13 Jul 2020

El mundo no nos es indiferente (Mateo 5,13-16)

[Evangelio del domingo, 5.º Tiempo Ordinario – Ciclo A]

Mateo 5,13-16:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
»Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa.
»Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

El mundo no nos es indiferente. Si alguno ha confundido el cristianismo con la búsqueda de un más allá que se desentiende del mundo, que sepa que no ha entendido nada. Si alguno creía que el cristiano está siempre pensando en el cielo como quien está en la nubes, es que no se ha enterado de qué va esto. Si alguno piensa en la religión como el «opio del pueblo», que haga el favor de leer el evangelio de hoy.
No; el mundo no nos es indiferente. Para Jesús estaba claro. Si Juan nos recuerda que «no somos del mundo» (Juan 17,14) lo hace para que no nos acomodemos a lo malo de nuestras sociedades, para que no nos aburguesemos, para que levantemos la vista hacia Dios; pero nunca para que huyamos del mundo. La sociedad humana nos interesa, ¡vaya si nos interesa! Creemos que podemos aportarle mucho, creemos que el mensaje de Jesús es alternativo (pero alternativo de verdad, no solo porque la palabreja esté de moda), que con sus criterios y sus valores podemos construir una sociedad mejor, más humana, más fraterna, más solidaria, más justa.
Jesús hoy nos da un encargo que puede hacer temblar al más pintado: ¡iluminad las sombras del mundo!, ¡dad sabor a esta humanidad insípida y sosa! Como siempre, las palabras de Jesús tienen su contrapartida: Si hay que iluminar, como una vela, como una lámpara de aceite, tendremos que quemarnos, que derretirnos en favor de los demás; si hay que dar sabor a la ensalada del mundo, tendremos que mezclarnos a fondo, como la sal, tendremos que llegar a todos los rincones, a todas las personas, a todas las fronteras donde la falta de sabor vuelva sin sentido la existencia.
Luz y sal son las grandes metáforas de nuestro vivir y actuar en el mundo. Podemos escondernos en la alacena, pero entonces perderemos nuestra razón de ser. Si la sal se vuelve sosa, si pierde su ser, su esencia, su identidad, ya no vale para nada. Si tapamos la luz con un recipiente ya no ilumina, se convierte en un absurdo, en un chiste de sí misma, en una burla.
Nosotros, cristianos, somos sal y luz cuando nos desgastamos por hacer de nuestro mundo un lugar un poco mejor para todos, cuando seguimos los pasos de Jesús, que supo desgastarse del todo, hasta el último aliento de su vida, hasta su último esfuerzo. La luz no es un elemento decorativo, la necesita el mundo para no tropezar, para saber por dónde va; la sal no es un condimento para sibaritas, en las sociedades antiguas era la única forma de que los alimentos no se estropeasen, era la diferencia entre comer o no comer, entre vivir o morir.
«Vosotros sois la sal de la tierra, la luz del mundo», así que manos a la obra.

(Nota: Un celemín es un recipiente con el que se medía el grano, podéis encontrar más información en la wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Celemín)

(Domingo 5.º Tiempo Ordinario – Ciclo A)
(Imagen: www.scjdehonianos.es)

9 comentario en “El mundo no nos es indiferente (Mateo 5,13-16)

  1. Sencilla y muy buena la reflexión del Evangelio para mañana, domingo 6 de Febrero de 2011. Muchas gracias! Muy buena la página! Que Dios les bendiga en el trabajo que realizan!
    Maximiliano.

    1. Gracias, Maximiliano. Esperamos ser útiles desde la página y ayudar a reflexionar los textos de la Biblia. Que Dios os bendiga también a vosotros.

  2. javi, antes que nade comentarte que me ha sorprendido mucho tu comentario, me ha sorprendido la dureza con la que empiezas, me sorprende de ti, pero no me parece mal, no dices nada ofensivo, y creo que llevas mucha razon, el crisitano se preocupa por el mundo, ser crsitiano no es solo ir a misa, es mucho mas que todo eso.
    Hasta hace muy poco. no entendia este evangelio, con el voluntariado de las jornadas, lo entiendo mejor.
    ¿que seria del mundo o de las personas que andan perdidas en el si los que conocemos y amamos a cristo nos desviamos del camino y no cumplimos con lo que creemos? pues que la tierra se queda sin sal, la gracia se perderia.Las personas quizas viviriamos sin espiritu, y el mundo seria un lugar mucho peor.
    Porque cuando un cristiano, actua como autentico cristiano y realiza la voluntad de dios en todo, contagia a todo el que toca y convierte a todos y a todo en un lugar mejor.Si los que amamos de verdad a cristo, no sabemos llevar a nuestras vidas ese amor… seria un amor desperdiciado.
    Si no la sal, fiajos, una chispa de sal en un vaso o una jarra de agua… y se nota en toda la jarra. aunque haya mas agua que sal.
    Espero haberme explicado, es que no me termina de salir lo que quiero decir. Y como lo siento.

    1. Gracias, Andrómeda. El principio del comentario intenta ser más provocador que duro, pero no es más que una forma de empezar para llamar un poco la atención. Creo que en nuestra Iglesia todavía nos quedamos mucho en nosotros mismos y nos olvidamos de la enorme misión que Jesús nos dio, ser sal y luz.

  3. por cierto javi me encanta como terminas el comentario, el ultimo parrafo. Aunque en general entero esta muy bien.

  4. Si la sal se vuelve sosa… menudo peligro; tu comentario me ha hecho pensar qué pasa no ya si el mundo nos es indiferente sino que seamos indiferentes al mundo. Que ocupemos nuestro puesto, entre otros. Nuestras ideas, entre otras. Nuestras solidaridades, entre otras.
    Y qué grande eso de llamarnos luz, cuando es el Señor nuestra luz, su Palabra nuestra luz…
    Saludos y hasta la próxima.

  5. Hola Javi, hola a todos. Ya hace tiempo que no pasaba por aquí. Siempre me he preguntado cómo iluminar la vida de los demás, cómo dar sabor a la vida de los demás. Y pienso que viviendo la fe con naturalidad se hará realidad todo eso. Es decir, viviendo en el amor que Dios me tiene y amando con ese mismo amor a los demás. Bona nit.

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