21 Oct 2020

¿También vosotros queréis marcharos? (Juan 6,60-69)

[Evangelio del domingo, 21.º Tiempo Ordinario – Ciclo B]

Juan 6,60-69:

Muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:
-Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso?
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:
-¿Esto os hace vacilar?, ¿y si viérais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida, la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son Espíritu y son vida. Y con todo, algunos de vosotros no creéis.
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo:
-Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede.
Desde entonces muchos discípulos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce:
-¿También vosotros queréis marcharos?
Simón Pedro le contestó:
-Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.

Hoy no os voy a presentar un comentario. Creo que leyendo y releyendo la última frase, la intervención de Pedro, podemos llenar un buen rato de oración.
Interiorizar la actitud de Pedro y compararla con los discípulos que se echan atrás puede ser un ejercicio de oración saludable y purificador.

Lo que os lanzo hoy es más que nada una pregunta. La experiencia de Jesús no es muy distinta hoy en nuestra Iglesia, en nuestras comunidades cristianas. Sólo que el evangelio nos la presenta con claridad (unos se van, otros -pocos- se quedan).
Hoy estamos viviendo una época de ambigüedad. Bastantes se van -algunos echando pestes y otros simplemente escurren el bulto-, unos pocos se quedan, convencidos -con mayor o menor acierto, pero convencidos-, y una masa poco definida de gente está como si estuviese pero como si que no -yo me entiendo.
Como ejemplos voy a citar unos pocos que conocemos todos, pero no son los únicos:
– Los que nunca van a misa, pero mandan a sus hijos a hacer la primera -y seguramente última- comunión.
– Los jóvenes que deciden libremente hacer la confirmación, pero que tienen clarísimo que no les interesa volver a pisar la Iglesia (ni los locales juveniles o de cáritas como voluntarios) hasta la boda.
– Los que se casan por la Iglesia sin saber muy bien por qué…

Algunos dicen que todos estos no son más que hipócritas. Por tanto, lo lógico sería hacer como Jesús, hablarles claro y presentarles las exigencias del ser cristiano para que se marchen. Pero la cosa no es tan sencilla.
Por ejemplo, yo he hecho el ejercicio de hablar claro a grupos de chavales que quieren hacer la confirmación. Y ellos, después de escucharte, se callan, pero siguen en sus trece: sí quieren confirmarse pero no quieren comprometerse a nada. Las dos cosas las tienen claras. Si los catequistas hubiésemos decidido que algunos del grupo no se confirmasen, nos hubiesen tachado de dictadores, discriminadores y de no ser ejemplo de la misericordia de Dios que acepta a todos. Además, hubiésemos tenido serios problemones con los padres. Así que, nada, a confirmarse todo el mundo y si te he visto no me acuerdo.
El caso es que estos jóvenes sí sienten una verdadera atracción por el mensaje de Jesús; sí tienen auténtica voluntad de seguirle, y su fe, aunque no muy fuerte, existe ciertamente.

Otro ejemplo, una pareja joven vino a la parroquia para casarse. Llevaban años viviendo juntos sin mayor problema. Ni les interesaba integrarse en ninguna comunidad cristiana, ni colaborar en nada, ni siquiera hacían el esfuerzo privado de rezar (quizá sólo se acordarían de santa Bárbara cuando tronase). Sin embargo, habían decidido tener hijos y querían casarse antes de eso. Me llamó mucho la atención. Para ellos el matrimonio por la Iglesia sí significaba algo -un «algo» muy ambiguo, pero real-, significaba un cambio de situación, su vida en común sería idéntica antes y después, pero querían estar casados antes de tener hijos. Como si el «estar casado» fuese un «plus», un estar «más casado».

¿Cuál tendría que ser nuestra respuesta ante esos casos? Ponerse legalista es lo fácil: Nada de confirmación hasta que no demuestres que te interesa pertenecer activamente a una comunidad cristiana (que es lo que significa confirmarse).
Nada de boda por la Iglesia hasta que no demuestres lo mismo (que para eso está la boda por lo civil, tan válida como cualquier otra).

