26 Sep 2020

Vencer las tentaciones (Mateo 4,1-11)

[Evangelio del domingo, 1.º Cuaresma – Ciclo A]

Mateo 4,1-11:

En aquel tiempo, Jesús fue conducido al desierto por el Espíritu para ser tentado por el demonio. Y después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, al final tuvo hambre.
Entonces se le acercó el tentador y le dijo:
—Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes.
Jesús le respondió:
—Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta el templo y le dijo:
—Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Mandará a sus ángeles que te cuiden y te tomarán en sus manos, para que no tropiece con las piedras tu pie”.
Jesús le contestó:
—También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”.
Luego lo llevó el diablo a una montaña muy alta y mostrándole la grandeza de todos los reinos del mundo le dijo:
—Todo esto te daré si te postras y me adoras.
Jesús le replicó:
—Retírate, Satanás, porque está escrito: “Adorarás al Señor, tu Dios, solo a él darás culto”.
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

El evangelista Mateo ha combinado con maestría multitud de referencias a las Escrituras. Su comunidad estaba formada sobre todo por judíos que seguían el mensaje de Jesús; para ellos estaba claro que no habían abandonado el judaísmo para hacerse cristianos, sino que Cristo era la plenitud de las Escrituras judías.
Para mostrar esto, el pasaje de las tentaciones está tejido con insinuaciones a la historia de Israel que un judío captaba fácilmente; algo parecido sucede cuando nosotros citamos medio refrán e imaginamos que quien nos escucha entiende el mensaje entero. La diferencia es que aquí Mateo está hablando de la etapa fundamental del pueblo de Israel, cuando Dios lo sacó de Egipto y lo condujo por el desierto durante cuarenta años. Aquella experiencia la conocía cualquier muchacho hebreo, pero no tanto por los detalles históricos, sino por la reflexión desde la fe que el pueblo hacía. En el desierto el pueblo pasó por duras tentaciones, quiso volverse a Egipto, a la seguridad del alimento en la esclavitud, quiso adorar a ídolos, a un toro hecho de oro, en vez de a su Dios liberador, quiso tentar al mismo Dios porque no se fiaba de él. Toda la Biblia está llena de la experiencia de pecado de Israel y del perdón concedido por Dios, que renueva una y otra vez la Alianza.
Este trasfondo está en la lectura de hoy desde la palabras «desierto», «tentación» y «cuarenta». Mateo insiste en que Jesús está totalmente metido en la historia de su pueblo, desde el principio nos presenta una genealogía que le remonta a Abraham, después describe su viaje a Egipto y su vuelta de allí hasta la tierra prometida, siempre conducido por Dios y su Palabra. Ahora, tras el bautismo, el evangelio nos va a mostrar a Jesús sufriendo las mismas tentaciones que su pueblo, pero, a diferencia de él, Jesús saldrá victorioso.

La primera tentación es comprensible: «después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, al final tuvo hambre». Parece un poco ridícula la frase, puesto que cualquiera de nosotros sentiría hambre ya la primera noche, pero cumple un objetivo muy preciso, relacionar el número cuarenta con el hambre. El número y el desierto remiten en seguida al éxodo de Israel por el desierto, el hambre es una de las tentaciones del pueblo, la que le hace mirar atrás, a la esclavitud y ¡desearla!

«¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en el país de Egipto cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a todo este pueblo.» (Éxodo 16,3)

Lo que el tentador plantea es sencillo; poner las propias necesidades y apetencias como prioridad. El ayuno tiene un sentido espiritual; subraya que la vida auténtica no viene por la satisfacción física, sino que dentro del ser humano hay un hambre más hondo que solo Dios puede colmar. El tentador, en cambio, tiene una idea egoísta del Hijo de Dios; para él, ser Hijo de Dios quiere decir aprovecharse de los propios «poderes» como si fuese un mago o un hechicero.
Jesús rechaza la propuesta con un recurso también espiritual, la Palabra de Dios. Recurre a la Escritura como alimento de su alma y precisamente será ese alimento el que le ayudará a superar la tentación. La cita de Jesús es una frase de Deuteronomio 8,3; si leemos el párrafo entero del Deuteronomio vemos que se trata de una explicación de por qué el pueblo pasó hambre en el desierto; se afirma que Dios prueba a su pueblo como un Padre educa a su hijo, que las dificultades le hacen fuerte en la fidelidad, pero que, al mismo tiempo, Dios le dio el maná para alimentarlo.
El pueblo falló en la tentación, le falló la fidelidad a Dios. Jesús, en cambio, será capaz de renovar el pueblo de Dios a través de su propia fidelidad a la Palabra.

