Id por todo el mundo (Marcos 16,15-20)

[Evangelio del domingo, 20 mayo 2011]


Marcos 16,15-20:

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once, y les dijo:
—Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará, el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos.
El Señor Jesús, después de hablarles, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que los acompañaban.

El evangelio de Marcos acababa un poco antes del texto de hoy, en 16,9, cuando las mujeres que han ido al sepulcro y han visto al joven vestido de blanco que les anuncia la resurrección huyen asustadas. No había ningún relato de aparición del Resucitado ni envío del Espíritu, ni Ascensión. Así lo hizo el autor con una intención muy concreta, la de provocar a su auditorio y estimular la reflexión. Ellos ya conocían la resurrección, por eso no le pareció necesario narrarla.
Pero muy pronto, después de unos años, algunos copistas prefieren añadir un final explicativo. Fue una iniciativa muy interesante porque, en pocas palabras, nos resume su experiencia como cristianos de las primeras comunidades. Lo que hoy leemos en el evangelio es lo que ellos estaban viviendo: intentaban alcanzar el mundo entero, viajaban difundiendo la buena noticia del amor de Dios derramado en la vida y muerte de Jesús, regalaban el bautismo en nombre de Dios como primer paso en una vida renovada por el Espíritu Santo; sentían la presencia intensamente cercana de Jesús, aunque no lo viesen físicamente.
Los cinco prodigios de los que habla el texto nos muestran sus vivencias misioneras. El primero y el último son los mismos que hacía Jesús, expulsar el mal del mundo y curar enfermos. Las lenguas nuevas son la invitación a la concordia y a la fraternidad del mundo entero; las lenguas, el elemento más inmediato que diferencia a los grupos humanos, serán nuevas y habladas por todos. Seremos capaces, por fin de entendernos todos. Las serpientes, símbolo del mal, serán vencidas y los venenos no tendrán efecto.
De nuevo, el tiempo de Pascua nos invita a la esperanza; Dios nos da la misión de ir al mundo entero y colaborar en transformarlo; podemos ofrecer el evangelio de Jesús, la buena noticia de su resurrección. Dios nos acompaña, seguro, con el milagro del bien que transforma el mal y hace posible la conversión del pecador.

(Domingo 6º Pascua – La Ascensión – Ciclo B)
(Dibujo: Fano)

(Esta entrada también está disponible en: Valenciano)

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