18 Oct 2021

El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande (Mateo 4,12-23)



[Evangelio del domingo, 3.º del Tiempo Ordinario – Ciclo A]

Mateo 4,12-23:

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que habla dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
—Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.

Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores.
Les dijo:
—Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

Los evangelistas son muy observadores, miran a su alrededor y ven que Dios les está hablando a través de las cosas que suceden, de la vida de cada día. Jesus, de hecho, fijó su residencia un tiempo en Cafarnaún, en la casa de Pedro. Esto, que podría no tener mayor importancia, es visto por Mateo con mucha más profundidad, porque él conoce las Escrituras Sagradas y la historia del pueblo judío. Precisamente en Galilea, siglos antes, comenzó la deportación del pueblo de Israel cuando fueron vencidos por el ejército de Asiria. Aquella tierra despoblada fue colonizada por otra gente, por «paganos», y todavía siglos después, los señoritos de Jerusalén miraban por encima del hombro a los judíos de Galilea, porque los consideraban casi «contaminados» por su historia.
La deportación no era simplemente perder la casa y la tierra, era perder la tierra-prometida por Dios, suponía el desplome de la vida y de las creencias del pueblo. Por eso Isaías les anunció la salvación como una liberación: «El pueblo que habitaba
en tinieblas vio una luz grande». Mateo reflexiona, admirado, y se da cuenta de que Jesús es la auténtica luz resplandeciente, y ha ido a vivir precisamente junto al lago. Los maestros de la Ley y los sabios del pueblo nunca lo hubiesen imaginado; pensaban que el Mesías debía vivir en Jerusalén, el centro religioso y de poder. Jesús, en cambio, cmenzó su obra salvadora en Galilea, y Mateo entiende que es allí donde debía comenzar la salvación, el anuncio de que el Reino de Dios está a punto de llegar, de hecho, ya ha llegado porque Jesús está presente.

A continuación, Mateo nos narra el primer relato de vocación. Jesús pide a unos pescadores que le sigan. Normalmente, los rabinos de la época no llamaban discípulos, sino que acogían a quienes querían ser sus alumnos. Jesús, en cambio, tiene la iniciativa y va a buscar a sus seguidores en su vida cotidiana, en su trabajo, en sus familias.
La respuesta de los primeros discípulos es modélica: dejan en seguida todo lo que tienen entre manos, la seguridad de su trabajo, se su familia, y se deciden a ir con Jesús con la única promesa de ser «pescadores de hombres». Su trabajo a partir de ahora será acompañar a Jesús mientras «enseña, predica y cura». Deben dejarse llenar por la Buena Noticia, por el Evangelio que Jesús transmite, deben vivir en profunda unidad con él. Mucho después, tras la resurrección, llegará el momento en el que el mismo Jesús los enviará por todas las naciones para enseñar aquello que él primero les ha transmitido.

(Domingo 3.º del Tiempo Ordinario – Ciclo A)
(Imagen: Lago de Galilea)

4 comentario en “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande (Mateo 4,12-23)

  1. Hola Javi. Recuerdo cuando nos vimos por primera vez. Fuimos a Moncada porque creíamos que Dios nos llamaba, aunque sin poder asegurarlo al cien por cien. Pero había que optar, y optamos por seguir el camino en el que estamos ahora. Han pasado ya unos veintiún años y medio. Y seguimos en la brecha. Seguimos en la misma inseguridad, pero hay que optar, y seguimos optando por este camino. Muchas felicidades por nuestra fidelidad. ¿No et sembla?

  2. Saludos, Paco. ¡21 años ya! Cada día llamados por el buen Jesús para seguirlo, para abrir caminos nuevos, para ser felices repartiendo su felicidad. 😀

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