31 Mar 2020

La adúltera y el perdón (Juan 8,1-11)

[Evangelio del domingo, 5.º de Cuaresma – Ciclo C]

Juan 8,1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y, colocándola en medio, le dijeron:
—Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
—El que esté libre de pecado, que le tire la primera piedra.
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos, hasta el último.
Y quedó solo Jesús y la mujer en medio, de pie.
Jesús se incorporó y le preguntó:
—Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?
Ella contestó:
—Ninguno, señor.
Jesús dijo:
—Tampoco yo te condeno. Anda, y a partir de ahora no peques más.


De nuevo los escribas y fariseos se acercan a Jesús para ponerlo a prueba, para tenderle una trampa. En otra ocasión le preguntaron si debían pagar impuestos al César. Respondiese lo que respondiese, iba a quedar mal: si decía que sí, los judíos le rechazarían, oprimidos como estaban por la presión fiscal de los romanos; si decía que no, los romanos podían acusarlo de alborotador y enemigo del imperio. Ahora la situación es parecida. La ley de Moisés dejaba claro que la adúltera debía morir, pero en cambio los romanos no dejaban que los judíos aplicasen la pena capital por su cuenta (sí les permitían condenas menores, pero ajusticiar a una persona estaba reservado al juicio romano). Si Jesús reconocía que la adúltera debía morir, ponía en entredicho todo su mensaje centrado en la misericordia de Dios, su actitud de acogida a los pecadores y, además quedaría mal ante los romanos. Por otro lado, si Jesús no aceptaba la muerte de la adúltera iba a quedar muchísimo peor, se estaría rebelando contra la mismísima ley de Dios; aquello hubiese supuesto el fin de todo su movimiento, ningún judío podía ser seguidor de alguien que negase frontalmente la ley de Moisés.

La situación es tensa, dramática. La mujer, puesta en medio, quizá llorosa, o quizá simplemente paralizada, mira alrededor. La gente que escuchaba a Jesús se queda a la expectativa, ¿qué responderá? Los escribas y fariseos, con la sonrisa torcida, se felicitan por una trampa tan ingeniosa.
Jesús, en cambio, como si la cosa no fuese con él, se agacha y se pone a escribir en el suelo.

Los escribas y fariseos se impacientan. «¿Por qué no responde Jesús? ¡Necesitamos una respuesta! ¿Qué es lo que escribe en el suelo? ¿Son esos nuestros nombres? ¿Por qué escribe Jesús nuestros nombres en la tierra?»

Jesús se cansa y se incorpora. Con una de sus frases geniales va a la médula del asunto: «El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.» La frase explica su gesto simbólico, y de nuevo vuelve a escribir en el suelo.
Los acusadores recibieron el impacto de las palabras de Jesús, y quizá de su gesto. ¿Por qué se marchan? Habían llevado ante Jesús a una mujer que era, con toda evidencia, pecadora. No se trata de juzgar un caso ambiguo, la ley de Moisés no daba lugar a dudas. No sabemos si llevaban en las manos las piedras para lapidarla (en el templo no se apedreaba), pero seguro que tenían ya pensado el lugar, saliendo de la ciudad, donde hacerlo. Un simple gesto de Jesús y una simple frase les vuelve toda la vida del revés. Los escribas y fariseos conocían al dedillo la ley y los profetas. Por eso es posible que el gesto de Jesús y sus palabras les trajesen a la memoria un texto del profeta Jeremías:

Tú eres, Señor, la esperanza de Israel,
y todos los que te abandonan
quedarán confundidos;
los que se separan de ti
sobre la tierra serán escritos,
porque abandonaron a Señor,
fuente de agua viva.
(Jeremías 17,13)

Jesús no entra a discutir la ley ni la condena, tan sólo les pide que se interroguen sobre su propio pecado. Quizá sea por eso que los más viejos se dan cuenta antes que los jóvenes; ellos han tenido una vida más larga, y más posibilidades para pecar. Sea como sea, acaban marchándose todos, hasta el último.
Al final, Jesús es el único que tiene auténtica autoridad para condenar a la mujer. Pero decide no hacerlo, sin embargo, tampoco acepta el pecado, pues le indica, que «a partir de ahora, no peque más».

