25 Jul 2021

Domingo de Ramos. Pasión de Jesús, amor apasionado (Marcos 14,1 – 15,47)

[Evangelio del domingo de Ramos – Ciclo B]
Hoy, domingo de Ramos, la liturgia nos regala un evangelio especialmente intenso. Leemos entero el relato de la pasión según Marcos, el relato de un amor apasionado (Marcos capítulos 14 y 15).
Os invito a que lo leáis despacio, fijándoos en las actitudes de los personajes. Recordad que los evangelistas no escriben ni crónicas periodísticas ni novelas de entretenimiento. Para ellos nadie debe quedar indiferente ante la pasión de Jesús. Todos los sentimientos y actitudes que describen son pistas, sugerencias, reflejos de los sentimientos y actitudes del propio lector, de ti mismo/a. O al menos pretenden serlo, si tienes la capacidad de abrir tu corazón y tu imaginación para entrar en el propio relato.
Tampoco es necesario leer los capítulos enteros; si hay algún fragmento que te dice algo, que te llena, que te transmite, quédate en él. Dios habla a través de su Palabra de la forma más insospechada.

Sitúate, por ejemplo, en la piel de los discípulos, y haz el esfuerzo imaginativo de olvidar el final, de pensar que no sabes «en qué va a parar todo aquello». Recuerda que tú, como los discípulos, sigues pensando en un Mesías triunfante y glorioso, y acaban de prender a Jesús ante tus narices, con lo cual quedan desmontadas todas tus creencias previas.
Haz como Pedro, que, envuelto en vergüenza, miedo y curiosidad sigue a Jesús de lejos (Mc 14,54) -que es la forma como un discípulo no debe seguir a Jesús-, ponte a tiro de las preguntas insidiosas de la criada, plantéate cómo responderías tú en la misma situación, rodeado de soldados y ante el peligro inminente de la muerte.
Haz de espectador callado en el Sanedrín, juzgando a Jesús; muchos de los ancianos se darían cuenta de que aquello era un juicio amañado, y seguramente a muchos les importaba un pimiento lo que Jesús decía, pero tampoco eran tan viles como para desearle la muerte. Y sin embargo, ante los manejos del sumo sacerdote y sus falsos testigos, evidentes ante cualquiera, prefirieron callarse, quedarse modositos y quietecitos para salir bien guapos en la foto. ¿Eres tú también uno de esos ancianos mudos ante el sufrimiento de los inocentes del mundo?
Ponte en la piel de Pilato, el político, a quien tampoco le importa un bledo un muerto más o menos entre los judíos. Para él todo empieza y acaba en el politiqueo. Sabe que se trata de envidias y rencillas, pero prefiere moverse al son de lo que la gente quiere, y con tal de complacerles, lo que haga falta.
Observa aterrado hasta dónde puede llegar la crueldad humana, hasta dónde se cierra la espiral de violencia de los soldados, hasta dónde alcanzan los insultos de los que pasaban por allí despreocupados. ¿Dónde están sus discípulos? ¿Dónde las decenas, los centenares de personas curadas por Jesús? ¿Dónde las multitudes asombradas porque enseñaba con autoridad? Pues quizá estén en el mismo sitio que tú y yo, detrás de la pantalla, cómodamente sentados, observando el mundo y su injusticia como expectadores callados, leyendo indignados y sin mover un dedo…

Pero esto no va a acabar aquí. Hay Alguien que todavía no ha dicho su última Palabra…

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 14,1 – 15,47:

[Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos Los sumos sacerdotes y los letrados pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían:
S. —No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo.
C. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y se lo derramó en la cabeza. Algunos comentaban indignados:
S. —¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres.
C. Y regañaban a la mujer. Pero Jesús replicó:
† —Dejadla, ¿por qué la molestáis? Lo que ha hecho conmigo está bien. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Os aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se recordará también lo que ha hecho ésta.
C. Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron dinero. El andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
S. —¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua ?
C. —El envió a dos discípulos diciéndoles:
† —Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?»
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.
C. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Al atardecer fue él con los Doce. Estando a la mesa comiendo dijo Jesús:
† —Os aseguro, que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo.
C. —Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro:
S. ¿Seré yo?
C. Respondió:
† —Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del Hombre se va, como está escrito; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del Hombre!; ¡más le valdría no haber nacido!
C. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:
† —Tomad, esto es mi cuerpo.
C. Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron.
Y les dijo:
† —Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro, que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.
C. Después de cantar el salmo, salieron para el Monte de los Olivos. Jesús les dijo:
† —Todos vais a caer, como está escrito: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas.»
Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.
C. Pedro replicó:
S. Aunque todos caigan, yo no.
C. Jesús le contestó:
† —Te aseguro, que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.
C. Pero él insistía:
S. Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.
C. Y los demás decían lo mismo.
C. Fueron a una finca, que llaman Getsemaní y dijo a sus discípulos:
† —Sentaos aquí mientras voy a orar.
C. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo:
†—Me muero de tristeza: quedaos aquí velando.
C. Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:
†?¡Abba! (Padre): tú lo puedes todo, aparta de mí ese cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.
C. Volvió, y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:
†?Simón ¿duermes?, ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil.
C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no sabían qué contestarle. Volvió y les dijo:
†?Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.
C. Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los letrados y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:
S. ?Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien sujeto.

C. Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo:
S. —¡Maestro !
C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo
:
† —¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a caza de un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo, y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras.
C. Y todos lo abandonaron y huyeron.
Lo iba siguiendo un muchacho envuelto sólo en una sábana; y le echaron mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.
Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los letrados y los ancianos. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse.
Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose de pie, daban testimonio contra él diciendo:
S. —Nosotros le hemos oído decir: «Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres.»
C. Pero ni en esto concordaban los testimonios.
El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús:
S. —¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?
C. Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo preguntándole:
S. —¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?
C. Jesús contestó:
† —Sí lo soy. Y veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo.
C. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras diciendo:
S. —¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué decidís?
C. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle, y tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:
S. —Haz de profeta.
C. Y los criados le daban bofetadas.
Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y dijo:
S. —También tú andabas con Jesús el Nazareno.
C. El lo negó diciendo:
S. —Ni sé ni entiendo lo que quieres decir.
C. Salió fuera al zaguán, y un gallo cantó.
La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
S. —Este es uno de ellos.
C. Y él lo volvió a negar.
Al poco rato también los presentes dijeron a Pedro:
S. —Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo.
C. Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
S. —No conozco a ese hombre que decís.
C. Y en seguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.]
Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los letrados y el sanedrín en pleno, prepararon la sentencia; y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato.
Pilato le preguntó:
S. —¿Eres tú el rey de los judíos?
C. El respondió:
† —Tú lo dices.
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.
Pilato le preguntó de nuevo:
S. —¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan.
C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado.
Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre.
Pilato les contestó:
S. —¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.
Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S. —¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. —Crucifícalo.
C. Pilato les dijo:
S. —Pues ¿qué mal ha hecho?
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. —Crucifícalo.
C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio —y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
S. —¡Salve, rey de los judíos !
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.
Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rulo, lo forzaron a llevar la cruz.
Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «La Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.
Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: EL REY DE LOS JUDÍOS. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor.»
Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. —¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz.
C. Los sumos sacerdotes, se burlaban también de él diciendo:
S. —A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.
C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban.
Al llegar el mediodía toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:
† —Eloí Eloí, lamá sabactani. (Que significa: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has abandonado?)
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. —Mira, está llamando a Elías.
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo:
S. —Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S. —Realmente este hombre era Hijo de Dios.
[C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas María Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de José y Salomé, que cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble magistrado, que también aguardaba el Reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.
Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacia mucho tiempo que había muerto.
Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, la madre de Jesús, observaban dónde lo ponían.

(Domingo de Ramos – Ciclo B)

5 comentario en “Domingo de Ramos. Pasión de Jesús, amor apasionado (Marcos 14,1 – 15,47)

  1. Acabo de releer el Evangelio, y hay tantas cosas que me han llamado la atención, que prefiero comentarlas en orden, punto por punto.

    -En primer lugar, lo confieso: esta parte del Evangelio siempre consigue que me entren ganas de llorar. Siempre que lo leo me da mucha pena y me indigna la mezquinidad de la gente, que cuando ve caer a una celebridad, por mucho bien que les haya hecho, se burlan de ella y la pisotean sin piedad. ¡Me da verdadero asco! Nunca he entendido cómo es posible que las gentes a las que Jesús habían instruído, curado y ayudado le dieran la espalda en esos momento.
    Se puede llegar a entender que no pidieran la liberación de Jesús sino la de Barrabás por influencia de los sacerdotes (en plan «al que pida que salven a ese blasfemo no le dejamos volver a entrar en el templo y cuidado que no acabe lapidado»). Pero, ¿burlarse de él, humillarle, torturarle? ¡Menudos hijos de…

