29 Mar 2020

Perdón transformador (Lucas 7,36-50)

[Evangelio del domingo, 11.º Tiempo Ordinario – Ciclo C]

Lucas 7,36-50

Un fariseo le pidió a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás, junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo:
«Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.»
Jesús tomó la palabra y le dijo:
—Simón, tengo algo que decirte.
Él respondió:
—Dímelo, maestro.
Jesús le dijo:
—Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?
Simón contestó:
—Supongo que aquel a quien le perdonó más.
Jesús le dijo:
—Has juzgado rectamente.
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
—¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama.
Y a ella le dijo:
—Tus pecados están perdonados.
Los demás convidados empezaron a decir entre sí:
—¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?
Pero Jesús dijo a la mujer:
—Tu fe te ha salvado, vete en paz.

El evangelio de hoy nos habla del perdón desde una perspectiva de esperanza confiada. Las personas no siempre compartimos esa forma de verlo; pensamos que hay actos imperdonables; o nos desesperamos por nuestras propias faltas creyendo que no merecemos el perdón; o decimos aquello de «yo perdono pero no olvido», que es lo mismo que decir: «yo no perdono, pero hago como que sí y quedo bien».
Perdonar es una experiencia difícil, y también pedir perdón (nuestro orgullo tantas veces nos lo impide), igual que aceptar que nos perdonen. Tenemos dentro de nosotros el deseo de ser perfectos, de hacerlo todo bien, de no equivocarnos nunca. Pero hay veces en las que tenemos que reconocer que nos hemos equivocado; veces en las que hay que desandar el camino y tomar otra dirección, ¡es tan difícil! A veces preferimos seguir adelante por un camino que sabemos que es el equivocado, antes que reconocerlo.
Esto sucede porque la humildad es una virtud muy difícil de vivir. Parece que la humildad consista en despreciarse a uno mismo, pero no es así, es mucho más sencillo. La humildad es reconocer la verdad de nosotros mismos: A veces acertamos y a veces no; a veces hacemos las cosas bien, pero otras veces no. La humildad es una virtud sencilla, pero nosotros a veces somos complicados, el orgullo nos lleva a complicarnos la vida.
El perdón es el remedio a nuestro orgullo, a nuestras ganas de hacer complicadas las cosas. El perdón no consiste en un simple «aquí no ha pasado nada». Es mucho más, es reconocer que «aquí sí ha pasado algo malo (el pecado, sea cual sea) pero yo te perdono». El perdón tiene un efecto transformador de la persona, es realmente un invento de Dios. El evangelio de hoy nos quiere explicar esto.

Estando Jesús a la mesa, invitado por un fariseo, entra una mujer pecadora, con la vida destrozada. Todos sus gestos son de desesperación y audacia. Ella no ha sido invitada al banquete, pero irrumpe en la sala para pedirle el perdón a Jesús con gestos de arrepentimiento.
La mujer no abre la boca, no dice nada, tan sólo expresa el dolor de su vida desestructurada con gestos de amor hacia Jesús.
Y es que el pecado no sólo es una ofensa hacia alguien. El pecado también embrutece la propia alma, también afecta al propio pecador, alimenta su egoísmo, acorta sus esperanzas, reduce sus deseos de bondad. La vida pecadora de la mujer del evangelio la había llevado hacia una situación insostenible, que ella expresa con sus lágrimas.
El perdón tiene un efecto curativo, restaurador, regenerador. La mujer, a pesar de su vida pasada, tiene fe en que Jesús puede perdonarla. Jesús perdona sus pecados, pero no sólo eso: afirma que su fe la ha salvado y le otorga la paz.
La transformación de esta mujer es completa. Jesús no se limita a darle una palmadita en la espalda y a decirle: «No pasa nada». Nada de eso, Jesús sí reconoce que esa mujer había pecado, y mucho, pero también le da el perdón. Antes la mujer había perdido su dignidad, estaba desesperada, acabada, excluida. Ahora Jesús afirma que está salvada, que vuelve a tener dignidad, que puede recobrar la paz.

La experiencia de la mujer es la experiencia de todos nosotros. También a nosotros el egoísmo nos vence muchas veces, a cada uno de una manera distinta, por eso los pecados de cada uno son distintos, pero siempre es el egoísmo el que está en el fondo. A nosotros también se nos regala gratuitamente el perdón de Dios. También Jesús nos dice: «Tu fe te ha salvado», también nos da su paz.
La mujer del evangelio «ama mucho, porque se le ha perdonad mucho». Es un ejemplo para nosotros, una invitación y una llamada a que reconozcamos que Dios también nos perdona mucho, nos lo perdona todo, nos perdona siempre. El perdón que recibimos de Dios nos transforma, nos mejora, nos enriquece con su gracia. Gracias a él, podemos volver a amar.