La lectura superficial de este texto lleva a pensar que a Jesús le da igual el pecado. Como si el perdón fuese algo tan sencillo como decir: «no pasa nada». No es cierto, sí pasa, y pasa mucho. La ley de Moisés dice que el pecador merece la muerte, y Jesús no desmiente esta ley. El pecado nos destruye interiormente, deshace nuestra autenticidad y nos convierte en lo que no somos, nos hace inhumanos; además, el pecado deja restos, se alimenta de sí mismo, y se puede convertir en hábito destructivo. La muerte que conlleva el pecado no es un «castigo de Dios» que venga desde fuera, es el resultado intrínseco de faltar a nuestra propia esencia, de trastocar nuestra vida, de llegar a ser lo contrario de lo que somos. Si fuimos creados como imágenes de Dios, que es bondad y amor, nosotros tenemos la libertad de llegar a encarnar el mal, el odio, el rencor.
Jesús no le dice a la adúltera que «no pasa nada», no le da una palmadita en la espalda diciéndole «estas cosas se arreglan». Jesús no niega que merezca la condena, ella la merece, pero Jesús la perdona. La última frase de Jesús carga las tintas en el «a partir de ahora». ¿Por qué? ¿Qué ha sucedido en ese «ahora»? Precisamente el perdón regalado, gratuito, de Jesús.
El perdón de Jesús es un acontecimiento nuevo, supone un cambio, un punto de inflexión, una fractura en la vida de la pecadora. «Antes» y «ahora» son dos realidades distintas. En el «antes» reina el pecado, en el «ahora» sobreviene gratuitamente el perdón misericordioso de Dios. Es precisamente ese perdón, como acontecimiento transformador, el que hace posible que la mujer «ya no peque más». No se trata simplemente de un «venga, inténtalo», sino de la gracia de Dios que viene a nuestra vida para hacer posible el arrepentimiento. El ser humano sin Dios no puede salir del círculo vicioso del pecado; el amor de Dios se derrama sobre él en forma de perdón para darle la posibilidad de romper este círculo y recomenzar de nuevo.
Pero lo que la pecadora no sabe, es que hay alguien que sí va a morir en su lugar; será el propio Jesús, que cargando los pecados de todos, dará su vida en la cruz. La muerte y resurrección de Jesús será el auténtico punto de inflexión de la historia, la auténtica fractura entre el «antes» y el «ahora» del tiempo universal.

(Domingo, 5.º de Cuaresma – Ciclo C)

6 comentario en “La adúltera y el perdón (Juan 8,1-11)

  1. Gracias por tu comentario de cada fin de semana, javi 🙂

    ¿Sabes? Cada vez que yo leía este frafmento del Nuevo Testamento, siempre me quedaba pensando en la mujer adúltera. ¿Por qué cometió adulterio? ¿Qué la movió a hacerlo? ¿La simple lujuria? ¿Las amenazas o el chantaje de su amante? ¿O fue el amor? ¿Y si ella estaba enamorada de un hobmre pero la habían casado con otro contra su voluntad, algo que pasaba constantemente por aquel entonces? ¿Es entonces realmente un pecado el adulterio, si el matrimonio no ha sido fruto de la libertad y del cariño sino una oblgación impuesta? ¿Realmente un matrimonio de conveniencia es válido a los ojos de Dios? Yo siempre he creído que no.
    No sé qué opinarás del asunto. Sea como sea, ahí dejo la cuestión para que se reflexione sobre ella, porque me parece que tiene más miga de la que parece.