    -En segundo lugar, hay una cosa que siempre me ha parecido intrigante de este episodio. Se trata de la traición de Judas. ¿Por qué vendió a jesús? ¿Qué ganaba con ello?
    La explicación simplista sería decir «el demonio le tentó» o «estaba poseído», que es lo que te cuentan en el colegio cuando eres pequeño. Pero yo no creo tal cosa, porque más adelante, en Marcos 14, 21, Jesús dice: «¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!». Eso da a entender que Judas no estaba poseído por el demonio, sino que actuó por libre voluntad, ya que si hubiera estado obligado por Satanás a hacer lo que hizo, no habría sido realmente culpable de la traición, con lo cual las palabras de Jesús no tendrían sentido. Así que habrá que suponer que traicionó a Jesús porque le dio la gana.
    Pero, entonces, ¿por qué lo hizo? Me llama la atención que la traición se produzca justo después de este hecho (narrado en Marcos 14, 3-9:

    «Y estando él en Bethania en casa de Simón el leproso, y sentado á la mesa, vino una mujer teniendo un alabastro de ungüento de nardo espique de mucho precio; y quebrando el alabastro, derramóselo sobre su cabeza.
    Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de ungüento?
    Porque podía esto ser vendido por más de trescientos denarios, y darse á los pobres. Y murmuraban contra ella.
    Mas Jesús dijo: Dejadla; ¿por qué la fatigáis? Buena obra me ha hecho;
    Que siempre tendréis los pobres con vosotros, y cuando quisiereis les podréis hacer bien; mas á mí no siempre me tendréis.
    Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado á ungir mi cuerpo para la sepultura.
    De cierto os digo que donde quiera que fuere predicado este evangelio en todo el mundo, también esto que ha hecho ésta, será dicho para memoria de ella.»

    Después de esto, lo siguiente que nos cuenta la Biblia es que Judas decide traicionar a Cristo. ¿Tuvo algo que ver este incidente con su decisión? No sé por qué, pero a leer este texto me da la sensación de que Judas fue uno de los descontentos que criticó a la chica y fue reprendido por Jesús. ¿Acaso Judas estaba descontento con los métodos de Jesús, pensaba que había que hacer las cosas de otra manera y decidió que ya era hora de «renovar la dirección»? ¿Fue Judas una especie de Lucifer humano, que se rebeló contra Jesús porque pensaba que podía hacer las cosas mejor que él y ocupar su lugar?
    ¿Tú qué crees, Javi?

    -Otra cuestión, esta más espinosa: ¿por qué si Jesús es Dios habla con él como si fuesen dos seres separados? Hay dos fragmentos en los que da la sensación de que las teorías arrianas llevan razón: son las famosas frases de «Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya» y la de «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».
    ¿Puede explicarme cómo es posible que si Jesús es Dios hable de Él como si no sólo fuera un ser diferente y separado de él, sino como un ser que tiene una voluntad distinta a la suya («no se haga mi voluntad, sino la tuya»). ¿O es que hablaba consigo mismo? ¿No a pie eso entonces a considerar acertadas las teorías nestorianas?
    Además de que nunca dice «soy Dios», sino que dice «soy el Hijo de Dios».
    Me harás un favor si me aclaras esto, de verdad ^^UU

    -Y por último, en lo que respecta al comentario que has hecho, te diré que creo que es de los mejores y más profundos hasta la fecha. ¿Cuántas gente hay que se dice cristiana de boquilla pero que cuando realmente hay que actuar como un cristiano (poniendo el amor por delante del dinero, la generosidad por delante del egoísmo, enfrentarse a las injusticias aunque corra peligro la vida en lugar de callarse…) se arruga y baja la cabeza? Demasiada, creo yo.
    Es normal tener miedo, pero creo que todos debemos esforzarnos para no ser como la mayoría de los discípulos, que apoyaban a Jesús cuando todo iba bien pero cuando las cosas se volvieron peligrosas le abandonaron. Este tema me recuerda a un cristiano relativamente célebre sobre el cual hice un hilo en mi blog: Klaus Von Stauffenberg, un coronel alemán del III Reich, que intentó atentar contra Hitler y derrocar el régimen nazi en la conocida operación Valkiria, a pesar del mortal peligro que entreañaba (y de hecho él y los otros conspiradores fueron ejecutados cuando falló el atentado), porque sabía que no era justo seguir permitiendo un régimen así. Para mí, Stauffenberg fue un ejemplo de buen cristiano al tomar esa decisión: su conciencia le decía que debía arriesgarse para liberar al mundo de Hitler y compañía, y realmente dio su vida por los demás, siguiendo el ejemplo de Jesús.
    Desgraciadamente, también hubo muchos cristianos alemanes que como Pedro tuvieron miedo, cerraron la boca y permitieron que se llevaran al campo de concentración a sus vecinos judíos para no meterse en problemas.

