El Rey que da la vida

[Evangelio del domingo, 22 nov 2010

Lucas 23,35-43:

Estando Jesús en la cruz, las autoridades le hacían burla diciendo:
—A otros ha salvado, que se salve a sí mismo, si él es el Mesías, el Elegido.
Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
—Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
Había encima de él un letrero: «Éste es el rey de los judíos».
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
—¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.
Pero el otro le increpaba:
—¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.
Y decía:
—Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.
Jesús le respondió:
—Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.

El año litúrgico termina con un domingo dedicado a Jesucristo, Rey del Universo.
¿Jesús Rey? ¿No estamos mezclando política y religión? Hay que reconocer que esta fiesta surgió en tiempos complicados de discusión política, pero para nosotros hoy ya no es éste el problema. Más bien, nos alegramos de que la Iglesia no esté ligada con ningún régimen político, así puede ser libre para difundir el Evangelio y denunciar proféticamente cualquier injusticia y opresión, sea del poderoso que sea.
Pero la fiesta sigue siendo muy sugerente, sobre todo por los textos bíblicos que la liturgia ha escogido para regalarnos hoy.

Para Lucas, Jesús es misericordioso hasta el extremo, hasta en el momento de su crucifixión. En nuestros oídos resuena la frase sorprendente: «Perdónalos, porque no saben lo que hacen», que está en el versículo anterior al fragmento que hoy comentamos.
Ante una declaración así, lo más digno sería callarse. Porque es fácil hablar de perdón y de misericordia cuando nadie nos ofende ni nos hace daño, pero oír que Jesús en la misma cruz está perdonando y, aún más, excusando a sus verdugos, no puede dejarnos indiferentes, exige guardar unos instantes de silencio y reflexionar: ¿Soy yo capaz de perdonar así? ¿Soy capaz de perdonar, aunque las ofensas que recibo sean mucho menores que esa?
Por el contrario, en este fragmento del evangelio no se calla nadie; parece que todos tienen algo que decir: las autoridades, los soldados, el malhechor… Todos haciendo leña del árbol caído, insultando a un hombre que sufre, que muere, abandonado de todos, desnudo, condenado injustamente por un tribunal falseado y un gobernador indiferente. ¡Qué fácil es burlarse ahora! Las autoridades no eran tan valientes unos días antes, cuando Lucas nos dice que querían matarlo pero tenían miedo de la gente (Lc 22,2). Ahora han conseguido lo que querían, han manipulado a la multitud para que pidiese la crucifixión de Jesús. ¡La misma multitud que antes se agolpaba alrededor de Jesús para pedirle sus milagros! ¿No es para indignarse?
Además, los sumos sacerdotes, las autoridades, demuestran una hipocresía sin límites. Fijaos cómo empiezan su burla: «A otros ha salvado». ¡Lo reconocen! Así que son conscientes de que Jesús ha salvado a otros, ha hecho el bien, ha curado enfermedades, ha expulsado el mal, ha alimentado a multitudes, ha dado esperanza a los oprimidos, ha ofrecido acogida a los desechados. ¡Lo reconocen y no les importa! ¿No es para indignarse aún más?
Las autoridades judías le proponen, en forma de burla, un trato. Que se salve a sí mismo. Así quedarán convencidos de que es el Mesías, el Elegido. Con ello demuestran también su cortedad de miras. Para ellos el Mesías sería poderoso y triunfante, capaz de salvarse a sí mismo. Pero, ¿para qué quiere Dios enviar a un Mesías que pueda salvarse a sí mismo? ¿No esperaban de Dios un Elegido que salvase al pueblo? ¿No acaban de reconocer que Jesús sí era capaz de «salvar a otros»?
En el fondo Jesús tiene razón: «No saben lo que hacen». Los sumos sacerdotes no comprenden la misión de Jesús, no comprenden nada que se salga de sus estrechos esquemas, de sus ideas preconcebidas.
Pero, ¿lo comprendemos nosotros? ¿No sigue siendo un misterio para nosotros que Jesús nos salve con su muerte? ¿No es una exigencia tremenda que él dé la vida para «enseñarnos el camino»? ¿No es revolucionario que nos pida que «le sigamos»?