    Respecto a tu comentario, me gusta y coincido contigo. No es que a Dios le de igual que fallemos, que no le da, sino que a pesar de que lo que hacemos pueda estar mal, él nos perdona igualmente. Me parece un mensaje precioso.
    Lo de la teoría de los nombres escritos es interesante, aunque a decir verdad me parece algo cogida de los pelos, ya que por una parte no sabemos qué es lo que estaba escribiendo realmente Jesús en el suelo (tal vez sólo dibujaba o hacía garabatos), y por otra parte tampoco podemos saber si los fariseos recordaron en ese momento el fragmento bíblico del que hablas. Aún así, como teoría es interesante 🙂
    Y también me ha parecido llamativo siempre que los más viejos fueran los primeros en marcharse de la zona. No creo que fuera sólo porque al haber vivido más hubieran tenido más ocasiones de pecar 8que también), sino porque, me parece, los jóvenes suelen ser más arrogantes y menos reflexivos que los viejos. Por eso los viejos son los primeros en reconocer sus errores y los jóvenes, que al principio van en plan "yo soy perfecto y lo hago todo bien", van teniendo vergüenza y consciencia de sus defectos a medida que ven cómo todo el mundo se marcha y se dan cuenta de que serían unos tremendos arrogantes si tirasen la piedra, porque sería como decir que son perfectos y jamás han cometido fallo alguno.

    Un abrazo y feliz fin de semana (yo acabo de pasar las Fallas y estoy reventada) 😉

    Estelwen Ancálimë

  2. Y gracias a ti por tu participación, que enriquece mucho este blog. (¡Qué envidia, no haber podido estar en las fallas!)

    Ciertamente el tema del adulterio en sí mismo es muy complejo; y también las sociedades lo viven de muy distinta manera. Antes de juzgar como pecado un adulterio, habría que conocer mucho de la situación de aquella mujer. Pero precisamente el evangelista quiere remarcar que los que llevan a la mujer ante Jesús, ni siquiera le hacen un juicio justo, es decir, no la dejan hablar, no presentan testigos, etc. Es verdad que la mujer hubiese perdido aquel juicio y hubiese sido condenada, pero lo importante es que ni siquiera le hacen el juicio, y eso estaba también prohibido en la ley: condenar sin un juicio justo.

    Lo de la teoría de que Jesús escribía los nombres en el suelo viene de lejos. Ya Jerónimo y Agustín la mencionan. El texto no dice qué escribía, pero sí deja claro que es importante (lo dice dos veces) y justo en medio de las dos veces está la frase genial de Jesús, con lo que es coherente interpretar que ambas cosas (frase y gesto) están relacionadas.
    Por otra parte, uno de los métodos clásicos de interpretación de la Biblia que tenían los judíos era relacionar con palabras concretas dos pasajes. Por eso, la expresión "escribir en la tierra", es fácil que les sonase al texto de Jeremías. No sabemos si el pasaje refleja un texto histórico en todos sus detalles, pero a los oyentes del evangelio sí les podía sonar la referencia al profeta.
    De todas formas, hay más teorías:
    – Una, más elaborada, a partir de la anterior, es que Jesús iba escribiendo delante de cada uno sus pecados, ¡por eso se apresuraron tanto en marcharse!
    – Otra, más sencilla, es que el gesto de Jesús implica rechazo a la actitud de los fariseos. Les está diciendo: "no me importa esa cuestión que para vosotros es tan importante, me desmarco de vuestras preocupaciones y de vuestra obsesión por la ley." Y todo esto lo expresa con el gesto de no hacerles caso y ponerse a escribir en el suelo (o a hacer garabatos).

    La cosa, sin embargo, sigue sin estar clara. Pero no deja lugar a dudas la conclusión: "en adelante, no peques más".

  3. ¡Ah! Y otra teoría más que se me olvidaba:
    – Con el mismo método de enlazar palabras, se relaciona la mención del "dedo" de Jesús, con la mención del dedo de Dios que aparece a veces en la Biblia, como signo de la fuerza y el poder de Dios creador. De esta forma, la unión de las ideas de Dios fuerte y creador y la mención de la "tierra", hace pensar en el momento en el que Dios, con sus propias manos, coge barro de la tierra y hace al ser humano. El gesto reflejaría, por tanto, la nueva creación. Jesús está creando de nuevo a la mujer a través del perdón que transforma su vida.