    Vaya, ¡que comentario más largo me ha salido hoy! Mejor me callo ya que si no te acabo contando mi vida en verso ^^UUUU

    Saludos:

    Luthien Black.

  2. ¡Gracias, Luthien!
    (Jo, había escrito una respuesta un tanto larga al tema de Judas pero por problemas de la técnica se ha borrado. Mañana ver si la reescribo)
    !Buenas noches!

  3. Hola, buenas… estaba haciendo el ejercicio de ser algún personaje del momento cuando me he dado cuenta de que éste es hoy otro momento como aquel en el eterno presente de Dios. Y que nosotros somos los que le conocemos. Nosotros somos Pedro, Juan, Magdalena, Andrés, María, Santiago… y aunque seamos superdébiles cuenta con nosotros como contó con ellos. He visto LaSexta haciendo comparaciones de Jesús entrando en Jerusalén como Obama en Europa, y al saliente ministro comparando la entrada en el ministerio como un Domingo de Ramos al que le sigue una pasión. He visto a mucha gente en mi pueblo, que no suele venir a la iglesia habitualmente, ir con la palma adornada o con ramos de olivos, con sus niños pequeños en procesión acudiendo a la propuesta de la iglesia. Toda la gente acudiendo a Jesús,nombrando a Jesús, criticando a Jésús… de alguna manera interpelándonos. Y aunque Jesús es Jesús y nosotros nosotros, nos quiere ahí; aunque ahora sólo le acompañemos como testigos en estas manifestaciones «al público», vayamos a conmemorar la cena, asistir a los oficios y a a adorar su cruz… no es poca cosa nuestro amor a Él. Creo que eso es lo que Él quiere. Ahora como entonces, nuestra compañía, escucha, fe en él, amor a él, a pesar de nuestros fallos. Sólo mirar, y quererle, y no dejarle… Y,tras esta nueva Pascua, anunciar, y testimoniar, y sufrir, y alegrarnos de ser sus amigos, sus testigos en medio del mundo que no nos entenderá. Empezamos con esta lectura a ver, como los discípulos, lo difícil de vivir para Dios y para los hombres, y sólo queda estar, más lejos o más cerca, más sorprendidos o menos, pero estar con Él.

    Ciao y Feliz Pascua a todos.

  4. Gracias, Inma, por tu comentario tan bonito y tan interpelante.
    Para Luthien, por fin, una pequeña reflexión sobre la traición de Judas. Te advierto que yo tampoco tengo las cosas muy claras, pero me parece que eso es lo que pretendía el propio Marcos. En otros evangelios es Judas el que comienza pidiendo dinero, también Judas el que se queja del despilfarro del perfume que la mujer vierte; incluso alguno dice claramente que «no le importaban los pobres, sino que era un ladrón», y hasta cogía de la bolsa común que él llevaba.
    Algunos hacen sus interpretaciones: que Judas esperaba un Mesías guerrero, y que Jesús le había decepcionado; o bien que le echa encima a los soldados esperando obligarlo así a manifestarse de forma poderosa.
    Pero Marcos no reflexiona por ahí, él deja abierto totalmente el motivo de la traición. Yo creo que lo hace a propósito, para que nosotros reflejemos en él todas nuestras traiciones. Porque a Marcos le interesa constantemente que el lector se vea reflejado en sus personajes.
    Después Mateo y Lucas contarán, cada uno a su manera, el suicidio de Judas, y así lo contrastan con el arrepentimiento de Pedro tras las negaciones. Judas llega a devolver las monedas y reconocer que ha entregado a un inocente, dejando así entrever el arrepentimiento, pero se suicida seguro de que Jesús nunca le perdonaría. Esta mezcla de desesperación y de arrepentimiento no es un invento de Judas, puede ser la experiencia de más de uno. Los evangelios no dicen nada más, pero posiblemente a Dios le baste esa «chispa» de remordimientos para perdonar a fondo hasta al mismo Judas.

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