21 Oct 2020

Transformar el mal en bien

Isaías 2,4:
De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas.

Esta breve frase siempre me ha llamado la atención porque contrasta con nuestra forma de ver muchas veces el mal y el bien. Como si dentro de nosotros tuviésemos la posibilidad o la fuerza para hacer el mal y, por otro lado, la oportunidad y la energía para hacer el bien. Los malos -en la mayoría de las películas- deben ser aniquilados y los buenos tienen este cometido. Igualmente, habría fuerzas en nuestro interior que deberíamos «reprimir» para que otras fuerzas pudiesen salir a la luz.
Me parece que Isaías ha hecho una reflexión sobre esto y ha sacado una conclusión distinta. Él no dice que las espadas y las lanzas serán destruidas, quemadas y pulverizadas y que, por otro lado, se construirán herramientas para la vida -para el cultivo del campo que produce alimento y vida-; Isaías se ha dado cuenta de que son las mismas armas, el mismo hierro y madera, las mismas energías que los seres humanos tenemos dentro, las que pueden convertirse en armas de destrucción o en objetos de vida nueva y fecunda.
No se trata de «reprimir» en nuestro interior unas fuerzas y de sacar a la luz otras, se trata de enfocar, de canalizar toda la energía que Dios nos ha querido regalar hacia la donación de vida, que cuesta ciertamente esfuerzo, pero que es capaz de crear un mundo de Paz, que es de lo que se trata.
En resumen, Isaías, hasta cuando es utópico e idealista, tiene los pies en la tierra y escribe cargado de realismo.

2 comentario en “Transformar el mal en bien

  1. mmmmmmm, no sé qué decirte, alonso_gilka. Seguramente cuando San Josemaría dijo esto hablaba de un tema distinto al que yo decía. Estoy de acuerdo conla explicación de ésta frase en cuanto a «vivir de afirmación, llenos de optimismo». Pero yo estaba intentando profundizar en algo que tan sólo intuyo y no llego a expresar debidamente: La fuerza para vivir de optimismo, de afirmación no es una fuerza distinta a la que utilizamos para el mal. Es la misma fuerza que Dios nos da y que nuestra libertad modela. Por eso «de las espadas, de las mismísimas espadas, forjarán arados», y no de otro metal distinto…
    Sigo sin estar seguro de expresarme del todo bien.

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