15 Dic 2019

«Esto sucedió para que se cumpliese lo que dijo el Señor por el profeta» (Mateo 2,13-15.19-23)

[Evangelio de la Sagrada Familia – Navidad – Ciclo A]

Mateo 2, 13-15.19-23:

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:
—Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.
José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliese lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto».
Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:
—Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño.
Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret, para que se cumpliese lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno.

No es nada fácil traducir la Biblia porque se trata de un texto muy antiguo, escrito a muchos kilómetros y muchos siglos de distancia. Las cultura cambian; también la forma de entender qué significan las palabras y hasta qué influencia tienen en nosotros.
Las culturas occidentales tendemos a pensar en la verdad de las cosas de forma estática: Una palabra es verdad si se adecúa a una cosa. La cosa siempre ha estado ahí, pero la palabra te la puede desvelar. Algo que ya existía, pero que yo no conocía, ahora lo conozco. Las palabras, pues, son descripciones de la realidad, pero no la transforman, no la modifican, tan solo avisan, «esto está aquí», como una señal indicadora, «esto estaba aquí ya antes».
La cultura bíblica es distinta, tiene otra idea de las palabras y de la verdad. La Biblia nace en una época en que las ciencias modernas todavía no se habían inventado (por eso es absurdo pedirle a la Biblia precisión científica); parte de una visión muy distinta. Para ellos las palabras son un instrumento que mira al futuro; lo más importante de las palabras no son las descripciones (por eso hay tan pocas descripciones en la Biblia, y hay muchas en las novelas modernas); las palabras más importantes son las promesas. Una palabra es verdadera no tanto si describe bien lo que había antes, sino si se cumple en el futuro.
Por eso, la palabra griega que significa «verdad» se dice «aletheia», es decir, des-velamiento. Quitar el velo de algo que ya existía. La palabra hebrea para decir «verdad» es «emunáh», es decir, fidelidad, firmeza, credibilidad. Es lo que decimos al final de las oraciones: «Amén» (así sea, así es, así será).
Dando un paso más, para un hebreo, la palabra es transformadora de la realidad, y la Palabra por excelencia es la de Dios, que no solo transforma, sino que también «crea» la realidad. Dios es creador no solo al principio del Génesis, sino en todo momento, Dios crea a través de sus promesas.

¿Qué tiene que ver todo esto con la lectura de hoy? Pues mucho, porque el evangelio de la infancia según Mateo está lleno de la mentalidad judía-bíblica y está salpicado de frases de los profetas introducidas por una expresión que para los occidentales resulta absurda: «Esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta…»
Esta dificultad la resuelven los traductores cambiando la frase por «Así se cumplió lo que…»

Pensemos con lógica occidental:
A- Algo va a suceder.
B- El profeta lo sabe de antemano, lo «adivina», y lo dice en voz alta o lo deja escrito.
C- Más tarde el hecho sucede.
D- Conclusión: «El profeta lo dijo porque tenía que suceder».

La lógica occidental comprende bien el concepto de «adivino» y de «adivinación» (no digo que existan de verdad, digo que la idea es fácil de entender). En cambio la lógica bíblica se fija en otra cosa:

A- Dios promete algo.
B- El profeta lo expresa.
C- Ese algo sucede.
D- Conclusión: «Esto sucedió para que se cumpliese la promesa que hizo Dios por el profeta».

La lógica occidental se sitúa fuera de lo que describe y te cuenta las cosas sin implicarse en ellas.
La «lógica» bíblica se implica en lo que afirma y pretende que el lector también se implique: Dios cumple sus promesas, Dios es de fiar. La «Palabra de Dios» es siempre «la promesa de Dios», y además es siempre «creadora».

El evangelio de la infancia de Mateo no quiere darnos una información fría y distante de unos hechos, quiere transmitirnos una convicción de fe: en el nacimiento de Jesús se están cumpliendo las promesas de Dios. No solo algunas promesillas sin importancia, sino La Promesa de Dios, la Nueva Creación, la Salvación Total.
Jesús viene «para que se cumpla» la Promesa de felicidad y autenticidad que Dios le ha hecho a todo hombre y a toda mujer del mundo y de la historia.
Por eso Mateo nos cuenta que Jesús ha pasado por la historia del pueblo de Israel, la ha atravesado por dentro: ha viajado a Egipto, como Jacob con sus hijos, ha vivido allí, y ha viajado desde Egipto hasta la Tierra Prometida, cumpliendo también el Éxodo, cruzando el desierto, la experiencia más importante del pueblo de Israel. Jesús está totalmente inserto en la historia. No es como los dioses griegos que, según la mitología, tomaban apariencia humana y se daban un paseo por la Tierra, para volver después al Olimpo sin un rasguño.

Pero, ¡ojo! La promesa de Dios no es un espectáculo para que la observemos pasivamente; Dios viene a visitarnos y también nos interpela para responder a su venida. ¿Cuál es la actitud adecuada ante esta llamada? La de José, que queda demostrada en la lectura de hoy igual que en la del domingo pasado. Dios le pide que cuide de María y de Jesús, y él en seguida le hace caso. Y esto se repite varias veces. José es capaz de escuchar a Dios que le pide que actúe y es capaz también de cambiar sus planes, de dejar que Dios le transforme su vida. Porque, como hemos dicho, la Palabra de Dios no es una «sugerencia», es palabra creadora.
Dios también nos dice a nosotros: «Levántate, acoge a Jesús, transforma tu vida, ama». Y cuando Dios nos lo dice, también crea en nosotros la fuerza para levantarnos, calienta nuestro corazón con la acogida, nos da energía para transformarnos y nos regala su amor para que nos sobre y lo repartamos. Dios no nos pide imposibles. Nos da su Palabra, crea su amor en nosotros y se queda esperando nuestra respuesta.

Un último apunte sobre la diferencia entre las culturas occidental y bíblica. También en el mundo occidental ha existido siempre otro tipo de lenguaje: la poesía. La poesía y el arte tienen la fuerza interior de transformar la realidad, de implicar al oyente, lector o espectador; no quieren ser solo descripciones, sino sugerencias, propuestas y hasta estímulos que provoquen una respuesta. La Biblia hay que leerla en esta clave artística y espiritual. En ella no es solo un artista el que nos habla, sino también el supremo Artista, el Creativo por excelencia, el que nos propone, promete, crea y espera nuestra respuesta.

(Imagen: Templo de la Sagrada Familia de Barcelona – Pórtico de la Natividad)

4 comentario en “«Esto sucedió para que se cumpliese lo que dijo el Señor por el profeta» (Mateo 2,13-15.19-23)

    1. Grazie per il commento, Leonardo. Se Lei vuole fare la traduzione, o trova qualcuno/a che possa farla, io sarò molto lieto di metterla sulla sezione italiana del web.
      Buon Natale! 😀

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