Los soldados romanos, por su parte, entienden poco de judaísmo, pero quieren hacer su comentario. Para ellos Jesús es un rebelde que pretendía ser rey. Los reyes, según su experiencia, son los que oprimen a los pueblos, los que se aprovechan inflando a impuestos desorbitantes a sus súbditos, los que hacen las leyes pero están exentos de cumplirlas. Los reyes tan sólo tienen una misión, salvarse a sí mismos.
El malhechor no quiere ser menos, también tiene que meter baza, pero al menos él tiene intereses, le pide que también les salve a ellos. No se lo reprochemos; en el momento de la tortura, la agonía y la muerte, el bandido se desespera y reacciona con insultos y recriminaciones.

Sin embargo, Lucas nos está invitando también a leer entre líneas. Hasta ahora los tres insultos no han hecho más que expresar verdades. Los sacerdotes, los soldados y el bandido creen que se están burlando, pero están diciendo la verdad sin enterarse. Jesús sí ha salvado a otros, Jesús sí es el Mesías, el Elegido, Jesús sí es el rey de los judíos. Lucas quiere que reflexionemos sobre esto: mientras los adversarios creen ver a un hombre condenado, crucificado, fracasado; en realidad están viendo al Mesías, al Elegido, al rey, al Salvador. Porque Jesús no sólo «ha salvado a otros», sino que, en la cruz, «está salvando».
Sólo el último personaje es capaz de darse cuenta. ¡Y también es un bandido! Pero un bandido arrepentido. Un bandido que sufre el mismo suplicio que el otro, pero que no está desesperado, todo lo contrario, en el último momento encuentra a Jesús, se cruza Jesús en su vida de la forma más inverosímil, y en el último momento le pide ayuda, le toca el corazón, le pide la salvación.
Y, ¡oh maravilla!, delante de las narices de los burlones, Jesús salva también al bandido arrepentido. Jesús es realmente «el que salva», pero no porque «se salve a sí mismo», sino porque está dando su vida por amor a todos los hombres y mujeres, hasta por los bandidos.

Jesús es de verdad el Rey del Universo. Pero no porque tenga pretensiones de gobierno temporal, sino porque nos pide a los cristianos que pongamos toda la carne en el asador para construir en el mundo la tierra de todos. Él reina porque ha sido capaz de dar la vida por todos. Él reina al revés que los poderosos de la tierra. Él reina mostrándonos el camino del perdón, de la acogida, del amor. Nosotros estamos llamados también a reinar a su manera, poniéndonos al servicio de nuestra sociedad, aportando en ella nuestros valores y creencias, ofreciéndonos para construir la paz, la justicia, la solidaridad. Él nos lo enseñó. Él fue capaz de llevarlo a cabo.
A este Rey vale la pena seguirlo.

(Esta entrada también está disponible en: Valenciano)

17 thoughts on “El Rey que da la vida

  1. ¡Ah, la vieja controversia entre gûelfos y gibelinos! Ahora, prácticamente todos los critianos somos gibelinos, pero anda que no dio por el saco el asunto en la Edad Media…
    Evidentemente, quien vea las cosas desde el prisma mortal, de los reyes mortales, no verá a Jesús como un rey. Supongo que para eso el Evangelio nos acalra el asunto con frases como “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, o “Mi Reino no es de este mundo”.
    Siempre recuerdo este fragmento cada vez que aprecen en los medios de comunicación la muerte de misioneros y cooperantes cristianos en zonas del tercer mundo de las que nos e quisieron marchar para no abandonar a las gentes de allí, a pesar de que estaban en guerra (aunque estas noticias no salen muy a menudo porque, aunque ocurren con relativa frecuencia, no son tan jugosas para la prensa y el laicismo imperante como otros sucesos relacionados con la Iglesia que podría comentar…). Ellos también dan su vida por sus semejantes, como hizo Jesús. Ojalá todos tuviésemos tanto valor como ellos para seguir su ejemplo…

