Lecturas de la Vigilia Pascual – Comentario

Comentario a las lecturas de la Vigilia Pascual.


En la Vigilia Pascual, «madre de todas las cantas vigilias», se nos proponen nueve lecturas; siete del Antiguo Testament y dos del Nuevo, epístola i evangelio. En algunos lugares se reduce el número de lecturas del Antiguo Testamento, el mínimo son tres. Es una lástima, pero es comprensible, porque el pueblo cristiano suele tener poca formación bíblica, y leer todas las lecturas puede resultar en un montón de textos que no se sabe de dónde vienen ni a dónde van. Por eso, en el comentario de hoy, no trataremos de un texto sino que presentaremos brevemente el hilo conductor del conjunto de las lecturas.
Antes que nada, la clave des la que entender toda la Liturgia de la Palabra de la Vigilia Pascual es la Historia de la Salvación. ¿Qué significa eso? El cristianismo no es una reflexión teórica sobre Dios, el ser humano y la sociedad, es, más bien, la conciencia viva de que Dios ha intervenido en nuestra historia para salvarnos. Esta idea la hemos tomado del judaísmo que vive con mucha profundidad los momentos fundamentales de su existencia como pueblo. Los éxitos y los fracasos, las liberaciones y las derrotas, todo es visto por los creyentes judíos como una manifestación del Dios que les ama y les quiere conducir por el camino del amor y el bien. Desde la misma existencia del universo hasta la espera del Mesías, pasando por el acontecimiento fundamental de la liberación de Egipto, todo es expresión de un Dios que se revela progresivamente, según nuestra limitada mente es capaz de recibirlo.

1ª lectura: Génesis 1,1-2,2.
La primer lectura trata de la creación; bien pensado, no podía ser de otra manera. Evidentemente, no relata la formación del universo, las galaxias y los planetas, sino que se trata de un poema, un himno que canta que todo era bueno, que todo lo que Dios ha creado es bueno, incluso el ser humano, hombre y mujer, son muy buenos. En el fondo del texto de la creación hay un grito de esperanza, una afirmación de los fundamentos de la existencia: somos buenos, radicalmente buenos, creados buenos y para el bien. Todo el mal del mundo, todo el pecado, todos los sufrimientos, el dolor y la muerte vendrán en un segundo momento por culpa del uso desviado de la libertad humana, pero pueden ser y serán eliminados por el mismo Dios que sigue haciendo realidad la creación del bien en cada momento, en cada instante.

2ª lectura: Génesis 22,1-18.
La segunda lectura ya no habla en general del mundo entero, sino que se centra en un personaje, en Abraham, el padre del gran pueblo de los creyentes. Su virtud fundamental es la fe, la confianza en Dios, la entrefa de todo lo que tiene para cumplir su voluntad. El texto que leemos es muy sorprendente para nosotros, porque parece que Dios le pide a Abraham el sacrificio de su hijo; en realidad, el punto fundamental está al final, cuando el ángel del Señor le pide que lo mate. En aquellos tiempos tan primitivos, era normal hacer sacrificios humanos a los dioses, y también lo era sacrificar al primogénito para fundar una gran raza. En el judaísmo, en cambio, se introduce una novedad: Dios no quiere la muerte, desea la vida. Eso sería visto por los pueblos vecinos como un símbolo de falta de fe y de capacidad de donación a los dioses. Los judíos, en realidad, están dando un paso adelante en la comprensión de la dignidad humana; ellos no sacrifican a sus hijos, no porque les falte fe, sino todo lo contrario.
Las promesas que Dios hace a Abraham al final del texto suponen una inmensa bendición de todos sus descendientes.

3º lectura: Éxodo 14,15-15,1.
Muchas cosas han pasado desde Abraham hasta Moisés; el pueblo vive esclavizado en Egipto, y acaba de ser liberado por Dios de las garras del Faraón. Pero el ejército egipcio ha salido a perseguirlo y el mar les cierra el paso. Están perdidos. No hay solución. ¡Auxilio, Señor!
Dios, una vez más, demuestra que cuida de su pueblo, lo salva de la forma más prodigiosa imaginable, el mar se parte en dos para dejar pasar al pueblo por en medio.
No hay lugar aquí para comentar las diversas hipótesis históricas o simbólicas del hecho. El punto importante es que Dios sí tiene la solución, incluso en los momentos de absoluta oscuridad, cuando no vemos ninguna salida, cuando nos asalta la certeza de que todo está perdido… Porque Dios puede sacar vida de donde, humanamente, no hay ni puede haber.

4ª Lectura: Isaías 54,5-14.
5ª Lectura: Isaías 55,1-11.
6ª Lectura: Baruc 3,9-15.32-4,4.
7ª Lectura: Ezequiel 36,16-17a.18-28.

