15 Dic 2019

Solo sé que yo era ciego y ahora veo

[Evangelio del domingo, 3 abril 2011]

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron:
—Maestro, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?
Jesús contestó:
—Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.
Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
—Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
—¿No es ése el que se sentaba a pedir?
Unos decían:
—El mismo.
Otros decían:
—No es él, pero se le parece.
Él respondía:
—Soy yo.
Y le preguntaban:
—¿Y cómo se te han abierto los ojos?
Él contestó:
—Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver.
Le preguntaron:
—¿Dónde está él?
Contestó:
—No sé.
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó:
—Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.
Algunos de los fariseos comentaban:
—Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.
Otros replicaban:
—¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
—Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?
Él contestó:
—Que es un profeta.
Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:
—¿Es este vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?
Sus padres contestaron:
—Sabernos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse.
Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:
—Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.
Contestó él:
— Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo. Le preguntan de nuevo:
—¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?
Les contestó:
—Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?
Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:
—Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.
Replicó él:
—Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder.
Le replicaron:
—Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?
Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
—¿Crees tú en el Hijo del hombre?
Él contestó:
—¿Y quién es, Señor, para que crea en él?
Jesús le dijo:
—Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.
Él dijo:
—Creo, Señor.
Y se postró ante él.
Jesús añadió:
—Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos.
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:
—¿También nosotros estamos ciegos?
Jesús les contestó:
—Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.

El evangelio de hoy subraya el proceso de fe del ciego curado. Al principio, los discípulos de Jesús, siguiendo las ideas normales de su época, entienden que la enfermedad es un castigo de Dios por el pecado. Como este hombre había nacido ciego, se preguntaban si el pecado era suyo o de sus padres. Jesús rechaza esa forma de pensar en Dios; lo importante es aceptar a Jesús como enviado de Dios, capaz de abrirnos los ojos para comprender. Pero superar la ceguera, la incomprensión, es un proceso largo que cada persona debe hacer por sí mismo, por eso Jesús solo aparece al principio y al final del largo pasaje bíblico.
Al principio, el ciego reconoce que «ese hombre que se llama Jesús» lo ha curado. Todavía no se ha parado a pensar que Jesús debe ser más que un simple «hombre». Cuando los fariseos le quieren convencer de que Jesús es un pecador, él reflexiona y se da cuenta de que es «un profeta», es decir, un hombre que habla de parte de Dios.
Los fariseos representan la incomprensión total, la verdadera ceguera; no quieren reconocer a Jesús aunque tengan delante todas las pruebas de que obra el bien. Solo ven que ha curado en sábado y eso, según ellos, es desobedecer a Dios. Después el ciego dará un paso adelante y afirmará que «este viene de Dios», y hasta se pone a «dar lecciones» a los que deberían ser los maestros de la Ley. Los papeles se han invertido y eso ofende a los fariseos, no estás dispuestos a aprender, porque no quieren reconocer su ceguera.
Los padres del ciego no quieren problemas, por eso responden con evasivas; en cambio, el ciego curado da testimonio de Jesús con firmeza y tiene que cargar con las consecuencias: es expulsado de la sinagoga, es rechazado por su propio pueblo.
Todavía falta un último paso en el camino de fe del ciego: el encuentro directo con Jesús. «¿Crees en el Hijo del hombre?» Al final, el ciego adora a Jesús reconociéndolo como Señor. Juan muestra la dificultad del proceso de fe. La fe parte del encuentro con Jesús, pero también exige dar testimonio, conlleva dificultades y requiere decisión y compromiso.

(Domingo 4º Cuaresma – Ciclo A)

6 comentario en “Solo sé que yo era ciego y ahora veo

  1. javi me encanta el comentario, mejor explicado no podia estar, pero hay una cosa que no entiendo, ¿por qué jesus dice eso de «Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.» Para mi el sigue siendo la luz del mundo, y supongo que se referia a su muerte, pero teniendo en cuenta que cristo resucito y lo sabia que lo iba a hacer… me choca el que hablara como si nos fuera a dejar solos para siempre. Este es uno de esos textos que me da la sensacion que se contradice con otras cosas, pero creo que me lo parece porque no lo entiendo muy bien.

  2. A mí también me parece raro, pero porque me da la sensacion de que viene a decir que nadie salvo él puede hacer el bien y cumplir la voluntad de Dios. Onviamente tanto esto como lo que comenta Andromeda se contradice con todo el mensaje del Evangelio, de modo que tiene que haber otra interpretación. Pero no tengo la menor idea de cuál puede ser :-S

  3. ¡Qué perspicaces sois!
    Hacéis bien en leer el evangelio de Juan fijándoos en los detalles, porque ha sido escrito para eso.
    Todo este evangelio juega mucho con una serie de imágenes contrapuestas. Una que le gusta mucho es la luz y la oscuridad (o el día y la noche, etc.). La luz es Jesús, enviado de Dios para que todas las cosas estén claras, para iluminar la vida, el mundo, la sociedad. Los que optan por el mal prefieren la oscuridad, porque el mal quiere esconderse, no quiere que se le vea. El día es, entonces, la llegada de Jesús y la noche será el momento de su muerte, el máximo rechazo de los que no quieren la luz. En la noche, es decir, cuando no hay luz, cuando no está Jesús, nadie puede hacer las obras de Dios porque no puede saber cuáles son, solo Jesús nos desvela de verdad cuáles son las obras de Dios, dónde está el bien, la felicidad, la autenticidad; no dice que solo Jesús puede hacerlas, sino que solo él puede revelarlas.
    Como dice Andrómeda, es cierto que Jesús sigue siendo la luz del mundo, pero su presencia ahora es distinta de la que era entonces, ahora está presente sobre todo a través de su Espíritu, aunque este tema no está profundizado en el fragmento de hoy (sí lo está, por ejemplo, en el capítulo 17 de Juan), por eso puede parecer una contradicción.

  4. Gracias por la explicación, Javi 🙂
    Sin embargo, hay una cosa que me sigue chirriando de este fragmento del Evangelio de Juan. Suena como si ser cristiano fuera el único modo de ser capaz de hacer el bien (te cito textualmente: «cuando no está Jesús, nadie puede hacer las obras de Dios porque no puede saber cuáles son, solo Jesús nos desvela de verdad cuáles son las obras de Dios, dónde está el bien, la felicidad, la autenticidad; no dice que solo Jesús puede hacerlas, sino que solo él puede revelarlas»).
    Pero hay montones de personas que han sido buenas, incluso un ejemplo para la Humanidad, y que a pesar de ello no eran cristianas (el ejemplo más obvio es Gandhi, pero hay muchos más). ¿Qué pasa entonces con los musulmanes, judíos, budistas, hindúes… etc, que son buenos y justos, aunque no sigan la doctrina cristiana?

  5. Se trata del complejo tema del diálogo interreligioso. Juan no se preocupa mucho de acciones concretas, él da actitudes fundamentales («Amaos los unos a los otros como yo os he amado», por ejemplo). En lo que él insiste es en que Jesús es la forma que ha tenido Dios de facilitarnos el acceso a él. Todo el bien que podamos hacer viene, de una forma u otra (lo sepamos o no), a través de Jesús, porque todo el bien viene de Dios, y él se ha expresado en Jesús, se ha hecho cercano en aquel hombre de Galilea que mataron en una cruz.

  6. En los casos que dice estelwen, me limito a confiar en la misericordia divina, para mi son como el buen samaritano, creo que dios los tendra en cuenta por su buen corazon aunque no tengan el don de la fe. Como dice javi, aunque no lo vean, cristo esta en ellos.

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