25 Feb 2020

“No necesitan médico los sanos sino…” (Lc 5,29-32)

[Evangelio del sábado después de ceniza, Cuaresma]

Lucas 5, 29-32

Leví ofreció en su casa un gran banquete en honor de Jesús, y estaban a la mesa, con ellos, un gran número de publicanos y otras personas. Los fariseos y los escribas criticaban por eso a los discípulos, diciéndoles:
-¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?.
Jesús les respondió:
-No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan.

Siempre me ha llamado la atención este pasaje. Que no necesitan médico los sanos está claro, y la metáfora también: Médico=Jesús, Enfermo=Pecador, Sano=No-Pecador. Hasta aquí todo de acuerdo. Ahora bien, me vienen varias preguntas: ¿Quién está sano ante Jesús? Desde el punto de vista de los que estamos más acostumbrados a estas cosas podemos responder: ¡Nadie! Todos somos enfermos y pecadores.
Pero desde el punto de vista de los más alejados, estas ideas les pueden sonar a humillación, a falta de autoestima, a religión machaca-personas. Esto ya nos lo criticó, entre otros, un tipo un tanto raro -un filósofo- llamado Nietzsche (y otros después de él, sabiendo que lo citaban, o sin saberlo): “El gusano se enrosca cuando lo pisan. Esto es muy prudente, puesto que reduce las posibilidades de que lo vuelvan a pisar. En moral eso se llama humildad.”

Para mí el equilibrio difícil es el de reconocer que sí necesitamos a Jesús, pero no porque seamos un gusano que no vale para nada, sino porque estamos todavía a mitad de camino en nuestro esfuerzo de «ser personas auténticas». La humildad, así entendida, no es más que realismo, que reconocimiento de la propia realidad: Soy lo que soy, tengo un montón de cosas buenas, pero también tengo otras que tengo que mejorar; soy lo que soy, pero también necesito ayuda de otros para crecer.
Sobre todo es importante comenzar por lo positivo, lo bueno que hay en mí, porque si empezamos por lo negativo (y hay algunos que así lo hacen), corremos el riesgo de darle la razón al amigo filósofo.

(Sábado después de ceniza, Cuaresma)

5 comentario en ““No necesitan médico los sanos sino…” (Lc 5,29-32)

  1. Al leer este pasaje siempre me da por pensar que, aunque todos estemos enfermos desde el punto de vista más estricto, no es lo mismo los que tienen un catarro que los que tienen un cáncer.
    De todos modos, tienes toda la razón en algo: muchas veces, sobre todo en el pasado, se ha insistido demasiado en el lado negativo de la gente, con voces furibundas que desde el púlpito conminaban a todo el mundo a la penitencia y al arrepentimiento. Eso me hace recordar a los ascetas medievales que querían alcanzar la santidad y se encerraban en jaulas o se iban a una cueva de por vida para hacer penitencia. Y sin ir tan lejos, mi abuela, por ejemplo, me contaba que su padre, que era un hombre muy piadoso, de los de misa diaria, no la dejaba ir a bailar porque «eso era de chicas ligeras de cascos» y tampoco la dejaba disfrazarse en carnavales ni en Fallas porque «disfrazarse era hacer burla a Nuestro Señor Jesucristo». Y, el Viernes Santo, ni siquieras las dejaba, a ella y a mí tía abuela, salir a la calle, reírse a carcajadas o escuchar la radio. Evidentemente, quien se toma las cosas así convietrte el cristianismo en una religión de amargados, y si las cosas eran de ese modo no me extrañan para nada las palabras de Nietzche.
    Yo creo que, aún desde un punto de vista al márgen de la religión, es bueno ser consciente de nuestros defectos e intentar mejorarlos, pero también teniendo presentes nuestras virtudes para mantener la autoestima alta y disfrutar de la vida. Al fin y al cabo, la perfección en vida no va a alcanzarla nadie, ¿no?

    Saludos 🙂

    Luthien Black.

  2. Es cierto que históricamente se ha exagerado el aspecto de la penitencia, del pecado, hasta el extremo de pensar que nuestra vida en el mundo es sólo un «valle de lágrimas» y que sólo «el cielo», «la otra vida» vale la pena.
    Menos mal que ahora está claro que no es eso lo que el cristianismo anuncia.
    Como tú misma dices, incluso fuera de cualquier religión, es sano reflexionar sobre los propios defectos e intentar mejorarlos, sin que llegue a ser una obsesión, aceptando que no somos perfectos.
    Los cristianos, además, pensamos que en este camino de mejora no estamos solos, y esto para mí es un rasgo importante que nos debe dar todavía más alegría y confianza.

  3. bueno a mí me parece que los justos existen… sí si he dicho bien. De ellos se dice que sus oraciones son escuchadas, que sus vidas están en manos de Dios, y muchas otras cosas. Claro que para eso no podemos identificar «justo» con «libre de pecado». Hasta siete veces peca el justo al día, me parece que dice la Biblia. Creo que se trata de diferenciar al «no libre de pecado» de «los pecadores». Creo que los pecadores son los que están en una posición de pecado permanente. No que estén todo el tiempo pecando sino que su estado o postura en la vida es contraria al amor. Estructuras de pecado creo que se llaman ahora.
    No me gusta eso de ir eliminando pecados, uno cada año, como si estuvieran en una lista para llegar a ser puro.Es agotador, imposible y no sé si salvador. Creo que es confundir la idea de «santo» que para mí es, como dice la Biblia sobre el justo, aquel al que no se le imputa el delito porque confiesa su pecado al Señor, porque pide perdón, porque se arrepiente. Un saludo.

  4. Sí, hay como un «juego de palabras» con el término «justo». por un lado algunos lo entendían como «puro» o «perfecto» y lo utilizaban para separarse de los demás, a los que tachaban de impuros, de rechazados por Dios; y por otro está el significado que le da Inma. No somos «justos» por ser perfectos y acabados, sino por estar «en camino».

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