(Domingo 11.º Tiempo Ordinario – Ciclo C)

7 comentario en “Perdón transformador (Lucas 7,36-50)

  1. Siempre me he preguntado: ¿qué es realmente el perdón? Decimos que perdonamos, pero, ¿qué es perdonar? ¿Que no nos importa lo que nos hayan hecho? (yo creo que si es algo malo de verdad siempre te va a doler) ¿Que ya no nos va a hacer más daño? (lo mismo de antes, si es algo que te ha herido mucho siempre de dolerá) ¿Que renunciamos a vengarnos de quien nos ha ofendido? (pero hay mucha gente que no se venga y que aún así piensa "pero no le perdonaré en la vida") ¿Que lo olvidaremos y no volveremos a pensar en ello? (difícil es, yo no puedo olvidar un suceso de mi vida a propósito) ¿Que comprendes por qué el otro lo hizo? (yo puedo comprender por qué alguien actuó mal pero aún así seguir sin disculparlo).

    Esto, aunque parezca mentira, me preocupa, porque, ¿cómo sé que he perdonado de vedrad a alguien si ni siquiera tengo claro en qué consiste perdonar de verdad? ¿Tú podrías darme una definición? Te lo agradecería mucho 🙂

  2. que boito es el perdon y que necesario es. nadie puede vivir con rencor toda su vida, eso solo lleva al odio y a perderse uno y a los demas. no perdonar no trae nada bueno sin duda. aunque hay una cosilla con la que no estoy del todo de acuerdo, y es que me temo que hay circunstancias en esta vida, en las que aunque hay que perdonar no puedes olvidar yo al menos no puedo, por mis circunstancias.

  3. Saludos y gracias por vuestros comentarios.
    No es fácil la pregunta que haces, Estelwen, puesto que para dar una definición del perdón, y de su relación con lo que "sentimos" y lo que "recordamos", necesitamos aclarar antes algunos puntos.
    El perdón, en mi opinión, está en el nivel de las decisiones. Las cosas que recordamos u olvidamos, y aquello que sentimos son realidades de nuestra vida, pero no son decisiones. Como tú misma has dicho, no podemos decidir qué recordar y qué olvidar.
    Cualquier mal que recibas, como dices, te va a doler, si no te duele, no sería tan malo. Pero ante las acciones de los demás nosotros reaccionamos tomando decisiones.
    Para llegar hasta una decisión hay varias "etapas" por decirlo así. La primera es la "idea" que te viene a la mente. Y está bien expresado diciendo "te viene", porque muchas veces tenemos ideas (buenas o malas) que no sabemos de dónde nos han venido. Hay personas que tienen pensamientos negativos (por ejemplo, desean hacerle daño a alguien) y tienen remordimientos de conciencia por ello, pero no deberían. Entre los cristianos llamamos "pecado" a las decisiones tomadas en contra de Dios o de los demás. Pero esos pensamientos que nos asaltan no son pecado todavía, porque no son libres.
    La espiritualidad del cristianismo oriental, desde muy antiguo, ha pensado en cinco "etapas" hasta llegar al pecado, aunque también se puede aplicar para hablar de la virtud. Creo que su reflexión puede ser útil para aplicarla al tema que me preguntas. Las cinco etapas son: 1. La sugestión; 2. El coloquio; 3. El combate; 4. El consenso; 5.La pasión. Se nota que el vocabulario suena "antiguo" pero el contenido me parece útil. Júzgalo tú misma:

  4. 1. La sugestión, como te decía, es la idea que "nos viene". No es libre, por tanto ni es pecado (si es mala) ni es ningún mérito (si es buena). La vida se abre ante nosotros ofreciendo mil posibilidades, algunas buenas, otras malas. Es la experiencia de cualquier ser humano.

    2. El Coloquio. Si hacemos el esfuerzo de ignorar la sugestión (cuando es negativa) ésta desaparece, pero a veces comenzamos a darle vueltas a la posibilidad de hacer aquello que se nos ha ocurrido. Todavía no hay decisión, por lo tanto ni pecado ni mérito.

    3. El combate se refiere al intento de rechazar aquella idea, cuando ya se ha "instalado" en nuestro corazón. Quien sea irascible, por ejemplo, puede darle vueltas a la idea de hacerle daño a alguien, y, cuando quiere darse cuenta, le resulta muy difícil rechazarla.

    4. El consenso. Se trata de la decisión de hacer aquello en cuanto se dé la oportunidad. Si se trata de algo malo, aquí está el pecado. Incluso aunque no se haya realizado porque, por circunstancias externas, no haya sido posible. Es el único momento libre de este proceso, y por tanto, hasta ahora, no podía considerarse que había pecado.

    5. La "pasión". Cuando alguien suele llegar al "consenso" en un mismo tema repetidamente, se hace cada vez más dificil superar el coloquio y el combate y es más frecuente la sugestión. Consiste en la debilidad interior que se adquiere como un hábito. De todas formas, la voluntad no abandona nunca al ser humano y siempre será posible recomenzar, aunque hay que reconocer que será más difícil.