De nuevo han pasado siglos. El pueblo llegó a la tierra prometida y ha vivido épocas buenas y malas, esplendor i decadencia, éxitos y derrotas. En toda su historia, Dios siempre ha estado acompañándolo, dirigiéndole su palabra. Los profetas se han encargado de recordarle al pueblo quién es, de dónde salió, porqué es como es. Pero el pueblo, repetidamente, es infiel y va tras los otros dioses, los ídolos de los pueblos vecinos. Para quien ha visto físicamente un ídolo, es muy comprensible. Las figuras cananeas, por ejemplo, eran representaciones de toros y otros animales, pequeñas, amansadas, disponibles al alcance de la mano. Era muy tentador pensar que los ídolos, tan próximos y fáciles de manipular, son los dioses que nos protegen.
El Dios de Israel, en cambio, no deja que se le hagan imágenes, porque siempre será un misterio mucho mayor que no podemos imaginar. Los profetas anuncian su santidad e interpretan todas las desgracias como llamadas de atención motivadas por el desviamiento del corazón del pueblo, por su pecado. Ni si quiera los sacrificios en el templo sirven ante Dios, si no van acompañados por la misericordia, la justicia y la defensa de los pobres.
En las lecturas de los profetas de esta noche, se destaca la promesa de la restauración. El pueblo ha sufrido derrotas, y la peor de todas la sido la destrucción de Jerusalén y la deportación de gran parte de sus habitantes. La conclusión más obvia es que los dioses de Babilonia, el imperio conquistador, son más poderosos que el nuestro. Los profetas gritan en contra de esta desesperación. No! Nuestro Dios es el único que existe! Todo esto nos pasa porque le hemos abandonado… pero él no nos abandonará nunca, volverá a liberarnos como siempre ha hecho… volverá a librarnos…

Acaba aquí la serie de lecturas del Antiguo Testamento. Tenemos puntos claros: Dios lo ha creado todo bueno; él nos libera, aunque pensemos que no hay solución; él es santo pero nosotros muchas veces somos pecadores y nos buscamos la perdición; a pesar de todo, él nos sigue prometiendo la liberación, hasta llegar a la salvación definitiva.
Todo, sin embargo, queda abierto al futuro. Esperamos una intervención de Dios que nos salve totalmente.
Así, en la celebración de la Vigilia Pascual, llegamos al cántico del Gloria, inspirado, como sabemos, en el himno de los ángeles que anuncian a los pastores el nacimiento de Jesús. Comienza la salvación definitiva.

8ª lectura: Romanos 6,3-11.
Pablo nos habla de muerte y de vida, de abandono de la vida anterior, muerta en compañía de Cristo en la cruz, y de resurrección a la nueva vida en el Espíritu. Todo esto se realiza en nuestro bautismo. Vivimos para Dios en Jesucristo.

9ª lectura: Mateo 28,1-10 / Marcos 16,1-8 / Lucas 24,1-12
Año C (2013): Lucas nos invita a recordar las palabras de Jesús para descubrir en ellas el sentido que, la primera vez que las oímos, se nos escapó. Las mujeres que van al sepulcro han acompañado a Jesús en sus viajes y lo han escuchado en multitud de ocasiones, pero ahora, ante la tumba vacía, se preguntan qué ha sucedido. Reciben la aparición de dos mensajeros divinos que les anuncian la resurrección con una pregunta: ¿Por qué buscáis aquí? ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
Es la gran pregunta que la resurrección nos invita a hacer: ¿Dónde busco? ¿Dónde creo encontrar el sentido de la vida, de lo que hago, de lo que espero? Jesús ha resucitado y todas las preguntas se han vuelto del revés. Ahora dar la vida será encontrarla y morir por amor será vivir de verdad.
Los dos hombres con vestidos resplandecientes invitan a las mujeres a recordar, a comprender con luz nueva lo que Jesús desde siempre estaba anunciando. La resurrección no es el final del camino, es el principio de la vida del cristiano. La vida entregada desembocará en vida plena.

Año B: El evangelista Marcos nos presente a las mujeres que van a ungir el cuerpo de Jesús. Para ellas, todo ha acabado, la muerte está certificada con la sepultura. Y se preguntan quién les apartará la piedra. Pero, cuando llegan, Dios ya se ha adelantado, Jesús ha resucitado y el joven vestido de blanco, el color de la divinidad y la victoria, les anuncia que ya ha llegado, por fin, la demostración definitiva del amor que Dios había prometido repetidamente por medio de sus profetas. Pero no ha llegado de la forma que todos esperaban, con un ejército celestial que destruyese a los malvados, sino con la resurrección de un crucificado, rechazado por las autoridades y el pueblo, abandonado por los suyos, traicionado por sus amigos.
El ángel habla a las mujeres y lo explica todo: Ellas buscan a Jesús, el crucificado, es decir, buscan entre los muertos; pero Jesús ha resucitado, el mismo que había muerto en la cruz ahora vive una vida nueva, renovada por Dios. Además, el ángel dará una misión a las mujeres, que es también misión para nosotros: id a anunciar que ha resucitado, anunciad su vida, su palabra, que ya lo había predicho todo. «No tengáis miedo», es el mensaje conclusivo de toda esta noche.
No tengáis miedo. Hemos visto que, una y otra vez, Dios puede salvar, Dios puede hacer realidad la vida que nosotros no sospechábamos. Y, al final, somos testigos de la intervención definitiva de Dios por amor a la humanidad…, y hemos podido encontrarnos con él.
Ahora, id y anunciad.

(Domingo de Pascua – Vigilia Pascual)
(Dibujo: Fano)

(Esta entrada también está disponible en: Valenciano)

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