¿Sería ésta la respuesta de Jesús? Porque él acogía y comía con pecadores, pero aquí no estamos hablando de la acogida, que debemos dar a todos, sino de la coherencia. También Jesús dijo a más de uno y una: Vete y no peques más. También Jesús planteó exigencias duras y fue rechazado (como en el texto de hoy, o en el del joven rico).

A mí me resulta muy difícil dar respuesta a estas preguntas. Quizá en teoría es más fácil: hay que hacer que esas personas sean conscientes de la opción que toman. Pero en lo concreto, cuando te vienen al despacho a pedirte la boda o la confirmación, o la bendición del agua bendita, o el rosario de fátima… ¿qué les dices? ¿Cómo les muestras al mismo tiempo la misericordia de Dios, la acogida y la verdad de la exigencia de Jesús?

¿Tenéis algunas respuesta a esto? ¿O algunas preguntas?

(Domingo 21.º Tiempo Ordinario – Ciclo B)

7 comentario en “¿También vosotros queréis marcharos? (Juan 6,60-69)

  1. Hola Javi, qué tal, espero que muy bien,…
    Bueno la verdad es que es complicado el tema de la evangelización.
    La Iglesia, en contra de lo que digan algunos, no impone nada, ni obliga a nadie, si no lo hace ni Dios… sólo evangeliza, enseña, celebra, santifica, reza. Tampoco juzga a nadie, eso también le toca a Dios.
    A nosotros sólo se nos pide que vayamos al mundo entero, que Él ya sabe lo que podemos y lo que no. Quiero decir que el fruto no es nuestra tarea, ésa es la de Dios. Él es el que cambia el corazón. A nosotros nos toca evangelizar. Anunciamos, a tiempo y a destiempo, como Él quiere, porque no podemos dejar de hablar, aunque el mundo pretenderá siempre impedirlo, porque el Señor ha querido contar con nosotros para Su Obra. Bastante haremos si cumplimos nuestra parte, lo de que uno diga Sí o No a Dios no está en nuestras manos. Faltaría más, está en Dios y en la libertad de cada persona, que sólo Dios entiende de ese misterio.
    Y es que el Evangelio no es sólo compromiso, es enterarse de qué va el mundo, de dónde venimos, a dónde vamos, cuál es el sentido para todo, conocer al Señor y vivir plenamente esta vida. Y a eso se responde desde cada personalidad, que es nuestro modo propio de vivir el amor.
    Lo de cumplir las exigencias, pues qué decir; que todos pecamos: Unos por no rezar o no pisar la Iglesia, otros por no compartir nuestros bienes, otros por pensar en nuestra carrera más que en la vida de los que nos rodean, … no sé, el pecado es otro tema, en el cuál también sólo al Señor le toca el juicio, menos mal, y a la Iglesia le pide y concede administrar Su Perdón, porque también quiere contar con nosotros para eso. Un Saludo.

  2. ¡Hola, Inma!
    Pues yo muy bien y espero que tú también. Acabo de llegar de Turín y me he pasado a ver los comentarios. Muchas gracias por tus aportaciones tan profundas y sentidas.
    ¡Nos leemos!

  3. El tema es complicado, porque, para empezar, realmente, ¿a qué te comprometes siendo cristiano? ¿A hacer caso de lo que digan el Papa y los obispos? No creo, porque hay muchos cristianos (ortodoxos, protestantes, anglicanos, husitas, etc) que no hacen ningún caso al Papa ni a los obispos (al menos, a los católicos). Por cierto que esa es una de las cosas que me fastidia del catolicismo, creer que el Papa es la máxima autoridad. Yo no estoy muy de acuerdo con eso y soy bastante pro ecuménica, qué se le va a hacer…
    En casos como este, lo qe parece claro es que los que se confirman, toman la comunión, se casan por la Iglesia, etc, deberían hacer caso a lo que es común a todos los cristianos, sean del tipo que sean: el evangelio. Y algunos piensan que vivir tu vida conforme a lo de dice el evangelio no significa necesariamente vivirla conforme a lo que digan otras personas mientras la actitud no contradiga ni ignore el mensaje de Cristo, así que la cosa es más comp0licada de lo que parece. Quizás los católicos pequemos de arrogantes al pretender que tenemos la verdad absoluta y la guía definitiva del cristianismo por encima de los otros tipos de cristianos…

    Sea como sea, yo creo que muchas personas que se confirman o se casan por el rito cristiano en plan "tibio", tal vez sea en muchos casos porque creen, pero como hoy no está de moda creer sino pasar de todo, parece que lo hagan de forma disimulada o débil para que no les señalen con el dedo (un poco al estilo José de Arimatea, que segçun creo recordar era discípulo de Jesús en secreto por miedo a las represalias de sus compatriotas).

