, y así es Jesús, donación total, eterna, plena.
Entonces, ¿de dónde viene la condena? Juan utiliza el símbolo de la luz para expresarlo. Los que actúan mal prefieren la oscuridad, no quiere que aquello que hacen se vea; en cambio, a los que hacen el bien no les preocupa que los demás se den cuenta. El juicio no lo hace la luz, la luz solo brilla, son las personas las que, ya antes de actuar, son conscientes de lo que están haciendo, y por tanto huyen de la luz.
Dios es igual. Ha enviado a Jesús como luz del mundo, y eso hace que las acciones queden juzgadas, pero no porque Jesús haga el juicio, sino porque la luz de Dios es tan poderosa que lo ilumina todo. Con Jesús ya no hay nada que quede escondido.
Esta imagen le sirve a Juan para subrayar la auténtica voluntad de Dios: la salvación y la vida de todos. Y también para invitarnos a que revisemos nuestras obras. ¿Somos de los que huyen de la luz? ¿Nos da miedo que Dios mire dentro de nuestras vidas? ¿O más bien estamos dispuestos a aceptar su luz?
Si hacemos una reflexión honda sobre nosotros, descubrimos tanto aspectos positivos como negativos, tanto bondad como pecado. Pero eso Dios ya lo sabe. La diferencia entre los que aceptan la luz y los que huyen de ella no está tanto en «ser» bueno o malo, está, como dice Juan, en la fe, en creer en Jesús. Es decir, creer que Jesús nos puede iluminar, nos puede transformar, nos puede ayudar a crecer, a mejorar, a desarrollar nuestras posibilidades. Ser creyente no significa ser superior a nadie, sino estar convencido de que Dios nos quiere dar la vida a todos, y por eso, nos ponemos a su disposición.

(Domingo 4.º Cuaresma – Ciclo B)
Dibujo: fano

Un pensamiento en “Para salvar el mundo… (Juan 3,14-21)

  1. ESTE EVANGELIO TRASPASO MI CORAZÓN, ME ILUMINÓ. Y CREO EN JESÚS, CREO EN QUE EL ILUMINA MI VIDA, QUE ME PUEDE TRANSFORMAR, ME PUEDE AYUDAR A CRECER A DESARROLLAR MIS HABILIDADES PARA SER UN MEJOR SER HUMANO. ME PONGO A TU DISPOSICIÓN PADRE SANTO Y TE PIDO POR LA SALVACIÓN DEL MUNDO ENTERO.

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