En la segunda tentación el diablo cambia de estrategia; si Jesús cita las Escrituras, el tentador también se la conoce al dedillo y es capaz de darles la vuelta para hacer que encajen con sus intereses. «Si eres el Hijo de Dios, el Altísimo de protegerá, lo dice la Biblia».
Si Jesús hubiese querido triunfar y tener éxito, no hubiese actuado como lo hizo, rodeándose de gente sencilla y aceptando la compañía igualmente de pecadores y de fariseos, de prostitutas y de jefes de sinagoga. La tentación del éxito fácil, es también la de tentar a Dios mismo, como quiso hacer el pueblo en el desierto. La respuesta de Jesús es una cita del Deuteronomio 6,16, que, leída en su contexto, recuerda el episodio en que el pueblo murmura contra Dios y le exige agua, añorando de nuevo la esclavitud en Egipto (Éxodo 17,1-7).

La tercera tentación es la definitiva. La frase del diablo es engañosa: «Te daré todo el poder si reconoces que yo tengo todo el poder». En sí es absurda pero se cae muchas veces en ella. Pretender dominar a los demás es, en el fondo, perder la libertad y ser dominado por el ansia de poder. Es la paradoja que muchos hombres poderosos han experimentado en la historia. Más tarde Jesús enseñará que el poder entre sus seguidores solo puede ser servicio, colocarse en el último lugar.
La respuesta ante la tentación vuelve a ser la Palabra de Dios (Deuteronomio 6,13), la llamada a la fidelidad que el pueblo, en el desierto, no supo cumplir. Prefirieron hacerse una escultura en forma de toro y adorarlo como su dios, en vez de esperar a Moisés que bajaba con la ley liberadora de Dios.
Al final del evangelio, Jesús mismo dirá que le «han sido dados todo poder en el cielo y en la tierra» (Mateo 28,18); aquello que el diablo le prometía, el poder, lo ha adquirido Jesús de otra manera; en vez de postrarse y adorar al mal, ha entregado su propia vida por amor a la humanidad y al bien.

Para nosotros las tres tentaciones se nos presentan con ropajes distintos, pero son siempre las mismas: poner nuestra vida al servicio de nuestros instintos; poner a Dios a nuestro servicio; poner a los demás a nuestro servicio.
Vencer las tentaciones no es fácil; no lo fue para Jesús ni lo será para nosotros, por eso Mateo nos ofrece su reflexión. Jesús, ante todo, se aferra firmemente a su fe, se acoge a Dios y a su Palabra para vencer las tentaciones; no dialoga con ellas, no empieza a buscarles sus pros y contras, se da cuenta desde el principio de que el tentador quiere desviarle de su camino. Mateo nos sugiere así una forma de lucha contra la tentación, la Palabra de Dios: Leerla, meditarla, orarla, hacerla nuestra, incorporarla a nuestro sentir y a nuestra forma de comprender el mundo y la vida. En segundo lugar, todas las tentaciones suponen querer servirse de los demás, o de Dios, en vez de ofrecer la propia vida al servicio de los otros; el servicio callado y desinteresado, como Jesús mismo vivió y nos enseñó, será una herramienta poderosa contra la tentación del egoísmo. En tercer lugar, la tentación siempre se desenmascara como esclavitud; los textos del Antiguo Testamento son muy claros, el pueblo murmura contra Dios y contra Moisés añorando lo bien que vivían siendo esclavos en Egipto. En la Biblia Dios siempre quiere liberarnos, nunca esclavizarnos, pero también deja que nosotros escojamos el camino. Por último, Jesús no nos deja solos en nuestra lucha, nos prometió que estaría siempre con nosotros, hasta el fin de los tiempos, y así sigue siendo.

(Dibujo: Fano)
(Domingo 1.º Cuaresma – Ciclo A)

7 comentario en “Vencer las tentaciones (Mateo 4,1-11)

  1. ««Te daré todo el poder si reconoces que yo tengo todo el poder». En sí es absurda pero se cae muchas veces en ella. Pretender dominar a los demás es, en el fondo, perder la libertad y ser dominado por el ansia de poder. Es la paradoja que muchos hombres poderosos han experimentado en la historia. Más tarde Jesús enseñará que el poder entre sus seguidores solo puede ser servicio, colocarse en el último lugar.»