  2. Estelwen, si me explicas que es eso de los gûelfos y gibelinos te lo agracedería. Pues mis conocimientos filosoficos son muy justitos, solo de bahciller para que te hagas una idea.
    Este evangelio uno de mis favoritos, que cada dia me da que pensar, pensar en el inmenso amor de cristo, por todos nosotros pecadores y santos. Es increible como cristo torturado, en plena tortura perdona a sus agresores en el mismo instante que se les esta haciendo daño. Que dificl es perdonar y que necesario es para nuestras almas y las de los demas. Cristo rizo el rizo, no solo perdono a sus agresores, si no que lo hizo en el mismo instante que le estaban haciendo daño, y no cualquier daño, si no un daño inmenso. paso tortura física y psicologica. y sin perder la cordura los perdono a todos, perdono todo el daño que le habian echo, cada insulto, cada latigazo, cada clavo puesto. Oh jesus mio, cuanto te admiro. Normalmente las personas cuando perdonamos lo hacemos despues de habernos echo el daño, eso si es que lo hacemos. Cristo estaba en su derecho a estar furioso con ellos con lo que le hicieron, pero en su corazon no albergaba la mas minima furia, ni rabia, solo amor un amor inmenso y maravilloso capaz de perdonar en el mismo instante en que le estaban realizando el daño. No conozco una sola persona capaz de hacer esto, supongo que para hacerlo tenemos que dejar que el amor de dios inunde nuestros corazonoes, algo que por un motivo u otro, refrenamos.Cristo, cuanto amor tienes, fijaos que hasta con ambos ladrones derrocho amor, estaba dolorido hasta la extenuacion, con toda una tortura, viendo como sus amigos, la malloria habian huido de miedo, viendo a su madre llorando aceptando su voluntad. A lo que iba, fijaos en los dos ladrones, uno le insultaba, y se reia de el hasta estando el mismo en la cruz, no entiendo porqué, si fuera yo estaria gritando de dolor, pues las pocas fuerzas que este hombre tenia las utilizo para reirse de cristo, quizas era su forma de reirse de su propio dolo, a mi modo de ver… hay que tener mala “uva”. ¿Cristo le reprocho algo? nada, rezo por el como por los demas que le hacian daño.Esta el otro ladron, el bueno, que fue bueno en el ultimo momento, gracias a Dios, no le perdia a cristo ser salvado, aceptaba su castigo y lo veia justo, solo le pidio que se acordara de el cuando estubiera en el paraiso.Y Cristo, en la situacion que estaba podia haberle ignorado, haberse mirado el ombligo y decir dejame en paz, no es momento que yo tambien lo estoy pasando mal, todo el mundo lo habria entendido. Pero fue mucho mas alla, aun con el dolor que estaba sintiendo tanto fisica como animicamente,con un corazon de infinita misericordia, lleno de amor como es él, le consoló en ese momento, no se preocupo de si mismo, sino de llevar consuelo a otro pobre moribundo profundamente arrepentido, le perdona y le dice que se veran en el paraiso, que no recibira condena, y no me extraña demostro una gran fe, y amor tambien, todo lo que debe de llevar un cristiano, y defendió a cristo aun estando el tambien en su lecho de muerte, al igual que cristo, demostrando amor, no guardando rencor a sus torturadores.Que arrepentido estaba y como entendia el inmenso honor de morir junto a cristo.
    Ojala fuesemos como el ladron bueno, al menos.
    Cristo, cuanto amor derrochas, y cuanto amor nos das, que misericordia tan grande tienes para con nosotros que incluso en la hora de tu muerte llevastes misericordia, amor, perdon y oraciones para todos.Ojala no cometamos ni la mas pequeña ofensa contra ti, y si la cometemos, si te hacemos daño, sepamos verlo y no volver a cometerla. Gracias Señor por todo lo que haces por nosotros.Que no nos falte el valor para seguirte.
    P.D.: Perdonadme que me haya extendido tanto, pero es un texto que me llega al alma, junto a los de su pasión.
    Paz y bien para todos.

