9 Ago 2020

Darse uno mismo (Marcos 12,38-44)

[Evangelio del domingo, 32.º Tiempo Ordinario – Ciclo B]


Marcos 12,38-44:

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo:
—¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia mas rigurosa.
Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acerco una viuda pobre y echo dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo:
—Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas mas que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

Definitivamente, Jesús no es doctor en matemáticas. ¡Dice que la viuda pobre ha dado más que todos! ¡Si todos han visto que ha puesto menos dinero en la bandeja! ¿De qué ha dado más la pobre mujer? Jesús lo explica al final: ha dado más vida, ha dado más amar, se ha dado a ella misma.

Hay una gran enseñanza en esta pequeña escena: mira bien qué das, y qué recibes a cambio, no sea que tus donaciones sean una forma de enmascarar tu orgullo.

Parece extraño, pero nos sucede a menudo. A veces una persona acostumbrada a prestar un servicio no acepta que otra persona lo haga. He tenido esta experiencia en diferentes parroquias; pequeños detalles que suelen pasar desapercibidos: Unas personas mayores que siempre llevan las ofrendas al altar en una misa de los domingos, y que no fueron capaces de dejar que ayudase una niña que, un día, quería colaborar; un jefe de centro juvenil, muy entregado, que quería que las cosas se hiciesen siempre a su manera; una señora que suele dirigir el rosario antes de la misa y que, un día que llegó tarde, se enfadó porque otra ya lo estaba haciendo. ¿Qué hay detrás de estas actitudes? No es nada fácil valorarlo. Son personas que quieren ayudar sinceramente, y que se entregan mucho, pero a veces les cuesta más hacer donación de su humildad. Por eso, como nos dice la lectura de hoy, toda ofrenda a Dios y a los demás se debe observar con los ojos de Jesús, que penetran profundamente en el corazón, los sentimientos, las intenciones.

Es por eso que Marcos nos cuenta esta escena justo después de las críticas a los maestros de la Ley. Jesús denuncia que les gusta aparentar que son importantes, ser alabados por los demás, ser bien considerados. En el momento de la oración, los judíos se ponían /y se ponen) unas cajitas con oraciones escritas, atadas a la frente y al brazo con cintas. Eso son las filacterias. Jesús critica la falta de interioridad, la superficialidad de aquellos que deberían conducir al pueblo. Hasta la oración les sirve para aparentar y no para buscar la voluntad de Dios.

Pero, ¡mucha atención! Es fácil aplicar estas críticas a los demás y quedarnos tan anchos: «Los maestros de la Ley representan a los obispos, o al papa, o a los curas, o a los que tienen autoridad, o a los que mandan…» Es la forma más cómoda de desactivar la Palabra de Dios y convertirla en agua de borrajas: «¡Qué bien que funcionaría el mundo si todos los demás hiciesen lo que deben hacer!»

La Palabra de Dios de hoy, en cambio, va dirigida a cada uno, a ti personalmente, y quiere que te reconozcas tú mismo, tú misma, en ella. ¿Qué tienes tú de «maestro de la Ley»? ¿Cuándo te dejas llevar por el orgullo? ¿Cuándo buscar aparentar? ¿Cuándo tu servicio no es del todo desinteresado? Y también: ¿Cuándo eres capaz de ofrecerte sinceramente? ¿Cuándo actúas como la viuda pobre? ¿Cuánta donación llena de vida hay en tu alma?

Todos tenemos parte de orgullo y parte de autenticidad. La Palabra de Dios nos quiere ayudar a reflexionar para mirar nuestra vida con los ojos de Jesús y distinguir lo que es necesario potenciar y lo que tenemos que revisar.

(Dibujo: fano)

(També en valencià en laparaula.com)

4 comentario en “Darse uno mismo (Marcos 12,38-44)

  1. En cierta ocasión, conocí a una señora que tenía fama de beata en su pueblo (uno pequeño, de esos que todos se conocen entre sí): era sacristana, se entregaba al máximo en la parroquia, iba a visitar a enfermos… y luego resulta que en su casa, de puertas para adentro, era una mujer propotente y desagradable que le hacía la vida imposible a su nuera y a sus nietos. Me da la sensación de que representa bastante bien el peligro que este texto ejemplifica: que la gente haga actos buenos no por auténtica bondad desinteresada, sino por orgullo, «para que todos vean lo bueno que soy». Un poco lo mismo que los famosos que se van al Tercer Mundo a hacerse fotos con los pobres y luego salen en la portada del «Hola» vestidos con ropa de marca y con un niño esquelético en brazos diciendo cosas como «Hay que estar aquí para saber lo que es esto, esta experiencia me ha cambiado la vida, por cierto, que todo el mundo sepa que saco nuevo disco el mes que viene».

    Mi madre siempre me ha dicho que cuando se trata de hacer favores o caridad, hay que seguir todo lo posible la máxima de «que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha», y yo siempre intento aplicarlo. Creo que el auténtico mérito de las buenas obras es cuando no se alardea de ellas, o al final, como decía Jesús, acabas recibiendo tu paga por medio de la satisfacción del orgullo. O, como dijo Séneca, tener en cuenta que «la recompensa de la acción virtuosa es haberla realizado».

    1. Gracias, Estelwen. Es cierto que los gestos y símbolos religiosos son una de las cosas más ambiguas que existen. La religiosidad se vive internamente y necesitamos exteriorizarla con símbolos, pero el problema viene cuando nos seguimos quedando con los símbolos aunque hayamos perdido el interior. Algunos abogan por la eliminación total de los signos externos, pero por otra parte son humanamente necesarios, no podemos vivir profundamente algo sin exteriorizarlo nunca, porque al final se acaba diluyendo. No es un dilema nada fácil.

  2. Hoy dia hay un mundo lleno de religiosos pero no cristianos. Es facil llevar la mascara de una persona pia cuando nuestros actos y actitudes reflexan aquellas personas que clavaban los clavos en la cruz a nuestro Senor. Si es verdad que Dios es Amor, pero tambien se cansa de la religiosidad vacia llena de ritos y symbolos que solamente sirven para aparentar lo que no somos y creernos mas santo que nadie. Recordemos que hay un Dios que todo lo sabe y lo ve. Al fin a quien enganas si no es a ti mismo. Dios no puede ser burlado. Eres lo que siembras. Bendiciones!

    1. Gracias, Frank.
      Cierto que los creyentes podemos ser muy hipócritas a veces. Pero también hay grandes ejemplos de vida cristiana sincera y entregada.
      Recemos para que Dios nos ayude siempre a crecer espiritualmente. 😀

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.