15 Dic 2019

Te amo (Lucas 3,15-16.21-22)

[Evangelio del domingo, 13 de enero 2013]


Lucas 3,15-16.21-22:

El pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías. Él tomó la palabra y dijo a todos:
—Yo os bautizo con agua, pero viene el que puede más que yo, y yo no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma y vino una voz del cielo:
—Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.

El evangelio de hoy nos presenta dos escenas: la predicación de Juan Bautista y el bautismo de Jesús. Todo comienza con la expectación del pueblo que desea un salvador y se admira de la fuerza del anuncio de Juan, al estilo de los antiguos profetas. Comprenden que Dios les envía su Palabra a través del Bautista, y quieren creer, demasiado fácilmente, que tienen la salvación al alcance de la mano. ¡Todo parece tan fácil!

Juan ha de desmontarles las falsas ilusiones; no, él no es el Mesias, el auténtico salvador será más fuerte que él. Pero ni siquiera el Bautista sospecha que la fuerza de Jesús no será la del fuego del castigo sino la de la misericordia ardiente que dará la vida por los que ama.

El pueblo sigue expectante sin encontrar respuestas, como sucede hoy en día. Nuestras sociedades desean la salvación, pero no saben bien dónde encontrarla. Se arrinconan todos los símbolos religiosos, acusados de anticuados y alienantes, pero no se descubren otras fuentes de esperanza, otras motivaciones para construir un mundo mejor. Si Dios desaparece del horizonte, ¿quién nos recordará que los hombres y las mujeres somos hermanos y lo lobos enfurecidos?

El segundo párrafo nos da la respuesta a los anhelos humanos, pero tiene lugar en la intimidad entre Jesús y el Padre. No será tan fácil descubrir en Jesús al autèntico Mesías porque su anuncio no clamará contra los enemigos a vencer, sino que penetrará en la parte más profunda del alma, allí donde nosotros mismo son siempre nos atrevemos a entrar, donde está la raíz de nuestras motivaciones, el Porqué, con mayúscula, de la vida.

La escena del bautismo nos introduce en el sagrario del corazón de Jesús. Aquí dentro hemos de caminar con respeto, bajar la voz y escuchar con la máxima atención; solo así podremos oír las palabras que son la explicación y el fundamento de todo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto».

Después de este momento, como sabemos, Jesús comenzará su gran misión de anunciar el Reino de Dios, la Buena Noticia de la misericordia de Dios derramada sobre toda la humanidad. Pero eso vendrá después, ahora somos testigos de la fuente de la fuerza de Jesús: el Amor del Padre.

Lucas no nos cuenta esta escena como si fuésemos expectadores. Nos ha traído al manantial del amor para que nosotros también bebamos de él. No hay otra solución a los males del mundo; no se resolverán los verdaderos problemas añadiendo leyes ni promulgando más prohibiciones. Lo que transforma del corazón del hombre es sentirse amado. Las palabras «te amo», «tú eres mi amado, mi amada», tienen el poder de dar sentido a las acciones más sorprendentes y a las más cotidianas. La fuerza que nos mueve en la vida es el amor recibido y dado, el diálogo de amor con Dios que nunca se experimenta en abstracto sino a través de la relación con las personas que amamos.

El amor gratuito de Dios, que no pone condiciones ni pide requisitos, nos vence y nos estimula. Dios confía tanto en nosotros que nos envía a transformar el mundo, a hacerlo menos egoísta y más divino. Podremos hacerlo si volvemos siempre a beber de la fuente de su amor.

(Epifanía del Señor – Navidad – Ciclo C)
(Dibujo: fano)

4 comentario en “Te amo (Lucas 3,15-16.21-22)

  1. se que ando perdidisima de la pagina, pero no me olvido de vosotros. Y aunque las fiestas hayan pasado, os deseo un feliz año nuevo. margarita

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