El fuego que purifica (Lucas 12,49-53)

[Evangelio del domingo, 18 de agosto 2013]
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Lucas 12,49-53:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!
»¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

El evangelio de este domingo nos deja un tanto precupados. ¡Y está muy bien que así sea! Jesús habla con símbolos llamativos de su destino y de su misión. Una un tipo de lenguaje que llamamos «apocalíptico», y que estaba de moda en algunos grupos judíos de la época. Ellos insistían en la inminencia de la llegada de Dios que salvaría a su pueblo y castigaría a sus enemigos. La simbología del fuego y de la división, por tanto, no la inventa Jesús, sino que la utiliza para expresarse de otra manera: Él no espera la venida futura de Dios; más bien, él es la presencia de Dios que ya ha llegado y ha comenzado a instaurar su reino de justícia.

La pregunta que nos surge ante este texto es: ¿Cómo puede decir Jesús que no ha venido a traer paz, sino división? ¿No es la par una de las grandes esperanzas humanas que solo Dios, en Jesús, puede colmar definitivamente?

Jesús se refiere aquí a les consecuencias de su llegada y de su mensaje. No todos los aceptan porque Dios es al mismo tiempo luz que ilumina y que juzga, fuego que purifica y que destruye el mal. Sin luz no podemos caminar hacia el amor de Dios, pero con luz quedan al descubierto también nuestras malas acciones. El fuego que se utiliza para extraer los metales preciosos también hace que se manifieste con claridad la escoria, que antes estaba disimulada, mezclada, escondida. No es que Jesús pretenda provocar la división, es el pecado que tan arraigado está en el mundo el que hace que los hombres y mujeres nos rebelemos al evangelio. Deseamos el amor de Dios y su justicia, pero tal mismo tiempo nuestro corazón nos atrae a seguir como si Dios no existiera, como si no tuviésemos que dar cuenta de nuestras sombras.

Históricamente, este texto de Lucas era proclamado en una comunidad donde algunas personas habían sido abandonadas por sus familias al hacerse cristianas. El aquel tiempo, bautizarse y entrar en la comunidad era una decisión radical que cambiaba toda la vida. Hoy, en muchos países, no tenemos ese problema, pero podemos tener el contrario: para muchos de nosotros ser cristianos puede ser sencillamente pertenecer a un grupo que se reúne una vez a la semana (algunos ni eso), y que tiene poca incidencia después en nuestra vida cotidiana.

Para nosotros, por tanto, este texto tan duro puede ser un aviso para que nos planteemos el rumbo de nuestras decisiones de cada día. No se trata de generar divisiones y polémica allí donde vayamos, claro que no. Pero sí tenemos que provocar conflicto con nuestro propio pecado, con nuestras comodidades, con nuestros egoísmos, y también, con las estructuras de pecado de la sociedad.

La figura a la que hemos de mirar es Jesús. Él tiene la misión de instaurar el Reino de Dios, y eso hace que el mal del mundo se vuelva contra él. Nosotros, seguidores del crucificado y resucitado tenemos que vivir con la sana tensión de examinar las luces y sombras de nuestra vida y nuestro entorno y pedirle a Jesús el fuego del Espíritu Santo que nos purifique de la escoria y haga brillar el oro que Dios ha puesto en nuestra alma.

(Domingo 20º del Tiempo Ordinario – Ciclo C)

(Esta entrada también está disponible en: Valenciano)

5 thoughts on “El fuego que purifica (Lucas 12,49-53)

  1. Que importante reconocer que Jesús nos trajo ese fuego de amor que transforma nuestro corazón y lo purifica enmedio de las contradicciones de este mundo. Jesús me invita a vivir en su Reino de justicia y yo por lo tanto debo dar una respuesta con mis actos: ser justa en mi familia, trabajo, etc. aunque eso provoque en algunas personas envidia, negación, persecución y rechazo; pero la verdad de vivir con Dios me hace libre de todo eso. No me es fácil pero Él me fortalece día con día. Ánimo y fuertes en la fe a todos los que procuramos colaborar en el Reino de Dios. Dios los bendiga!!!

  2. FUEGO QUE PURIFICA

    Lucas 12 :49-53 FUEGO VINE A ECHAR EN LA TIERRA; ¿Y QUÉ QUIERO, SI YA SE HA ENCENDIDO? 50 DE UN BAUTISMO TENGO QUE SER BAUTIZADO; Y ¡CÓMO ME ANGUSTIO HASTA QUE SE CUMPLA! 51 ¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión. 52 Porque de aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres. 53 Estará dividido el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.

    No todos lo aceptan, ¿Por que? Por que Dios es al mismo tiempo luz que ilumina y juzga, y fuego que purifica y que destruye el mal. Sin luz no podemos caminar hacia el amor de Dios, pero con luz quedan al descubierto también nuestras malas acciones de nuestro pecado, quedamos desnudos ante la presencia de la luz de Dios, así es que no lo podemos engañar, al contrario nos engañamos nosotros mismos.

    Lucas 3:16 respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

    El fuego es un elemento especial para purificar algunos metales entre esos el oro metal precioso.

    Isaías 6:1-8 En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2 Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: SANTO, SANTO, SANTO, JEHOVÁ DE LOS EJÉRCITOS; TODA LA TIERRA ESTÁ LLENA DE SU GLORIA. 4 Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. 5 ENTONCES DIJE: ¡AY DE MÍ! QUE SOY MUERTO; PORQUE SIENDO HOMBRE INMUNDO DE LABIOS, Y HABITANDO EN MEDIO DE PUEBLO QUE TIENE LABIOS INMUNDOS, HAN VISTO MIS OJOS AL REY, JEHOVÁ DE LOS EJÉRCITOS. 6 Y VOLÓ HACIA MÍ UNO DE LOS SERAFINES, TENIENDO EN SU MANO UN CARBÓN ENCENDIDO, TOMADO DEL ALTAR CON UNAS TENAZAS; 7 Y TOCANDO CON ÉL SOBRE MI BOCA, DIJO: HE AQUÍ QUE ESTO TOCÓ TUS LABIOS, Y ES QUITADA TU CULPA, Y LIMPIO TU PECADO. 8 Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.

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