Yo soy la vid y vosotros los sarmientos (Juan 15,1-8)

[Evangelio del domingo, 6 mayo 2011]


Lucas 15,1-8:

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
—Yo soy la vid verdadera y mi Padre el viñador. Él corta todos los sarmientos que no dan fruto en mí, y limpia los que dan fruto para que den más.
»Vosotros estáis ya limpios por la palabra que os he dicho. Seguid unidos a mí, que yo lo seguiré estando con vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no está unido a la vid, así tampoco vosotros si no estáis unidos a mí.
»Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece unido a mí y yo en él, da mucho fruto; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no está unido a mí se lo echa fuera, como a los sarmientos, que se los amontona, se secan y se los prende fuego para que se quemen.
»Si estáis unidos a mí y mis enseñanzas permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y se os concederá.
»Mi Padre es glorificado si dais mucho fruto y sois mis discípulos.

El evangelio de Juan concentra la mayor parte de las enseñanzas a los discípulos en los capítulos 13 al 17, durante la última cena. La lectura de hoy nos regala un fragmento de estos textos con la imagen de la vid y los sarmientos. Como siempre sucede con los símbolos y las parábolas, los que conocen bien de qué se trata, porque forma parte de su trabajo y de su vida, reciben un mensaje más profundo, más intenso, que los que solo tienen referencias. Los viñadores saben, por ejemplo, que la viña es una de las plantaciones más apreciadas, y lo argumentan diciendo que es la única planta que tiene un nombre especial para el tronco y para sus ramas (cepa y sarmientos).
La imagen de la viña y su fruto, por tanto, no es solo la de un cultivo cualquiera; se trata del origen del vino, símbolo de la alegría y la fiesta en aquella cultura, y también todavía en la nuestra.
Jesús nos dice que él es la vid verdadera, que nuestra unión con el favorecerá nuestro fruto. Hay muchas otras vides que no son verdaderas, que nos prometen mil y un frutos, pero solo son engaños estériles. En nuestra vida podemos perdernos buscando estas vides, persiguiendo las promesas de felicidad que se multiplican en la sociedad. Solo encontrado a Jesús, uniéndonos a él, la auténtica savia del amor de Dios correrá dentro de nuestra alma y se manifestará en frutos de fraternidad y solidaridad.
La misión del Padre es presentada como la del viñador, que corta los sarmientos que han decidido no dar fruto y poda y limpia los que pueden dar más. Ya nos gustaría a nosotros dar el fruto mínimo, el que nos hace cumplir el expediente, el necesario para que el viñador no se fije demasiado en nosotros y nos deje tranquilos. Pero Jesús no ha venido a traernos tranquilidad, sino a impulsarnos para que lleguemos a la plenitud de nosotros mismos. Ningú padre se conforma con la mediocritat de sus hijos, más bien desea que se desarrollen al máximo. Igualmente, Dios nos da los talentos para que los hagamos fructificar, para convertirlos en regalos para los demás.
Por eso, el Padre nos poda, nos limpia del pecado, del conformismo, de la mediocridad, y nos posibilita una vida profunda y auténtica que, sin él, no podríamos ni soñar.
La clave del fruto, sin embargo, está en la unión con Jesús, en «estar en él». Y, ¿qué quiere decir eso? ¿Qué significa estar en Jesús? En primer lugar, necesitamos tomar conciencia de ser amados por él. Jesús ha venido solo para amarnos, y todo lo que ha hecho y ha dicho es expresión de su amor total por nosotros, por cada uno y cada una. Si nos ponemos a trabajar por el Reino sin sabernos queridos por Dios, llegarán pronto las dificultades, los cansancios, las limitaciones, y no tendremos ningún lugar donde agarrarnos, ningún punto firme, ninguna vid de la que llenarnos de la savia de su amor.
Es Jesús quien nos llama a estar con él y nos envía a difundir el evangelio y construir el Reino. Por ese orden. La unión con Jesús es afectiva y efectiva, es decir, implica un afecto, un sentimiento, y unas obras, una eficacia. Cada uno puede hacer revisión de su vida y ver cómo vive y cómo demuestra su comunión con Jesús. Desde siempre, los cristianos hemos considerado imprescindibles la oración personal y comunitaria, la acción por los más necesitados, la fraternidad, la lucha por la justicia… Todos, de una manera u otra, con unas acciones u otras, vivimos y colaboramos para hacer realidad el sueño de Dios en el mundo. Esta es la gloria de Dios Padre que cantamos cada domingo: dar mucho fruto y ser buenos discípulos de Jesús.

(Domingo 5º Pascua – Ciclo B)
(Dibujo: Fano)

(Esta entrada también está disponible en: Valenciano)

3 thoughts on “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos (Juan 15,1-8)

  1. Me gusta escudrinar la palabra,que bueno que en la web consigo todo lo que busco para compartirlo en mi comunidad de oracion.

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