  4. No conocía todas esas teorías, Javi, gracias por enseñármelas 🙂
    Ahora que las mencionas, recuerdo que en clase de religión cuando iba al colegio (de dominicos, por cierto, muy buena gente y muy buenos profesores la mayoría de ellos) la teoría que nos enseñaron fue la segunda que mencionas (que Jesús se puso a grabatear en el suelo para demostrar que la obsesión con las leyes no iba con él), pero las otras dos también son muy interesantes.
    En cualquier caso, como bien dices, lo importante de ese texto es el "tampoco yo te condeno" y el "no peques más", básicos en lo que es el actual sacramento de la penitencia.

    Un saludo ^^

  5. la mujer adultera una gran leccion de cristo digna de admirar,como bien describes en tu comentario javi, la situacion tan complicada, aunque aparentemente sencilla que tiene cristo en ese momento, el comose ve que iban a proposito a meterle en un aprieto y sin embargo sale airoso de la situacion de manera pacifica, y consiguiendo el bien para todos los que iban a lapidar a la mujer y le hicieronla "encerrona" a cristo se fueron reflexionando sus pecados, la mujer adultera, salio salvada en todos los aspectos, salvada de cuerpo y alma.
    si pienso en la mujer, perdida, desengañada de lavida, a saber el motivo por el cual se dio a esa vida,un debatae que se puede aplicar al dia de hoy perfectamente. Aparte de sus pecados, me la imagino asustada, acorralada, viendo la muerte de cerca, sin comprender porque suceden esas cosas, aunque pensando tal vez que se lo ha merecido. viendocomo no tenia ni una sola ayuda, y de repente la llevan un hombre sentado,escribiendo en el suelo, calmado, con cara de buena gente, y al que todo el mundo toma por un sabio, entonces se e enciende una pequeña lucecita de esperanza, y se pregunta que decidiraese hombre,su vida esta en sus manos, sin ella saberlo, o quien sabe, tal vez lo intuia, estaba en las mejores manos posibles, la del hijo de dios. y ella con esa mezcla de miedo y esperanza se queda a la espera de su respuesta. ¿cuantas veces nos hemos sentido asi? no se porque me identifico con la adultera, aunque seamos distintas.
    Dios nos enciende esa lucecita de esperanza que se acaba convirtendose en gigantesca al experimentar su inmenso amor hacia nosotros.E inunda nuestrocorazon de dicho amor.
    Cristo a ella le dice "vete y no peques mas" haciendole ver que leha perdonado y que no corre nngun peligro, y como decis, dandole a entender, que no debe pecar, que el perdon no es una excusa para cometer mas pecados ni un permiso para caer en tentaciones, sino un gran acto del amor que dios nos tiene y que nos dala oportunidad de empezar de nuevo para no volver a caer en los mismos errores otra vez, eso si, si caemos el esta ahi para levantarnos siempre que le dejemos.
    me la imagino que ella se va aturdida con su corazon inundado de su amor, con ganas de cambiar de vida, y preguntandose que ha pasado, quien era ese hombre.
    Un texto precioso, que nos da grandes lecciones.
    En cuanto a lo que comentas de lasteorias me ha encantado, aunque no me imagino a cristo poniendo los pecados a los pies de cada uno, si que me ha gustado la idea de que iba escribiendo pecados, los que habian cometido los presentes.lo de losnombres, tambien me parece razonable y explicaria porque los ancianos se fueron antes, captaron mas rapido la indirecta que los jovenes tal vez.
    yo me lo imagino mas haciendo garabatos, como una manera de permanecer calmado y dar a entender que no quiere la violencia.
    pero repito me han encantado las teorias, la del dedo de dios algo rebuscada, pero buena tambien.
    javi estelwen te comento una vez que el log le ayudaba a ver la biblia con una mayor riqueza. Estoy de acuerdo con ella.
    Que tengais una buena semana santa,y si veis procesiones, que no os llueva y puedan salir.

  6. Gracias por vuestros comentarios.
    Es cierto que los evangelios, leídos despacio y con calma, nos hacen reflexionar sobre nosotros mismos, identificarnos con los personajes para sentir el perdón de Dios también sobre nosotros y llenarnos de ánimo para seguir adelante.

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