4 Jul 2020

Los tres mandamientos del amor (Marcos 12,28b-34)

[Evangelio del domingo, 31.º Tiempo Ordinario – Ciclo B]


Marcos 12,28b-34:

En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó:
—¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?
Jesús le contestó:
—El primero es: “Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.”
»El segundo es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No existe otro mandamiento mayor que éstos.
Le dijo el escriba:
—Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.
Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo:
—No estás lejos del Reino de Dios.
Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

La gran preocupación de los judíos más religiosos del tiempo de Jesús era la fidelidad a Dios. Los fariseos, por ejemplo, encontraban la respuesta en el cumplimento estricto de las normas de la ley de Moisés, que su tradición concretaba en 365 prohibiciones y 248 obligaciones. Tenemos que reconocer que la intención era buena. La vida no es nada sencilla, y tener un punto firme donde agarrarse es importante para mucha gente. Jesús no los denunciaba por su deseo de ser fieles, sino por exagerar los elementos superficiales y el cumplimiento estricto y olvidarse de lo fundamental, el amor.
Entre los diversos grupos judíos se discutía cuál de todos los mandamientos podía ser el más importante (los rabinos hablaban de «mandamientos pesados» y «mandamientos ligeros»). La pregunta que hace aquel escriba era, por tanto, habitual en la reflexión de los hebreos. Pero el escriba es diferente a todos los demás grupos religiosos judíos que han aparecido poco antes; él pregunta a Jesús porque desea de verdad su respuesta, los otros, en cambio, querían ponerle trampas a Jesús para acusarlo con sus propias palabras. Esto se nota en la pregunta (el escriba no llama «maestro» a Jesús al principio, sino cuando Jesús ha respondido y él entiende que la respuesta es buena) y en la respuesta (Jesús antes siempre acusaba a los interlocutores de hipocresía y de ignorancia, y ahora sencillamebte da una respuestaclara. Este escriba es sincero y la respuesta que recibe de Jesús es directa.
Siempre hemos oído decir que Jesús une dos mandamientos cuando el escriba le había pedido solo uno. El mandamiento del amor a Dios y el mandamiento del amor a los demás están tan unidos que Jesús no puede quedarse con uno u otro. No se puede amar a Dios sin amar a los demás (nos lo recordarán también las cartas de Juan y de Santiago). En realidad, no se trata de dos mandamientos, sino del mismo, visto desde dos perspectivas. Dios es amor, él nos ha creado por amor y nos ha llamado a amar. Todos nosotros somos sus criaturas e imágenes de su mismo ser, aunque muchas veces lo hacemos tan mal que nos cuesta transparentar las maravillas que Dios ha puesto y pone dentro de nosotros. Amar a Dios y amar a los demás son dos aspectos del mismo amor que estamos llamados a vivir, ser y hacer.
Pero todavía queda una cuestión, que casi nadie ha visto. Jesús no une dos mandamientos, sino tres. ¿Lo veis? No está demasiado escondido, pero ha pasado desapercibido durante siglos: El escuchar.
El texto del Deuteronomio que Jesús cita al principio y que habla del amor a Dios comienza con unas palabras que se interpretan como una llamada de atención: «Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor». Pero si repasamos el evangelio de Marcos, vemos que el escuchar es un auténtico mandamiento que la voz de Dios dirige a los discípulos en el momento de la transfiguración («este es mi hijo amado, escuchadlo»). Así, Jesús une tres mandamientos porque los tres son necesarios.
Escuchar que Dios es Señor significa reconocer en él la vida y el amor que, antes de dar, recibimos. Todas las personas que nos aman son la expresión de ese amor inmenso que nos rodea y nos cuida incluso en los momentos de mayor oscuridad. Dios nos ama, y la demostración máxima de ese amor es que Jesús dio su vida por nosotros de forma total, sin condiciones, sin requisitos previos, sin méritos nuestros. El mandamiento del amor a Dios y a los hermanos solo tiene sentido si hemos comprendido bien y experimentado que somos profundamente amados. De otro modo, el esfuerzo de amar a los demás sería un voluntarismo vacío que tarde o temprano se hundiría. No tiene sentido amar sencillamente «porque me han dicho que debo hacerlo», el amor no se puede mandar, solo puede brotar de la profundidad de un corazón libre i liberado.
Por desgracia, en la Iglesia hemos cometido muchas veces el error de los fariseos; seguramente por buena voluntad, hemos insistido en la necesidad de cumplir los mandamientos, de ser fieles a las obligaciones, de evitar las cosas prohibidas, pero se nos ha olvidado anunciar el elemento principal del evangelio, que es «buena noticia»: Dios te ama y da su vida por ti, por tu felicidad, por tu libertad, por tu plenitud.
Bien mirado, es muy inteligente que el primerísimo mandamiento sea escuchar a Dios, buscar su presencia en nuestras vidas, observarlo actuando, medio oculto, en la vida cotidiana. Dios es tan grande, tan inmenso, que no necesita manifestaciones extraordinarias para hacerse presente. Está constantemente amándonos en los mil detalles que vivimos cada dia. Solo tenemos que abrir los oídos para escucharlo.

(Domingo 31.º Tiempo Ordinario – Ciclo B)
(Dibujo: fano)

5 comentario en “Los tres mandamientos del amor (Marcos 12,28b-34)

  1. los felicito que preciosos comentario del evangelio de todos, con palabras facil de entender con el comentario exacto que necesitamos, estan maravillosos que quisiera guardarlos para llevarlos a mis hermanos y compartirlos!!!

    1. Gracias, Maria. Puedes contribuir con tus opiniones, así entre todos compartimos lo que la Biblia nos sugiere y enciende en nosotros. Saludos.

  2. Una vez más… muy enriquecedora esta hermosa reflexión….Mil Gracias!!!!:)….Xavi en el comentario donde haces alusión a las Cartas de Juan y Jaime…..(?) quien viene siendo Jaime???

    1. Gracias por la indicación, Silvia. El nombre «Jaime» es un error de traducción; me refiero a la carta de Santiago. Ya lo he corregido en la entrada.

  3. Gracias Xavi por la aclaración….ya me estaba sintiendo mal por no saber quien era Jaime. Que Dios te siga llenando de bendiciones.

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