9 Ago 2020

¡Vaya con el San Juanito! (Jn 6,37-40)

Juan 6,37-40:
En aquel tiempo dijo Jesús:
-Todos los que el Padre me da vienen a mí, y a los que vienen a mí no los echaré fuera. Porque no he venido del cielo para hacer mi propia voluntad, sino para hacer la voluntad de mi Padre, que me ha enviado. Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda a ninguno de los que me ha dado, sino que los resucite en el último día. Porque la voluntad de mi Padre es que todo aquel que ve al Hijo de Dios y cree en él tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el día último.

¡Vaya con el San Juanito! Si es que no hay quien le entienda.
El evangelio de Juan es un libro sorprendente desde muchos puntos de vista, y eso lo hace fascinante, atrayente… y al mismo tiempo difícil de entender. Lo primero que sorprende es su forma de darle las vueltas a las cosas; no sabría decir si se parece a los antiguos catecismos de preguntas y respuestas o al detective Colombo, que siempre tiene una última palabra que decir que repite algo de lo que ya había dicho antes, pero lo amplía un pasito más.
Algo así parece hacer Juan, da pasos breves y meditados hacia la meta donde quiere llevarnos, que en el texto de hoy es doble; por decirlo en dos palabras: fe y vida (aunque el mismo Juan se da cuenta de que son una sola idea, me explicaré).
En final de nuestro texto habla de creer en Jesús y de resucitar en el último día, es decir, de fe y de tener vida. Este es el objetivo que persigue el autor a través de múltiples palabras e ideas que van desembocando en lo mismo:
– Ir hacia Jesús significa seguirle, aceptar su mensaje, es decir, creer en él.
– No «echar afuera», quiere decir, no quedarse «lejos de Dios», que es sinónimo de muerte, porque estar cerca de Dios, «dentro», es tener la vida que sólo él puede dar.
– La insistencia en la Voluntad del Padre que Jesús lo que hace es subrayar que Jesús es, de verdad, el Hijo de Dios, y lo hace para provocar la fe de los que leemos.
– No perderse ninguno de los que el Padre le ha dado, igual que no «quedarse fuera», es lo mismo que tener vida.
– Resucitar en el último día, evidentemente, es una llamada a creer en la vida que nos viene de Dios.
– Ver al Hijo de Dios significa reconocer que Jesús es ese Hijo de Dios, es decir, creer en él.
– Tener vida eterna y, de nuevo, resucitar en el último día, son la conclusión final a la que nos quería llevar.

En resumen, que Juan quizá podría hablar más claro, pero no con más firmeza. Juan es un enamorado de Jesús y de su mensaje, que no se agota en «creer unas cosas que dijo», sino en creer en él, porque en él está la vida auténtica que todos anhelamos, y así nos lo quiere contar y repetir para que no nos confundamos de camino buscando la vida donde no está.

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