    Aplicando este proceso a lo que me preguntas, el perdón sería la capacidad de rechazar la venganza y el desprecio a la persona que nos ha hecho daño. Si somos capaces de perdonar, no le desearemos el mal a esa persona, aunque nos pueda venir la "sugestión" (por ejemplo, pensar que nos alegraríamos de ver a esa persona sufriendo), podemos ser conscientes de esta idea y rechazarla.
    Por tanto el perdón no está en el nivel de los "sentimientos" porque los sentimientos pueden ser negativos, pero no son libres, sino en el de las decisiones: "pase lo que pase, no quiero el mal para esa persona, ni actuaré para que le suceda nada malo".
    La persona que no perdona es la que, si pudiese, actuaría en contra de quien le ha hecho daño.

  5. Gracias por tu respuesta, Javi. Es un tema bastante complejo. Supongo que, en ese caso, a mí aún me quedan algunas cosas por perdonar. No sé si sabré hacerlo, sobre todo porque ninguna de las personas a las que no he podido perdonar me han pedido jamás disculpas, y soy consciente de que intentaron (y en ocasiones consiguieron) hacerme daño libre y conscientemente. Sé que Jesús perdonó a los que lo crucificaron, aunque no se arrepintieran. El problema es que Jesús era Dios y era perfecto, y yo no soy ninguna de las dos cosas. Y, la verdad, a veces me hace sentirme relamente mal (el no ser capaz de perdonar).

  6. javi, antes que nada felicitarte por tu pedazo de explicacion, me ha encantado. Me ha llamado la atencion algo que pones al final de que los sentimientos no son libres, y te queria preguntar sobre esto, mas bien saber tu opinion. ¿crees que los sentimientos se pueden cotrolar y hasta cambiar? es que pienso que unos se pueden y otros no
    estelwen: no te desanimes, dios conoce lo debiles que somos, pero tambien conoce nuestras capacidades, jamas nos habria pedido que perdonasemos siempre si no fuesemos capaces de ello. Es mas se lo que cuesta perdonar sobre todo cuando te hacen daños grandes y tambien cuando a la persona que perdonas te vuelve a hacer daño una y otra vez, pero aun asi hay que hacerlo, guardar rencor solo sirve para aumentar el daño y el dolor en el mundo y a veces hasta puedes hacer daño a quien no quieres y contagiar ese rencor. A mi algo que me ayuda es las palabras de cristo en la cruz "Padre perdonalos porque no saben lo que hacen" tambien el pensar que a cristo desde que nacio, le hicieron daño una y otra vez, en su pasion recibio u golpe tras otro, una tortura tras otra, y perdonaba, creo que no se daban cuenta de lo que hacian ni del daño que se causaban a si mismos. A cristo tampoco le pidieron disculpas, y creeme se el bien que hace que te digan un "lo siento, me arrepiento de lo que hice" algo que a mi tampoco me dice. supongo que porque no se dan cuenta de ello y de las consecuencia del daño. Estelwen, te paciencia cotigo misma y sigue luchando por perdonar quizas no estes ganado la batalla, pero ganaras la guerra.
    perdona por meterme tanto pero es un tema que siempre tengo a flor de piel, y por el que sigo meditando mucho, y se que me queda mucho por meditar.
    a mi tambien hay muchas cosas que debo olvidar y me cuesta, porque suelo recordar mas lo malo que lo bueno, y otras por necesidad no las puedo olvidar. Perdonar es dificil, y a veces incluso despues de hacerlo, vuelves a recordar el daño perdonado, y el dolor y la tentacion del rencor vuelven.Pero el amor de verdad es tambie perdon, perdonar es amar.El perdón es esperanza.
    Cuando te fallen las fuerzas para perdonar pidele a dios que te de fortaleza para coseguirlo. Veras como ganas la guerra, ganaremos todos esa guerra.
    y mis disculpas si quizas me he metido donde no me llamaban.
    Animo a todos.
    pd.: es verdad, es un tema muy complicado.

  7. Gracias por compartir con nosotros vuestras reflexiones y vivencias, Andrómeda y Estelwen.
    Es cierto que los sentimientos no son libres, y por tanto no se pueden controlar cuando ya están presentes. Lo que sí se puede controlar son las decisiones.
    Cuando, a lo largo de la vida, una persona rechaza siempre un mismo sentimiento (por poner un ejemplo simple, la ira), poco a poco va formando su personalidad para ser más fuerte ante ese sentimiento (y, en el ejemplo, conseguirá ser más pacífico). Así que, a la larga, los sentimientos se pueden ir controlando, pero no de forma inmediata (es decir, que la persona que se ha ido haciendo pacífica, tendrá que seguir luchando contra la ira, aunque le sea más fácil, no significa que haya dejado de sentirla).
    En la realidad los sentimientos no son tan simples, solemos sentir muchas cosas, a veces contradictorias y entremezcladas. Por eso tantas veces es difícil tomar decisiones, pero debemos hacerlo de todas formas y nunca escudarnos en "yo hago lo que siento" (como afirma un fatídico anuncio publicitario estos mismos días). "Yo hago lo que decido", esto siempre es cierto (salvo enfermedad), y si he decidido dejarme llevar por lo primero que venga a la mente, pues después no tengo derecho a quejarme.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.