  4. Gracias, Estelwen.
    También yo creo que la clave de todo está en la fidelidad a Cristo y al Evangelio, que es donde nos encontramos con él.
    Como decís las dos, el tema es más complejo de lo que parece.

  5. hola javi:
    que verdad es que la evangelizacion esta muy complicada, y mas en estos tiempos. Lo que comentas es una de esas cosas que nunca se que es lo mejor, si dejar que lo hagan o no, quien sabe tal vez no sean muy creyentes pero tal vez intuyan a Dios y por eso al final, aunque no pisen una sola misa nada mas que para la comunion y la boda, tal vez lo hagan por eso, por intuicion y quien sabe quizas les acerque eso un poquito mas a Dios, o tal vez no, tal vez los aleje por hipocresia. conozco gente que creen en cristo y en la virgen y dicen que no creen en la iglesia, otros hasta se dan la paliza de penitencia saliendo en procesiones, y despues te dicen que no creen en nada, que como mucho creen solamente que "existe un algo ahí". Sinceramente, yo no se que pensar, el tema es mucho mas complicado de lo que muchas personas creen.
    solo se me ocurre una cosa, cuando no se sabe donde esta la luz. pedirsela a quien es la luz del mundo, o sea rezar mucho para que cristo ilumine, e indique que hacer, seguro que ayuda, e ilumina el camino indicando que se puede hacer en estos casos, asi nunca se falla.
    javi perdon por las mayusculas del nick, lo creé asi sin querer al hacerme la cuenta y ahora no se cambiarlo, si es que puedo.
    Margarita

  6. Bueno pues viendo que tengo conexión probaré a responder a alguna pregunta tuya, por eso de descomplicar el asunto:

    “Ponerse legalista? Nada de confirmación hasta que no demuestres que te interesa pertenecer activamente a una comunidad cristiana (que es lo que significa confirmarse).” Pues apelando al legalismo nosotros les enseñamos a Quien van a recibir y si nos dicen que sí quieren pues “de internis neque ecclesia” (vamos que del interior ni siquiera la Iglesia)
    ”Nada de boda por la Iglesia hasta que no demuestres lo mismo”. Pues nosotros les preguntamos públicamente sobre su intención de fidelidad, hijos, educación… si mienten o no, lo mismo, “de internis neque ecclesia”
    Por supuesto no vamos a regalar nada a quien no lo pide o no quiere o no conoce, y nos ceñimos al exterior que es lo único que tenemos: si creen, si celebran, si dicen sí, pero el interior sólo Dios lo conoce.

    “¿Sería ésta la respuesta de Jesús? Porque él acogía y comía con pecadores”, bueno, el tema del pecado es otro, como dije, y no se rechaza a nadie por ser pecador, que yo sepa ( y menos un día como hoy, … ¡Felicidades!, … a todos los agustines, digo, jaja.

    Y leyendo el texto pues ya responde Jesús, por una parte que todo lo que tenemos nosotros es don porque “nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede”, y por otra parte es que, yo no sé si Pedro no es que no se echa atrás sino que le pasa un poco como a nosotros o a nosotros como a él que, siendo humildes, no tenemos otra cosa, y por eso nos toca decir: “Señor, ¿a quién vamos a acudir?”. Vamos que qué suerte hemos tenido siempre, Molt bona nit

  7. Gracias, Andromeda e Inma.
    En el fondo es cierto eso de que "unos son los que siembran y otros los que recogen" (Jn 4). A nosotros nos toca sembrar, difundir el mensaje del evangelio con la mayor coherencia que podamos. Otros ya verán los frutos que Dios hará crecer.
    Es duro para el educador y evangelizador saber que quizá nunca vea los frutos, pero también se trata de confiarse a Dios, que es la clave de todo cristiano.

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