    ¡Seguro que yo no soy la única que lee esto y piensa en el Anillo Único! 😀
    Tolkien era católico, y se nota; hizo un símil bastante bueno de lo que acabas de comentar. El Anillo Único promete el poder absoluto, pero en cuanto lo aceptas se apodera de ti, te corrompe y te domina. Es lo que le pasó, por ejemplo, a Gollum. En cambio, Frodo acaba siendo el salvador de toda la Tierra Media precisamente por lo opuesto; por ponerse al servicio de los demás y del bien, aún con riesgo para su comodidad y su vida.

    Por otra parte, y desde un punto de vista teológico, es otro de los textos que me traen de cabeza, porque es otra ocasión en la que se diferencia claramente a Jesús y a Dios como dos entes separados. A ver si voy a ser politeísta y no me he dado cuenta de ello… ^^U

  2. Me gusta, tanto el comentario que haces del evangelio de las tentaciones de Jesús,como la alusión al «anillo único que hace Estelwem.
    No hay duda que Jesucristo tentado en el desierto es una llamada a su seguimiento y a superar las tentaciones..
    A mi me ADMIRA que nada menos que el Hijo de Dios,SE ABAJARA tanto hasta ser tentado por el diablo como un hombre cualquiera.Y pienso,no sé si con un fundamento teológico, que en Él fuimos tentados todos y en Él vencimos.Jesús asume nuestras tentaciones,permite nuestras caidas,pero al fin venceremos.La garantía es que Él,siendo tentado venció el mal con su muerte y resurrección y con Él vencimos en esperanza.¡UNA BUENA NOTICIA!

  3. Gracias, Estelwen y miguel Ángel.
    Yo también pienso que todo está conectado, que la victoria de Jesús sobre la tentación (porque en el fondo solo hay una tentación y es siempre la misma, el egoísmo) influye en nosotros cuando nos toca luchar contra ella.
    La lectura teológica de eSdlA es muy interesante, sobre todo ese aspecto central en el que el servicio a los otros se entiende como la clave que diferencia el bien del mal (ya comenté algo parecido del Silmarillion).
    El otro tema que abre Estelwen nos llevaría muy lejos, y de hecho fue fuente de controversia durante los primeros siglos del cristianismo. Se fue resolviendo con mucho esfuerzo en los primeros concilios ecuménicos (Nicea 325, Constantinopla 381, Éfeso 431, Calcedonia 451, Constantinopla II 553 y Constantinopla III 680-681). Es decir que tardamos ¡casi siete siglos! en ponernos de acuerdo en cómo entender la relación de Jesús con Dios Padre y cómo podía ser humano y divino al mismo tiempo. Lo que no se tardó nada es en rechazar el politeísmo, que estaba claro desde el principio, como herencia del judaísmo.
    Por supuesto, los concilios se expresan con la terminología de su época y con la filosofía y el pensamiento propios de su cultura, por eso a nosotros nos toca seguir reflexionando sobre lo que dijeron para que sea significativo para el mundo de hoy.

  4. Molt bé, Javi. Realment val la pena llegir els teus comentaris. M’ajudes molt en la predicació. Gràcies, amic.

  5. no comento mucho porque voy con algo de prisa estos dias pero si decir un par de cositas.
    Una, que no creo que cristo fuese tentado solamente en el momento que menciona creo que fue tentado toda su vida, al igual que la virgen maria, pero siempre vencieron las tentaciones y el pecado, triunfando asi para siempre el bien sobre el mal.
    Dos, que la ultima tentacion me parece algo abusurda (como dices) y tonta por parte del otro bando, ¿tentar al hijo de dios con poder, cuando dios es todo poderoso? no se me parece que si pretendia tentarle era algo bobo. Ahora bien, si se toma las tentaciones como ejemplos de los pecados de la humanidad, que cristo tenia que vencer, pues sí, el afan de poder es uno de los mayores pecados de la humanidad, y por el cual se cae en otras muchas tentaciones.
    Javi he leido tu comentario de hoy solo por encima, ya te leeré bien, he tenido unos dias duros.

  6. Ánimo, Andrómeda. Es cierto que Jesús tuvo esas mismas tentaciones toda la vida, lo que el texto de hoy nos quiere decir es qué actitud tuvo siempre para vencerlas. Para ello construye este relato lleno de símbolos.

  7. Hola buenas asi es es muy interezante saber todo los significados q. cada palabra. Xq asi entendemos mejor el mensaje d Dios. Gracias x exponerlo en internet. Xq. Nos ayuda mucho para dar nuestros temas. Y aparte t ayuda a reflexionar para ser mejor. Y llevar el amor d Dios. y echale ganas a mi servicio d misionera. Dios m los bendiga hoy y siempre. Buenas noches

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