31 Mar 2020

¿Preparando la sala o preparando al lector? (Marcos 14,12-16.22-26)

[Evangelio del domingo, después de la Trinidad – Cuerpo y Sangre de Cristo – Ciclo B]


Marcos 14,12-16.22-26:

El primer día de los ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
—¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?
Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
—Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua: seguidlo, y en la casa en que entre decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?»
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
—Tomad, esto es mi cuerpo.
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron.
Y les dijo:
—Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.
Después de cantar el salmo, salieron para el Monte de los Olivos.

El curioso incidente del hombre del cántaro
El pasaje con el que empieza el texto de hoy siempre llama la atención. Parece un extraño caso de adivinación no muy propio del evangelio. ¿No podría haber dicho Jesús dónde tenían que ir simplemente? (De hecho, eso es lo que cuenta Mateo).
En realidad, Marcos no ve las cosas como las vemos nosotros, para él es una forma clara de decir que Jesús lleva las riendas de la situación; y además lo dice narrativamente, con una escena puesta a propósito para llamar la atención del lector (eso lo consigue, ¿o no?), y para prepararlo. ¿Qué quiere decir eso de preparar al lector? Pues es algo que hacemos todos cuando hablamos o escribimos, dar claves y pistas para que se nos entienda cuando lleguemos al meollo de la cuestión. Y aquí resulta que el «meollo» va a ser bastante complicado: estamos a punto de leer el relato de la pasión y muerte de Jesús, ¡nada menos! De entrada, y bajo todas las apariencias, un fracaso absoluto. Así que a Marcos, más que preparar la cena, le interesa preparar al lector para que no se confunda;que no, que a Jesús no lo pillaron desprevenido, no lo detuvieron en un descuido, él se entregó libre y voluntariamente por amor. Éste es el sentido del pasaje tan pintoresco, Jesús domina tanto la situación, que conoce hasta los detalles insignificantes (como un hombre llevando un cántaro).

Sangre de la Alianza
Preparada la cena y al lector, encontramos a Jesús a la mesa realizando un gesto que encierra todo el significado de lo que va a pasar. Es demasiado rico en matices como para comentarlos todos aquí, pero lanzo sólo algunos:
Compartir la mesa era mucho más importante en aquella sociedad que en la nuestra. Significaba estar en comunión de pensamiento y vida con los demás comensales.
Partir y repartir el pan era una tarea reservada al señor de la casa, que realizaba con toda su importancia.
El pan y el vino son al mismo tiempo elementos cotidianos (todas las culturas tienen su pan y su vino, aunque no sean idénticos), y esenciales para la vida. Jesús está dando vida a los suyos con este gesto.
Las palabras de Jesús se refieren a la Sangre de la Alianza derramada por todos:
– La Alianza es el pacto que desde siempre Dios ha querido establecer con su pueblo. El pueblo de Israel la aceptó, pero falló muchas veces, yendo tras los ídolos. Hoy nosotros no ofrecemos incienso a figuritas de oro o plata, pero sí podemos tener nuestros ídolos particulares, como el poder, el dinero, el egoísmo… tanto da; todos los ídolos, en el fondo, pretenden sustituir a Dios y esclavizarnos a ellos.
– La Sangre derramada no es un «precio» que Jesús tenía que pagar, como si Dios fuese como aquellos ídolos que pedían sacrificios humanos. La Sangre es la vida, y Jesús la entrega libremente por amor, mostrándonos un camino insospechado para nuestra propia vida, un camino de entrega que, sorprendentemente, nos va a llevar a la plenitud de nosotros mismos, a la vida más auténtica, a la felicidad.
– Y esta sangre se derrama por todos, no sólo por un pueblo escogido, sino por la humanidad entera que está llamada a acoger el ofrecimiento de amor de Dios, expresada de forma suprema en la entrega de Jesús.

Pan y vino son, desde entonces, el signo de la entrega de Jesús, que nosotros repetimos por petición suya. La comunidad de Marcos ya lo hacía, y sus lectores sabían en que consistía, por eso él quiere hacerles reflexionar acerca de lo más duro y difícil, la cruz. Todo lo que celebraban cada domingo tenía su origen en aquella entrega inolvidable.
Y ahora, con el lector preparado, podrá pasarse al relato de la pasión.

(Domingo después de la Trinidad – Cuerpo y Sangre de Cristo – Ciclo B)

2 comentario en “¿Preparando la sala o preparando al lector? (Marcos 14,12-16.22-26)

  1. Siempre he pensado que hay que tenerlos cuadrados para saber lo que iban a hacerte, tener el poder de cambiar tu destino, pero elegir no hacerlo y seguir adelante, domo hizo Jesús. La verdad, siempre me ha parecido curioso que la historia de la Pasión, de algún modo, le de la vuelta a todos los cultos religiosos que había hasta la fecha. Antes, los humanos tenían que hacer sacrificios y holocaustos para complacer a sus dioses. Pero en el cristianismo es al revés, es Dios quien se sacrifica para ayudar a los humanos. Desde luego, innovador es un rato.

  2. Pues sí, bastante innovador y sorprendente. Como bien dices, el "secreto" del cristianismo está en que ha sido Dios el que ha tenido la iniciativa de "venir a buscarnos"; y lo más curioso de todo, que no tenía ninguna necesidad de ello. Todo ha comenzado sólo por amor.

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