  3. Tienes toda la razón, Andrómeda. ¡Qué difícil es a veces perdonar, y qué admirable es el hecho de que Jesús pudiese perdonar a los que le crucificaron, aún en el momento de sufrimiento! Supongo que pudo hacerlo porque, además de hombre, era Dios. No sé si una persona normal, con debilidades humanas, podría llegar a ese extremo (me refiero a perdonar de corazón y a sentir de verdad amor y compasión por tus torturadores, no tragarte la rabia y las ganas de venganza aunque las sientas). El que lo pueda hacer, desde luego, merece estar entre los más grandes de los santos.

    Los güelfos y gibelinos no eran facciones filosóficas, sino más bien políticas. Es un conflicto que tuvo lugar en Italia durante los siglos XII a XIV, en los cuales eran llamados güelfos los que apoyaban a los Estados Pontificios y la idea del Papa-Emperador que tenía ejércitos y conquistaba y gobernaba territorios como un rey (una teocracia, vamos, en plan “el vicario de Cristo en la Tierra es Rey de ella por derecho propio”), y los gibelinos apoyaban al sacro Imperio Romano Germánico, cuyo emperador, por supuesto, decía que el Papa lo que tenía que hacer era dedicarse a cuidar de las almas de los fieles y apartarse de la política, porque para gobernar un imperio están los reyes y no los sacerdotes (la famosa teoría de “las dos espadas”, según la cual la corona y el gobierno tienen la potestad sobre lo terrenal, y la Iglesia sobre lo moral y espiritual). Ni te cuento la de bofetadas que se dieron los dos bandos durante todos esos siglos…

    • Gracias Estelwen por tu aclaracion, no pense que fuera algo historico, pero cuando has descrito lo que era… me sonaba haber oido esa historia poor alguna parte.
      Es cierto la que se tubo que liar durante todo ese tiempo, hasta que las cosas se aclararon.
      Ains, ¿se nota mucho que soy de ciencias y no de letras? la historia nunca fue mi fuerte… si llego a entender en su dia lo importante que era para la religion… quizas me habria servido para animarme un poquito mas a estudairla.

      • Yo, por el contrario, soy de letras, así que para los números soy una completa nulidad. Con confesarte que ya no me acuerdo ni de cómo se hacen las divisiones por dos cifras ni las raíces cuadradas… ^^UUU

  4. Por cierto, esto no tiene que ver con el tema que estamos hablando pero es una petición personal: Javi, ¿tú podrías decirme desde cuándo hay tradición de hacer regalos en Navidad? ¿Se hacen desde los orígenes del cristianismo, o es algo reciente? Yo no he podido encontrar información sobre ellos y me interesa mucho…

  5. Muchas gracias, Andrómeda, por el comentario tan personal y espiritual que nos regalas. Una auténtica oración.
    Estelwen, lo de los regalos de navidad no lo sé. He leído por internet que los romanos ya se hacían regalos en torno a la fiesta del solsticio de invierno, pero no sé si fue esa misma costumbre la que fue adoptada por el cristianismo o la nuestra viene por otro camino. Se lo preguntaré a un profe de historia de la Iglesia, porque en la Biblia no sale 😉

    • Ok, es que como eres teólogo y sabes tanto de la Iglesia y de su historia, pensé que igual lo sabías ^^U
      Muchas gracias por preguntarlo 🙂

  6. javi esta vez te vamos a dar la lata me parece… vas a acabar de nosotras… hasta el gorro.
    yo tambien quiero preguntarte algo, se que es una tonteria, pero me quede con la duda. Ayer un extrangero, o creo que era extrangero, quiso bendecirme con la señal de la cruz, yo no le dije nada porque vi que actuaba de buena fe. Supongo que seria que vio a algún sacerdotes hacerlo, y el lo imitaba, pero me planteo la duda boba. ¿Quienes pueden bendecir solo los sacerdotes o cualquier persona?,¿o es que depende del tipo de bendición?.
    Ya se, ya se, a mi me pasan unas cosas mas raras…:-S

