17 Feb 2020

Jesús sí puede (Juan 6,1-15)

[Evangelio del domingo, 17.º Ordinario – Ciclo B]


Juan 6,1-15:

Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente porque habían visto los signos que hacía con lo enfermos.
Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente dijo a Felipe:
—¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?
Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
Felipe le contestó:
—Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:
—Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces, pero ¿qué es eso para tantos?
Jesús dijo:
—Decid a la gente que se siente en el suelo.
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron: sólo los hombres eran unos cinco mil.
Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados; lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos:
—Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
—Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.
Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña, él solo.

Los textos de las multiplicaciones de los panes y los peces en los evangelios nos fascinan y a la vez nos inquietan. Solemos discutir sobre la historicidad o no de aquellos hechos, de cómo es posible, de si las cifras de miles de personas son reales o simbólicas… y así nos perdemos quizá lo más importante: Cuando Jesús está, sobra para todos.

En el pasaje de Juan encontramos una riqueza de personajes y relaciones que nos pueden iluminar. Por una parte está la gente, que ya al principio el evangelista mira con desconfianza: Lo seguía porque habían visto los signos que hacía con lo enfermos. Juan tiene una manía especial contra los que no siguen a Jesús sinceramente, sino por interés. Al final del pasaje todo sale a la luz, la gente, fascinada por el milagro de Jesús, quiere hacerlo rey. Todos queremos un rey que nos dé de comer gratis. Así cualquiera… Al principio la gente lo sigue, y al final Jesús ha de huir. No han entendido nada.

Los discípulos también son importantes en el pasaje; y sobre todo lo son porque nos representan a nosotros, que queremos ser también seguidores de Jesús. La propuesta de comprar pan para todos sorprende a Felipe igual que a nosotros. Jesús nos dice: id al mundo a saciar las múltiples hambres que existen. Y nosotros lo miramos con la boca abierta y aseguramos: Es imposible; necesitaríamos mucho dinero, muchos esfuerzos, mucha gente, muchos proyectos, mucha coordinación, muchas subvenciones…
Hay otro personaje, muy entrañable, que no aparece cuando Mateo, Marcos o Lucas nos cuentan el mismo relato: el muchacho que lleva panes y peces en la mochila. Está en el centro del pasaje y actúa como un fuerte contraste con la gente. Ellos quieren ver milagros, quieren llenarse la panza y les interesa tener un rey que les dé de comer. El chico, en cambio, da lo que tiene, que es muy poco, y lo pone en manos de Jesús sin esperar nada a cambio.

La lección es fácil de escribir, pero muy difícil de comprender y de creer: Jesús puede, de verdad, saciar las hambres del mundo, la necesidad de todos, y pide que nosotros colaboremos con nuestra pequeñez y debilidad.

En tiempos de crisis económica, social y ética, cuando tanta gente lo pasa muy mal, cuando tantos mayores que han quedado sin trabajo y tantos jóvenes no ven ningún futuro, puede resultar temerario y simplista leer en voz alta este texto. Pero tenemos que decir que no propone soluciones milagrosas y fáciles que solo atraen a los ignorantes. Está dando un mensaje muy profundo: Solo con la entrega desinteresada de todos, como hizo Jesús, podremos construir una sociedad mejor.

Jesús puede hacer que nuestras capacidades, nuestra fuerza interior tenga tanta intensidad que llegue a resolver problemas que nos parece imposibles de superar. Y no porque nuestro talento sea ilimitado, ni porque debamos aspirar a ser súper-hombres, como deseaba algún pensador. Somos limitados y lo sabemos, somos pequeños, como el niño del evangelio. Pero Dios puede hacer en nuestra vida mucho más de lo que podemos imaginar.

El evangelista Juan está convencido de ello y nos regala este texto para que hagamos un discernimiento: ¿Queremos seguir a Jesús por el interés, como hacía la gente, buscando que él nos resuelva los problemas? Entonces perderemos totalmente de vista su mensaje y nos conformaremos con hartar nuestra barriga. ¿Estamos dispuestos a poner en sus manos lo que tenemos, aunque sea poco, aunque sea más lógico que nos lo quedemos para nosotros? Si es así, Jesús hará posible que haya para todos, y aun que sobre.

(Todos los comentarios de este texto AQUÍ.)

(Dibujo: fano)

6 comentario en “Jesús sí puede (Juan 6,1-15)

  1. Nunca había leído el texto dándole esa interpretación, pero ahora que lo dices veo que tienes toda la razón. Realmente, con que todos nos preocupásemos un poco por los demás, se acabarían casi todos los problemas de este mundo (salvo los desengaños amorosos y la muerte, creo yo).
    Muchas gracias, Javi 🙂

  2. Gracias a ti, Estelwen. Es cierto que los textos bíblicos pueden tener muchas interpretaciones, y no necesariamente se excluyen una de otras. Influye mucho la vivencia de quien los lee, porque Dios siempre tiene un mensaje para tocar el corazón de cada uno (eso tampoco significa que podamos hacer cualquier interpretación, sino que los textos son ricos en matices).

  3. Cada persona tiene su manera de interpretar la palabra de Dios pero si le pedimos al Espíritu Santo que nos ilumine y nos de el mensaje que en verdad se necesita para nuestro crecimiento personal de seguro que dará el mejor mensaje y de eso trata la palabra de hoy confiar en Dios y en su Hijo que vino al mundo a ser humilde y no a ser REY. El lo es en el cielo ya resucitado no aun hecho hombre… CONFIEMOS EN ÉL,PAN VIVO Y VERDADERO…..

  4. Gracias, Sandra. La interpretación que hacemos necesita de la ayuda del Espíritu Santo que habita dentro de nosotros mismos. Como decía Agustín, Dios está más dentro de nosotros que nosotros mismos.

  5. Acabo de leer este texto, me encanta el comentario, siembra esperanza. También me da otro punto de vista, el que la gente lo siga por interés, siempre me lo imagino de otra manera, no por interés, pero me hace recordar la cantidad de veces que le seguimos por alguna necesidad en vez de por amor o por algún motivo más correcto. También me encanta la confianza y generosidad de las personas que le dan lo poco que tienen a Cristo supongo que por poner granito de arena, y cristo lo convierte en una playa. Cuantas veces nos pensamos que lo que hacemos o queremos aportar no es suficiente o no sirve de nada, o que es mínimo en comparación a lo que hace falta cuantas veces nos rendimos antes de empezar siquiera. Este texto me ha hecho ver lo fácilmente que olvidamos que Cristo está con nosotros y el puede hacer lo que nosotros no podemos.tengo que apuntarme, un confía más en Dios.

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