29 Mar 2020

Vocación de Mateo (Mateo 9,9-13)

[Evangelio del domingo, 10.º Tiempo Ordinario – Ciclo A]

Mateo 9,9-13:
Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado en el lugar donde cobraba los impuestos para Roma. Jesús le dijo:
-Sígueme.
Mateo se levantó y lo siguió.

Sucedió que Jesús estaba comiendo en la casa, y muchos cobradores de impuestos, y otra gente de mala fama, llegaron y se sentaron también con Jesús y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos preguntaron a los discípulos:
-¿Cómo es que vuestro maestro come con los cobradores de impuestos y los pecadores?
Jesús los oyó y les dijo:
-Los que gozan de buena salud no necesitan médico, sino los enfermos. Id y aprended qué significan estas palabras de la Escritura: «Quiero que seáis compasivos, y no que me ofrezcáis sacrificios». Pues yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

El domingo vamos a poder escuchar un pasaje del evangelio de Mateo con dos escenas. Es muy conocido, pero no por eso menos interesante, porque está lleno de detalles en los que fijarnos:

En la primera escena, Jesús llama a Mateo, el recaudador de impuestos. Ante todo, hay que subrayar que Mateo era judío, pero se encargaba de cobrar impuestos para los romanos, que eran el ejército invasor, y por ello todos los demás judíos rechazaban a los que tenían esa profesión. Los consideraban pecadores y vendidos al poder extranjero. Jesús, en cambio, no tiene problema en llamar también a un publicano entre sus discípulos más cercanos y eso seguro que causó sorpresa y disgusto entre los «bienpensantes» de su época. Por otra parte, sorprende la reacción rápida de Mateo, abandonando su vida cómoda para seguir a Jesús inmediatamente. Es uno de los «milagros» más maravillos, en mi opinión, de los que Jesús hizo.

En la segunda escena Jesús se sienta a la mesa en un banquete con gentes mal vistas en su sociedad. El gesto de comer juntos era muy importante entonces, mucho más que ahora, que nos podemos conformar con una hamburguesa de comida rápida y punto. Los fariseos se extrañan, porque los rabinos honorables que había en la época evitaban juntarse con los pecadores; por eso le critican. Pero Jesús responde mostrando cómo es el corazón de Dios: un corazón misericordioso que no rechaza a nadie, sino que quiere que todos sigan los pasos del amor y la acogida, como Jesús. Es importante que entiendan la respuesta de Jesús para la actividad. Jesús es el médico y los pecadores los enfermos. La frase que cita Jesús según Mateo («Misericordia quiero y no sacrificios») es del profeta Oseas, uno de los que tanto insistieron en la profundidad de la vivencia religiosa, por encima del «cumplir» del «aparentar» que tan fácil resulta y que esconde a veces la hipocresía de una vida que no sigue a Jesús en realidad.

Jesús es el que ha venido a llamar a los pecadores… y ¡atención! porque tengo comprobado, aunque ahora no hay tiempo aquí para argumentarlo, que en realidad les está llamando «pecadores» a los fariseos criticones, y les está invitando, como cualquier otro pecador, al banquete. ¿No os convence esta interpretación? Echadle un vistazo a Lc 15.

(Domingo 10.º Tiempo Ordinario – Ciclo A)

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