  7. Sí que te pasan cosas raras, sí… Oye, ¿y ese sujeto se acercó a bendecirte así, por las buenas? ¿Seguro que no tenía la otra mano en tu bolsillo buscándote la cartera o algo? O_o

    • jajajja estelwen, dificilmente con el pedazo bolso que llevaba tendria que meter medio brazo para pillar la cartera.Y aunque parezca exajerado no lo es, que a mi misma me cuesta trabajo cojer la cartera.
      Lo hizo porque estaba pidiendo limosna, por una vez me dio la vena generosa (normalmente si doy es a las ong no por la calle) y me encuentro con una bendicion. Se ve que al hombre le hizo ilusion. O era su “estrategia” o andaba tocado.A mi me parecio que lo hacia con buena fe.

      • y perdon por las faltas. No leo mas mis mensajes… que vaya tela como me han salido.

  8. Si, lo entiendo, no te preocupes 🙂
    Lo de la bendición, ahora ya no me parece tan raro. Yo tampoco suelo ser muy proclive a dar dinero a la gente que está en la calle, porque ya sabes que el 95% de las veces las controlan mafias que les roban un porcentaje o que directamente los mandan a “recaudar” y se lo quedan todo (y que se preparen para recibir una paliza o algo peor si se guardan algo de limosna para ellos), o bien se ko gastan en vino y/o drogas. Por eso, suelo hacer lo mismo que tú: dar a ONG’s de confianza, que controlan lo que hacen con las recaudaciones y se aseguran de que llegue a donde se necesita.

    PD: Me parece que Javi se ha hartado de nuestras conversaciones y nos ha dejado aquí solas para que nos contemos nuestras vidas XDD

  9. Hola, Andromeda y Estelwen. No he desaparecido 🙂 , es que estoy ocupadillo con el proyecto multilingüe. Os habréis fijado en la banderita de la izquierda de la página con los idiomas. Tenemos la página ya en castellano, valenciano y francés, y a ver si en el futuro podemos ampliar las lenguas.

    Me quedaba pendiente responderle a Estelwen acerca de la costumbre de los regalos. No he sacado mucho en claro; quizá lo más importante es darnos cuenta de que es un anacronismo comparar los regalos de ahora con los del imperio romano, incluso con los de hace apenas un siglo. Los regalos que se hacen a los niños hoy en día y, por extensión, que se hacen entre adultos, son una novedad muy reciente. Todas las tradiciones navideñas hablan de unos pocos dulces y frutos secos que se daban a los niños, pero nada más (El ‘tió’ catalán; san Nicolás en Alemania y otros países, que en tiempo de Lutero se cambió de fecha para situarlo en el nacimiento de Jesús; la Bruja Befana en Italia…), o quizá un poco de dinero como la costumbre de dar el aguinaldo.
    Los regalos que se daban en el imperio romano no tenían el significado altruista y afectivo que tienen ahora. Un amo podía regalarle a su esclavo una moneda o una pieza de ropa por un trabajo bien hecho, los inferiores podían hacer regalos a sus superiores como reconocimiento de su dignidad (y para tenerlos a buenas), pero en el fondo se trataba de un ‘do ut des’, de un intercambio de favores, y no de un regalo gratuito y desinteresado. La “gratuidad” de hecho, como concepto y valor es una novedad cristiana, difícilmente rastreable en otras culturas.

    Respecto al tema de las bendiciones que planteaba Andrómeda no es más que una confusión de ese señor. Bendecir, en principio, tan sólo significa “hablar bien de” alguien. En muchas religiones existen las bendiciones, que pueden ser tan simples como “que Dios te bendiga”. En el cristianismo en concreto, hay un gesto de la bendición, haciendo la señal de la cruz con la mano, que está reservado al sacerdote como signo de Cristo que bendice; pero cualquier cristiano puede bendecir con palabras, como ejemplo tenemos la bendición de la mesa, que es una costumbre muy cristiana.

    De nuevo, gracias por hacer grande esta página. ¡Que Dios os bendiga!

  10. Muchas gracias a ti por la paciencia que tienes con nosotras, y mucho animo para tu proyecto en el blog, espero que se vaya animando mucha gente.

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