10 Abr 2021

Curaciones y oración (Marcos 1,29-39)

[Evangelio del domingo, 5.º Tiempo Ordinario – Ciclo B]

Marcos 1,29-39:

Al salir Jesús dela sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en casa con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, semarchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron:
-Todo el mundo te busca.
Él les respondió:
-Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

En el Evangelio de hoy Marcos nos presenta varias escenas, narradas con su estilo vivo y directo que tanto sorprende y fascina. Hoy voy a resaltar tan sólo algunas pinceladas.

La curación de la suegra de Pedro sucede tras un contacto físico de Jesús: «cogerle la mano». El contacto físico con Jesús resulta interesante en diversos textos, no todos de curaciones, y quizá tenga más significado del que parece a simple vista (la «magia» de curar tocando al enfermo). La respuesta de la mujer se presenta como un ejemplo a seguir por los que nos encontramos con Jesús: el servicio, la respuesta agradecida a Dios que nos ama primero.

La multitud que se agolpa a la puerta es símbolo de la desesperación humana, del dolor y del sufrimiento que no encuentra quién lo alivie. Pero, ojo, no son expresión de la acogida de Jesús sin más porque se trata de una multitud interesada. Si el dolor, de entrada, mueve a la búsqueda de Jesús, la curación puede tener muchas resupuestas. Una de ellas -la hemos visto en la suegra de Pedro- es la gratitud; pero también existe la indiferencia, el olvido, la ingratitud… Nada se dice de lo que hacía aquella gente después de ser curada.

Nunca subrayaremos lo suficiente la importancia de la oración, comenzando por el ejemplo que nos da Jesús mismo. Superando las dificultades del cansancio, Jesús madruga para poder orar con tranquilidad «en descampado». No es un detalle sin importancia para el cristiano. Los momentos exclusivos de oración, de dedicación a sentir desde dentro del amor de Dios Padre, no pueden ser sustituidos por nada.

(Domingo 5.º Tiempo Ordinario – Ciclo B)


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