5 Dic 2020

La transfiguración (Marcos 9,2-10)

[Evangelio del domingo, 2.º Cuaresma – Ciclo B]

Marcos 9,2-10:

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:
—Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Ellas.
Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube:
—Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
—No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

Marcos nos relata la transfiguración de Jesús con muchos detalles simbólicos que cualquier judío de la época conocía. La montaña alta era el lugar del encuentro entre Dios y los seres humanos; hay algunos personajes emblemáticos en el Antiguo Testamento que se encuentran con Dios en la cima de montañas, dos ejemplos claros son Moisés y Elías, los dos grandes representantes de Dios ante su pueblo. Moisés porque recibió la Ley en el monte Sinaí y la transmitió a Israel; Elías como profeta por excelencia, que lleva la Palabra de Dios. Precisamente, estos dos personajes serán los que hablarán con Jesús, el nuevo portador de la Ley definitiva del amor y de la Palabra última de Dios.
Los vestidos blancos y luminosos son expresión de la divinidad, que está oculta en Jesús, y que normalmente no aparece a la vista, pero que unos pocos discípulos tienen el privilegio de contemplar.
Pocos versículos antes, Jesús ha comenzado a anunciar a los discípulos su pasión, muerte y resurrección, y la respuesta de Pedro ha sido muy clara: Eso no es posible, eso no puede pasar. Pedro, igual que los otros discípulos, igual que nosotros, no puede aceptar que el amor total de Dios se manifieste dando la vida hasta la muerte. Es más fácil pensar que Dios viene a castigar a los malvados y premiar a los buenos, pensar que Dios mira con buenos ojos a los que le hacen caso y se enfada con los que le desobedecen. Es decir, es más fácil pensar que Dios es como nosotros, reacciona como nosotros, razona como nosotros. Pero Dios está muy por encima de nuestras ideas y sentimientos. O, mejor dicho, Dios está mucho más «dentro».
Así, después del momento de choque que supuso para los seguidores que Jesús anuncie la cruz, ahora se manifiesta con la fuerza de su divinidad ante algunos de ellos. De esta manera muestra que su pasión y muerte no será fruto del fracaso, sino de una auténtica entrega voluntaria motivada por el amor.
El reto que esta lectura nos presenta a nosotros es parecido a de los discípulos de aquel tiempo que a penas entendían nada. Sabemos que Jesús muere en la cruz porque se ha entregado por nosotros; lo sabemos porque nos lo han dicho desde pequeños. Pero asumir que este sea el camino de la vida, de la auténtica felicidad que Jesús nos propone, es un verdadero desafío.
Pidámosle al Señor que nos abra el corazón para que seamos capaces de escuchar a su Hijo y seguir sus huellas.

(Domingo 2.º Cuaresma – Ciclo B)

3 comentario en “La transfiguración (Marcos 9,2-10)

  1. De este fragmento me hace siemore muchísima gracia la reacción de Pedro. Ves a Cristo transfigurado, conversando con Elías y con Moisés, y lo único que se te ocurre decir es: «Pues qué bien se está aquí, ¿no? ¿Montamos una tiendecita para cada uno?». Sólo le faltó decir «yo traigo el vino, Santiago el pan y Juan las chuletas, ¡y nos montamos una barbacoa divina, nunca mejor dicho!» XDDD
    Una reacción tan humana como verosímil: intentar mantener la normalidad y tratar de quedar bien en una situación inesperada o desconocida.

  2. Es cierto, Estelwen. Algunos lo interpretan como el deseo que sentimos de quedarnos en los momentos más místicos de nuestra vida. Pero después toca «bajar del Tabor» y enfrentarnos de nuevo con la vida real. Eso sí, con las pilas cargadas por la experiencia profunda de Dios.

  3. La reacción de Pedro nos muestra que no estamos siempre preparado para ver la manifestación de la gloria de Dios, es la razón por la cual debemos ser procesados y preparado para entrar a la sobrenaturalidad de el Señor, y poder así proceder con coherencia y sobriedad, siendo buenos administradores de los misterios Reino de Dios.

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