26 Sep 2020

La única cosa necesaria (Lucas 10,38-42)

[Evangelio del domingo, 16º del Tiempo Ordinario – Ciclo C]

martamaria

Lucas 10,38-42:

En aquel tiempo, llegó Jesús a una aldea; y una mujer, de nombre Marta, lo recibió en su casa. Marta tenía una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras. Marta, que andaba afanosa en los muchos quehaceres, se paró y dijo:
—Señor, ¿te parece bien que mi hermana me deje sola con las faenas? Dile que me ayude.
El Señor le contestó:
—Marta, Marta, tú te preocupas y te apuras por muchas cosas, y sólo es necesaria una. María ha escogido la parte mejor, y nadie se la quitará.

Marta y María, que, según el evangelio de Juan, son las dos hermanas de Lázaro de Betania, acogen a Jesús en su casa. Marta opta por servirlo haciendo muchas cosas, y María se sienta a los pies del Maestro para escucharlo y aprender de él. Cuando Marta se queja, Jesús responde, misterioso, que solo una cosa es necesaria.

El fragmento suscita todavía sorpresa y confusión. ¿Defiende Jesús la «vida espiritual» contrapuesta a la «vida activa», la oración a la acción? Si es así, ¿qué hubiesen comido si Marta no les preparaba la cena? Además, ¿no nos acaba de relatar Lucas la parábola del buen samaritano, donde se subrayaba sin duda la necesidad de amar al hermano, de ocuparse de él, de gastar hasta el vino, el aceite, el dinero y el tiempo por quien necesite de nosotros? ¿Es contradictorio lo que Lucas nos dice?

Para resolver el dilema, pienso que tenemos que coger el evangelio de Lucas con un poco más de perspectiva. Muchos cristianos están acostumbrados a oír la Biblia solo en la celebración del domingo, donde se leen unos fragmentos separados del contexto. Pero los evangelistas hicieron un trabajo de composición muy bien pensado, poniendo unos pasajes junto a otros para que se iluminasen mutuamente. A veces colocan textos parecidos al principio y al final de una serie de fragmentos para añadir un matiz al conjunto.

En el caso de la parábola del buen samaritano y de la escena de Marta i María, encontramos dos textos que se complementan. La parábola habla de la ayuda y atención al otro, subrayando mucho los trabajos con los cuales el samaritano se desvive por el viajero herido. No se menciona ni la oración, ni la reflexión, ni la escucha de la Palabra de Dios. La escena de Marta y María es complementaria; en ella se insiste en escuchar a Jesús, y se avisa del peligro del activismo, que produce ansia y preocupación por muchas cosas. No hay una oposición entre dos tipos de vida, una de oración y otra de actividad, sino una vida de actividad enraizada en la comunión con Jesús, que hace fructificar esa actividad y evita que el ansia nos haga perder el sentido de lo que hacemos.

Curiosamente, la pregunta del maestro de la Ley al principio del primer fragmento («¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»), no recibe respuesta por parte de Jesús, que solo pregunta «¿qué dice la Ley?», y deja que el maestro de la Ley se responda a sí mismo. Pero la frase de Jesús al final del segundo fragmento («solo una cosa es necesaria»), encaja muy bien como respuesta a la primera pregunta.

Más todavía; mirando los fragmentos que hay antes y después de los dos en cuestión encontramos, ¡qué cosas!, dos oraciones de Jesús. La primera agradece al Padre que ha querido revelar su misterio a los sencillos, la segunda es la oración del Padre Nuestro; las dos subrayan el amor paternal de Dios.

¿Qué concluir de todo eso? Bueno, antes que nada, que ningún fragmento de la Biblia se puede leer solo, que ninguna frase se ha de entender como una instrucción aplicable inmediatamente. Más bien, creo que la escena de Marta y María es una provocación que complementa y compensa la parábola del buen samaritano (contra los que insisten en el activismo), y que la parábola es otra provocación contra los que valoran tan solo los elementos íntimos e individuales de la religión. Los dos textos están envueltos de oración porque Lucas quiere subrayar que todo lo que hacemos, acción y contemplación, es fruto del amor misericordioso de Dios, Padre y Madre, que se nos regala primero.

(Domingo 16º del Tiempo Ordinario – Ciclo C)
(Dibujo: fano)

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